Ángel Guache, el "poeta mutante" que huye de los convencionalismos
El poeta y músico luanquín intenta popularizar su propia versión del himno asturiano: "Asturias, paraíso en libertad"

Ángel Guache junto a Eugenio Rivera, ilustrador de Corazón de trapecista, en la Feria del Libro de El Retiro
Ángel Guache lleva décadas haciendo de la libertad creativa una forma de vida. Nació en Luanco y, aunque se mudó a Madrid a los 18, su objetivo actual es popularizar un nuevo himno de Asturias escrito por él publicado en su último disco, “Yo me rio de la vida”, titulada "Asturias, paraíso en libertad". La canción ya ha sido cantada también por el coro Camarote, en una versión que también aparece en el disco.
Desde siempre, Guache ha transitado por la pintura, la poesía, la poesía visual, los relatos, los aforismos y, especialmente en los últimos años, la música. Autor de más de treinta libros y de numerosos discos, ha publicado Corazón de Trapecista, un libro de canciones humorísticas para “niños y niñas de todas las edades”, acompañado de ilustraciones de Eugenio Rivera y transformado el disco de música junto al músico Marcelo Pull.
Su trayectoria comenzó muy pronto. Desde que se mudó a Madrid a estudiar Bellas Artes, su producción ha recorrido territorios muy distintos tanto dibujo, como literatura o música. “Tengo más de 30 o 40 libros publicados, de todo tipo: de relatos, de aforismos, de poesía, de canciones, poesía poética…”, explica. Esa diversidad explica una definición que él mismo utiliza para describirse: “Yo digo que soy un poeta mutante porque voy cambiando de temas y de todo”.
La mutación, sin embargo, tiene un principio común. Guache busca construir una obra ajena a las convenciones y a las jerarquías literarias. “Desde el primer momento me planteo siempre hacer un libro vivo, sin prejuicios, sin corsés, ni formalismos, ni convencionalismos”, recita. Su rechazo a la solemnidad es explícito: “Me espanta lo relamido, lo atildado, lo excesivamente erudito, me molesta mucho lo solemne y repolludo”, continúa enumerando.
En el centro de esa actitud está el humor. Guache lo entiende no como un simple recurso cómico, sino como una herramienta de libertad: “Para mí lo más importante es el humor entendido como territorio de libertad, libertad contra los obstinados represores y los pedantes”. “Donde hay humor no hay fundamentalismos”, añade. El humor, sostiene, permite relativizar y mirar el mundo desde otro ángulo, “una forma de ver el mundo y de opinar con más soltura”.
Este espíritu atraviesa es el que atraviesa Corazón de Trapecista, surgido de su colaboración musical con Marcelo Pull, convirtiendo el disco que acompaña al libro en el undécimo que ambos realizan juntos. El libro, sin embargo, está marcado por la perdida. Las primeras ilustraciones iban a correr a cargo de su amigo César Galezarias, con quien había realizado más de diez libros. “Mientras discutíamos sobre algunos aspectos del libro, como el grado de madurez que debían tener los poemas, César se murió una noche”, cuenta Guache con la voz cortada. Posteriormente, el editor le presentó a Eugenio Rivera, cuyas ilustraciones también considera “extraordinarias”.
“Me gusta mucho experimentar y jugar con la métrica y con el ritmo”, declara Guache, para quien el proceso creativo debe partir del juego. El artista incorpora experiencias, lecturas y tradiciones muy diferentes en sus palabras, tanto al hablar como al escribir: “Me gusta incorporar toda la germanía y poesía popular en general, sin despreciar nada”. Su propósito es cambiar constantemente de perspectiva y aceptar incluso aquello que tradicionalmente se considera ajeno a la poesía, en definitiva, busca “una mirada que sea un manifiesto libérrimo contra el aburrimiento”.
Por eso reivindica también la rima, incluso cuando pueda ser considerada anticuada o excesiva. “Mucha gente desprecia lo que tiene rima. O sea, lo encuentran ripioso y a mí eso me divierte mucho”, declara. Esa libertad le permite mezclar registros, parodiar canciones populares y jugar con el lenguaje utilizando una lírica totalmente libre. En Corazón de Trapecista aparecen, entre otras, “delirantes parodias”, incluida una versión humorística de Popeye, el marino soy.
El objetivo último es sencillo: disfrutar. “Hago lo que me divierte”, dice simplemente. Y resume su concepción artística con otra declaración contundente: “Como autor y como lector, lo que busco es el goce”. La respuesta del público infantil parece confirmar su apuesta. Durante una firma, recuerda, “vinieron unos niños que habían escuchado el disco y comenzaron a cantar y bailar las canciones, fue divertidísimo”. También sus nietos, a quienes está dedicado el libro, forman parte de esa prueba cotidiana cuando cantan las canciones cuando van juntos en el coche: “O sea, que creo que funciona”, resume riendo.
Entre libros, canciones, dibujos y parodias, Guache continúa defendiendo una idea sencilla y radical: crear sin pedir permiso a los cánones. “No me interesa el consenso”, sentencia. “Solo creo en la individualidad creativa”.
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