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Emocionado adiós a Elías Pedro Ramos, uno de los descubridores de Tito Bustillo: "Era una buenísima persona"

Seres queridos y descubridores de la cueva destacan a Ramos, fallecido en Oviedo, como un "grandísimo profesional"

"Su nombre forma parte de la historia del concejo, a la que quedará ligado para siempre", declara el alcalde de Ribadesella

Los descubridores de la cueva de Tito Bustillo. Por la izquierda, Ruperto Álvarez, Isabel Rubio –viuda de Fernando López Marcos–, Elías Pedro Ramos, Adolfo Inda, Eloísa Fernández Bustillo, María Pilar González, José Antonio Fernández Bustillo –en nombre de Tito Bustillo–, María Amparo Izquierdo, María Pía Posada y Jesús Fernández Malvárez. DIA DE ASTURIAS. ACTO DE ENTREGA DE LAS MEDALLAS DEL PRINCIPADO

Los descubridores de la cueva de Tito Bustillo. Por la izquierda, Ruperto Álvarez, Isabel Rubio –viuda de Fernando López Marcos–, Elías Pedro Ramos, Adolfo Inda, Eloísa Fernández Bustillo, María Pilar González, José Antonio Fernández Bustillo –en nombre de Tito Bustillo–, María Amparo Izquierdo, María Pía Posada y Jesús Fernández Malvárez. DIA DE ASTURIAS. ACTO DE ENTREGA DE LAS MEDALLAS DEL PRINCIPADO / LUISMA MURIAS / LNE

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Miguel Guerrero

Oviedo

Seres queridos y descubridores de la cueva de Tito Bustillo se despiden con tristeza de Elías Pedro Ramos Cabrero, fallecido el pasado viernes 21 de agosto en Oviedo a los 78 años de edad. El arqueólogo formó parte del grupo de jóvenes que, en 1968, se adentraron en la hoy archiconocida cavidad, descubriendo las pinturas rupestres que han convertido el lugar en Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Aquellos que le acompañaron aquel día lo describen como un hombre "tranquilo, pero con carácter", y un grandísimo profesional que "amaba la naturaleza".

Los compañeros que aquel abril de 1968 se adentraron con él en una grieta del macizo de Ardines solo tienen para "Susi", el apodo con el que le llamaban cariñosamente, recuerdos y buenas palabras. Eloísa Fernández Bustillo, hermana del fallecido Celestino Fernández Bustillo ("Tito") y una de las exploradoras que encontraron las pinturas, recuerda que era un miembro "muy activo" del Grupo de Montaña Torreblanca. "Era muy prudente y tenía mucha habilidad con las cuerdas, dentro de la cueva siempre me aseguraba él", comenta. Esa misma habilidad describe Amparo Izquierdo Vallina, otra de las aventureras que se adentraron en la cavidad aquel día: "Era muy dinámico y se movía mucho. Hacía tiempo que no le veía pero recuerdo perfectamente su voz", relata.

Ruperto Álvarez, el más veterano de los descubridores, cuenta que eran "muy amigos". Álvarez recuerda que Ramos Cabrero era un hombre que "amaba" la naturaleza: "No tengo palabras para explicarme, Susi era una buenísima persona, pero los años no perdonan y desgraciadamente vamos siendo menos". El riosellano Jesús Manuel Fernández Malvárez, uno de los dos guías que entró en la cueva aquel día, cuenta que "Susi" era un hombre "muy tranquilo y fiable", con el que, a pesar de perder cierto contacto con los años, seguía teniendo una conexión especial: "Podían pasar años sin vernos que cuando nos veíamos era como si hubiesen pasado tres días".

Por su parte, la esposa de Elías, Covadonga Barril Encina, lamenta con dolor su pérdida, pero recuerda al hombre con el que compartió su vida desde 1970 como una "extraordinaria persona, no puedo decir más que buenas palabras; he vivido una vida maravillosa con él". También las autoridades, como el alcalde de Ribadesella, Paulo García Díaz, expresan su pésame y profundo respeto por una figura muy importante en la historia reciente del concejo: "El descubrimiento de Elías Ramos y sus compañeros convirtió a Ribadesella en un punto de referencia del arte Paleolítico. Su nombre forma parte de la historia de Ribadesella, a la que quedará ligado para siempre".

La historia de la hazaña de 1968

El descubrimiento de la cueva se remonta al 11 de abril de 1968, en pleno Jueves Santo. Aquel día, diez jóvenes entusiastas, ocho integrantes del Grupo de Montaña Torreblanca y dos vecinos de Ribadesella, decidieron adentrarse en la gruta del "Pozu’l Ramu" (así era conocida por aquel entonces) equipados con material rudimentario y luces de carburo. Tras descender una sima de unos cien metros abriéndose paso entre el barro, fue durante una pausa para descansar y comer bajo una gotera cuando Adolfo Inda Sanjuán detectó los primeros trazos artificiales. Poco después, la intuición de Ruperto Álvarez, apoyada en sus lecturas sobre yacimientos como Altamira, confirmó que estaban ante auténticas pinturas prehistóricas, situadas bajo lo que hoy se conoce como el Camarín de las Vulvas.

El verdadero clímax del hallazgo se produjo pocos minutos después, cuando a Celestino Fernández Bustillo, "Tito", se le apagó la lámpara de carburo. Al volver a encenderla, el fogonazo de luz iluminó de golpe en la pared la impresionante figura de un caballo trazado miles de años atrás. La emoción desencadenó gritos y saltos entre aquellos adolescentes y jóvenes de entre 15 y 22 años, conscientes de estar viviendo un momento irrepetible. Con una madurez admirable para su edad, el grupo decidió guardar un "silencio prudencial" para proteger la cavidad de posibles vandalismos hasta poner el hallazgo en conocimiento de las autoridades, comunicándoselo al día siguiente al guardia municipal Aurelio Capín.

Aquella expedición histórica la completaron, junto al propio Elías Pedro Ramos, los jóvenes Ruperto Álvarez, Celestino "Tito" Fernández Bustillo, Eloísa Fernández Bustillo, Jesús Manuel Fernández Malvárez, Adolfo Inda, Pía Posada, Pilar González, Amparo Izquierdo y Fernando López (quien fue jefe de maquetación de LA NUEVA ESPAÑA, también fallecido). Solo tres semanas después de la gesta, la tragedia golpeó al grupo con el fallecimiento de Tito a los 17 años en un accidente en Quirós, un duro golpe que llevó a bautizar la gruta con su nombre para la posteridad. Ahora, con la partida de Elías Pedro, el legado de aquel grupo de muchachos que cambió la historia del arte rupestre asturiano vuelve a encenderse en la memoria colectiva.

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