La maldición de las sagas: George R. R. Martin, creador de "Juego de Tronos", encabeza un plantel de autores que llevan años atascados en sus obras literarias
En la lista también están Patrick Rothfuss y Scott Lynch, llevan tiempo lidiando con bloqueos creativos para desesperación de sus legiones de seguidores

BARCELONA 2012/07/27 ICULT EL ESCRITOR GEORGE R R MARTIN EN EL CCBFOTOGRAFIA JOAN CORTADELLAS. PUBLICADA VERANO 28/07/2012 P 29
l david morán
En 2019, un titular altamente ofensivo ponía el broche a la última temporada de uno de los grandes fenómenos televisivos de la década. "¿Es George R. R. Martin un vago por no haber acabado Juego de Tronos?", se preguntaba un diario de tirada nacional en sus páginas de cultura en un intento supuestamente cómico de subrayar que el novelista estadounidense, inmerso en la saga Canción de hielo y fuego desde 1996, se había dejado adelantar por la superproducción televisiva y había comparecido a la emisión de El trono de hierro con los deberes a medio hacer. Porque, en efecto, la adaptación televisiva de Juego de Tronos acabó, sí, pero Martin seguía, aún sigue, de hecho, atascado en el penúltimo libro de la heptalogía, Vientos de invierno.
En 2011 llegó "Danza de dragones" y, desde entonces, la vida ha sido para los seguidores de Martin como entretenerse contemplando los matojos rodantes de un desértico wéstern: un larguísimo plano secuencia de nada. Eso en lo relativo a "Canción de hielo y fuego", claro, porque durante todo este tiempo no ha dejado de escribir, ha supervisado las diferentes adaptaciones de HBO y ha engrosado su catálogo de novelas cortas. Es la descomunal saga sobre los Lannister, los Targaryen y compañía lo que se le resiste, algo que, al parecer, no es exclusivo del barbudo arquitecto de "Roca Casterly" e "Invernalia", que cumplirá 78 años el próximo septiembre: en las últimas décadas, casi como si fuera una maldición, autores de éxito de literatura generalmente fantástica embarcados en sagas de ambición colosal se han quedado atascados y no logran terminar lo que un día anunciaron como trilogías, pentalogías o incluso decalogías.
También David Peace tardó 12 años en publicar el cierre de su fabulosa trilogía de Tokio y Sue Grafton se quedó a una sola letra de poder completar su "Alfabeto del crimen", pero aquí hemos venido a hablar de casos aún más extremos y de la edad de oro de las sagas literarias también como la de los autores al borde de un ataque de nervios e incapaces de terminarlas. Y ahí no hay quien le haga sombra, lo han adivinado, a George R. R. Martin.
"Este año ha sido... estresante, por decirlo suavemente. Han pasado tantas cosas que ha sido abrumador. Cosas maravillosas, cosas emocionantes. Sueños que se han hecho realidad. Pero también ha habido pesadillas", anotaba la semana pasada en su blog personal el autor de "Fuego y sangre". "He perdido amigos. He luchado contra la tristeza y la depresión. Lo peor aún puede estar por venir. Cumplí 77 años el pasado septiembre, y les digo, envejecer no es nada divertido. Pero también ha habido momentos increíbles", añadía en un mensaje que puso de nuevo en alerta a sus fans y reavivó el debate sobre el futuro de "Canción de hielo y fuego" y, por extensión, de todas las series de nunca acabar.
Ahí están, entreteniendo la espera, la trilogía "Exiles", de la que Melanie Rawn debe la última entrega desde 1997; el final largamente postergado de "Outlander", serie literaria con exitosa derivada cinematográfica que Diana Gabaldon lleva escribiendo desde 1991; o los mercenarios de la "Tierra salvaje" de Nicholas Eames, serie que arrancó a buen ritmo en 2017 –dos libros, "Reyes de la tierra salvaje" y "Rosa la sanguinaria", en un par de años–, pero cuyo desenlace suma ya ocho años de inquietante espera.
Una minucia, en cualquier caso, al lado de los 15 y 13 años, respectivamente, que llevan aguardando los lectores de Patrick Rothfuss y Scott Lynch, probablemente los más conocidos del lote –con permiso, claro, de Martin– y quienes mejor ilustran que no siempre querer es poder.
Escribir con la cabeza rota
Lo explicaba hace poco Rothfuss, acompañado casi siempre por un coro de lectores enfurecidos que le recuerdan que todas esas páginas que esperan con ganas no se van a escribir solas. Menos aún si quien tiene que hacerlo está cumpliendo compromisos promocionales en la Comic Con o tuiteando sobre la depresión. "Escribes con la cabeza. Podrías romperte una pierna y seguir escribiendo. Pero si, por ejemplo, se te muere el perro, eso ya está en tu cabeza. O si tu relación es un desastre. O si tienes un trastorno del estado de ánimo (que, estadísticamente, es entre seis y diez veces más probable que tengas si eres escritor). O si tienes depresión, diagnosticada o no, o cualquiera de las innumerables cosas que pueden fallar químicamente en tu cerebro. O si simplemente tu vida es una mierda, o tu padre está enfermo, o, por ejemplo, la República se está desmoronando y hay un autócrata en el poder", ilustró el autor en un intento por describir todo lo que puede interponerse entre un autor y un plazo de entrega acordado y firmado.
El estadounidense, ungido en su día como el Tolkien del Medio Oeste, sabe bien de lo que habla, ya que lleva tres lustros, desde 2011, poniendo a prueba la paciencia de sus seguidores y aplazando la publicación de "Las puertas de piedra", tercer y último título de la trilogía "Crónica del asesino de reyes". Los dos primeros, "El nombre del viento" y "El temor de un hombre sabio", vendieron más de 10 millones de ejemplares en todo el mundo y lo consagraron como gran renovador de la fantasía épica, pero también lo arrojaron a un pozo de salud mental maltrecha, reproches digitales y una suerte de bloqueo creativo del que todavía no ha logrado salir.
En 2020, su editora aireó públicamente que no había leído ni una palabra de ese tercer libro e incluso puso en duda que hubiese escrito algo en los últimos años. "Nadie esperaría que hicieras joyas preciosas si tu mano se hubiera quedado atrapada en una prensa hidráulica", relativizó Rothfuss en una charla en la que abogaba por desmitificar el llamado bloqueo del escritor. "La verdad es que a veces escribir es simplemente difícil. Como cualquier otra actividad profesional o creativa", dijo.
Lo mismo debe opinar Martin, quien se ha referido en no pocas ocasiones a las dificultades homéricas para terminar Vientos de invierno. "Llevo años luchando contra ella; no es una novela, sino una docena de novelas, cada una con un protagonista diferente, aliados y amantes que les rodean, y todos entrelazados en el tiempo de una manera extremadamente compleja. Así que es muy, muy desafiante", explicó en 2020, cuando sus fans empezaron a impacientarse. Años después, en 2025, un arreón sarcástico para burlar a sus críticos más feroces le heló la sangre a más de uno. "Han perdido la fe en mí o en el libro. Nunca terminaré "Vientos de invierno". Si lo hago, nunca terminaré "Sueño de primavera". Y si lo hago, no será bueno. Debería conseguir que otro escritor me reemplace", enumeró a modo de memorial de agravios. "El invierno", de momento, ni está ni se le espera.
Entre los aficionados al género circula la descabellada teoría de que en realidad todo es culpa del prolífico Brandon Sanderson, mago de la fantasía y la ciencia ficción que habría aprovechado la hemalurgia, un tipo de magia creado por él mismo para la saga Mistborn, para birlarle el talento a sus principales rivales, pero la explicación real es mucho más sencilla e implica, casi siempre, una mezcla de éxito sobrevenido, ambición desmedida y colapso mental. "Nadie quiere ser quien cause retrasos a todos los que participan en el ciclo de producción, a quienes tienen que cumplir con sus horarios, a quienes tienen trabajos estables y a quienes deben cumplir con ciertos requisitos", reconocía en una entrevista reciente Scott Lynch, el autor que de una manera más clara se ha referido a cómo los problemas de ansiedad y depresión han afectado a su carrera.
Depresión y ansiedad
El escritor, finalista de los Hugo Awards y los World Fantasy Awards, debutó a lo grande en 2006 con "Las mentiras de Locke Lamora" y se embarcó en una heptalogía bautizada "Los caballeros bastardos" de la que solo se han publicado dos títulos más: "Mares de sangre bajo cielos rojos" (2007) y "La república de los ladrones" (2013). Desde entonces, la cuarta novela de la serie no hace más que retrasarse con nuevas revisiones, parones pandémicos y turbulencias personales. "Me habría ayudado mucho si mi depresión y ansiedad hubieran estado mejor controladas mucho antes, porque estaban interfiriendo activamente con mi vida y mi carrera. Aunque he tenido la fortuna de disfrutar de un éxito considerable, mi incapacidad para cumplir con los plazos me ha perjudicado", lamentaba Lynch. Sus lectores, mientras tanto, siguen esperando y desesperándose un poco más cada año que pasa.
En agosto de 1996, mientras Oasis hacían historia en Knebworth Park y cientos de muñecas se quebraban al unísono bajo el peso ingobernable de La broma infinita, ese proverbial chiste de más de 1.000 páginas que David Foster Wallace remató con un verborreico atracón de citas, una (aún entonces) modesta saga de fantasía épica empezaba su andadura en las librerías. Ya saben: winter is coming, los Siete Reinos como gigantesco patio de recreo de los Lannister, Targaryen, Baratheon y compañía.
Su autor, un precoz e imaginativo escritor, llevaba una década alejado de la narrativa, trabajando de forma casi exclusiva en guiones para Twilight Zone, Max Headroom y Beauty and the Beast, cuando en 1991 se le apareció la imagen de unos cachorros de lobo huargo abandonados en la nieve. Imposible resistirse. "Me senté a escribir y, en unos tres días, simplemente fluyó de mí, casi en la forma que ya habéis leído", explicaría George R. R. Martin mucho después, en 2014, en Rolling Stone.
Aún habrían de pasar cinco años para que aquel rapto creativo se convirtiera en el primer volumen de "Canción de hielo y fuego". Pero desde 2011, año de publicación de la quinta entrega, los lectores llevan esperando la aparición de "Vientos de invierno", sexto título de "Canción de hielo y fuego", y el que tiene que cerrar la saga, "Sueño de primavera".
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