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Matías Rodríguez Inciarte, economista y exministro de Presidencia: "Asturias tiene un régimen fiscal negativo; debería reconsiderarlo para hacer más atractiva la región"

"La corrupción se limita evitando cruzar de lo discrecional a lo arbitrario", afirma el expresidente de la Fundación Princesa de Asturias y presidente de Santander Universidades

"La Administración, en lugar de tratar de combatir a las universidades privadas, debe dar más recursos de las públicas", defiende

Matías Rodríguez Inciarte, en el Castillo de Priorio en Las Caldas.

Matías Rodríguez Inciarte, en el Castillo de Priorio en Las Caldas. / Luisma Murias / LNE

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Matías Rodríguez Inciarte (Oviedo, 1948) fue vicepresidente del Banco Santander, ministro de Presidencia con Leopoldo Calvo-Sotelo y presidente de la Fundación Princesa de Asturias. Actualmente, continúa al frente de Santander Universidades. Pero cada verano se sigue trasladando a Llanes para disfrutar de unas vacaciones en familia. En esta ocasión, atiende a LA NUEVA ESPAÑA desde el Castillo de Priorio, en Las Caldas, propiedad de la familia de su mujer. Un terreno idílico para conversar sobre su trayectoria, desde la política hasta la económica. "Siempre me he guiado por el sentido de hacer lo que me parece razonable, no por un ejercicio de poder", asegura.

¿Se ha mitificado el periodo de la Transición o, por el contrario, no se valora lo suficiente?

Creo que con el paso del tiempo ha perdido el enorme valor que tuvo para los que vivimos esa etapa. Yo lo viví sobre todo en el ámbito económico, porque formaba parte del equipo de Enrique Fuentes Quintana y asistí muy directamente a los Pactos de la Moncloa, que fueron fundamentales para llegar a acuerdos económicos que luego permitieron hacer todas las reformas políticas. Estos pactos los suscribieron todas las fuerzas políticas, lo cual denota que había un espíritu de generosidad y se daba preferencia a acuerdos que permitieran al país salir adelante frente a las ideologías de cada partido.

¿Qué tenía aquella generación política que falta hoy?

Probablemente los políticos recientes no tengan la sensación de fragilidad que había en el país en aquella etapa y que hacía necesarios los consensos. Luego ha habido una polarización, y no solamente en España, sino como fenómeno internacional, que hace muy difícil llegar a acuerdos. Me parece una lástima que no haya, para grandes cuestiones de Estado, más diálogo y colaboración entre las grandes fuerzas políticas. Una de las cosas que hace falta en España en estos momentos es un mayor diálogo entre los grandes partidos para las cuestiones de Estado.

Ha tomado decisiones desde lugares donde la discrecionalidad es inevitable, desde el Consejo de Ministros hasta la dirección de un banco. ¿Dónde termina la discrecionalidad legítima y dónde empieza la arbitrariedad?

Yo soy liberal. Un liberal trata, por encima de tener una mayoría política en un momento concreto, de hacer las cosas que le parecen razonables. No decir: tengo una legitimidad y, pase lo que pase, estoy dispuesto a tomar determinadas decisiones. Por eso creo que cuestiones importantes requieren mayorías reforzadas. Cuando se quiere hacer algo que realmente altere la sustancia del funcionamiento de un país, no vale con tener el 51 frente al 49. Siempre he sido de la idea de que hay que tomar las decisiones de manera razonable, sin esa ostentación de poder por el hecho de estar en un órgano de gobierno. La toma de decisiones que he tenido tanto en el ámbito político como en el empresarial se ha guiado siempre por el sentido de hacer lo que me parece razonable, no por un ejercicio de poder de "quiero hacer, ordeno y mando porque tengo capacidad para hacerlo".

Castillo de Priorio en Las Caldas. Entrevista para barrer con Matías Rodríguez Inciarte, ex ministro de la Presidencia de España.

Matías Rodríguez Inciarte, en el Castillo de Priorio en Las Caldas. / Luisma Murias / LNE

¿Cómo se combate la corrupción?

La mejor manera de tratar de eliminar estos fenómenos de corrupción es aplicando la discrecionalidad [el poder que tiene una autoridad para decidir según su criterio, pero siempre dentro de la ley]. Si yo puedo adjudicar una obra pública sin concurso, si puedo tomar una decisión administrativa en el ámbito urbanístico que favorezca a una persona por el hecho de que yo firme, la tentación es grande. Por lo tanto, si se eliminan en lo posible las zonas en las que esas decisiones pueden gravitar de lo discrecional a lo arbitrario, se limita muchísimo ese ámbito. ¿Qué sucede? Que el poder tiende a demostrar que su voluntad prevalece sobre la lógica. Por eso, en la medida en que se limite en el ámbito público la toma de decisiones sin ningún tipo de refrendo, se limitaría muchísimo ese ámbito.

¿Y es tan difícil de aplicar?

Llegar al poder y renunciar a ese tipo de instrumentos cuesta trabajo y por eso, en general, no se hace. Se ve con la televisión pública. Uno quiere concentrar el poder: "Ya que estoy aquí, voy a tomar decisiones, voy a mandar". Si cree que tiene instrumentos que se lo permiten, los utiliza. Entiendo que es la lógica del poder, pero eso debería limitarse.

¿Qué reformas necesita España?

Hay muchas: la financiación autonómica, la fiscalidad, el sinnúmero de restricciones y trabas administrativas, lo que el informe Draghi ha reclamado a Europa sobre el exceso de burocracia y de control administrativo.... Estamos viviendo una revolución digital y de inteligencia artificial con sistemas organizativos antiguos. Pero muchas de estas reformas significan un desgaste político notable en el corto plazo, y por eso los gobiernos sistemáticamente tratan de posponerlas. La única manera de salir de ese dilema es mediante un acuerdo de los grandes partidos.

¿Cuáles son los mayores lastres de la economía española?

La economía española se ha beneficiado extraordinariamente de la integración europea. Las empresas españolas tienen una capacidad competitiva enorme y hay sectores que compiten muy eficazmente en el exterior, por lo tanto hay aspectos muy positivos. Frente a ello, hay un fenómeno que ya es endémico en todas las economías: un exceso de gasto público y un déficit muy fuerte. Esto significa una debilidad estructural que hay que abordar. No se puede vivir indefinidamente por encima de las posibilidades de un país.

¿En qué momento se encuentra el sistema financiero español? ¿Hay que seguir con la concentración bancaria?

Hoy tenemos un sistema financiero muy competitivo, muy sólido, altamente tecnificado y que tiene muy poco que envidiar a los mejores bancos internacionales. La cuestión está más bien en el ámbito europeo. El hecho de que haya tan pocas fusiones transnacionales denota una debilidad estructural de la banca europea frente a la americana. Hay regulaciones distintas entre países y también un cierto nacionalismo que impide muchas veces que un banco se deje absorber por otro de un país distinto. Es una asignatura pendiente.

¿Europa está en su momento más delicado?

No, siempre se ha dicho que Europa se ha hecho a base de crisis. Pasa por momentos de enorme capacidad de reforma y por otros de mayor languidez, pero creo que la idea subyacente europea es extraordinariamente vigorosa. Si me preguntan cuál ha sido el principal soporte de la economía española en los últimos años, me tendría que referir claramente a Europa. Pero, al lado de las debilidades, hay que poner las fortalezas. Para mí, dos de las más recientes han sido el euro y la mutualización de la deuda., que hasta hace poco Alemania rechazaba. Si utiliza esa capacidad para hacer reformas, mejorar infraestructuras y, sobre todo, eliminar trabas administrativas y exceso de regulación, puede avanzar mucho.

En 1982 encabezó la candidatura de UCD por Asturias y Pedro Silva la del PSOE. ¿Qué recuerda de aquella campaña y de su debate?

Tengo recuerdos agridulces porque, como fue una gran derrota para UCD, tampoco fue una cuestión de la que deba uno enorgullecerse. Sin embargo, sí recuerdo gratamente la relación con Pedro Silva. Tuvimos un debate que LA NUEVA ESPAÑA registró puntualmente en sus páginas. Eso es un poco el espíritu de la época: podíamos tener discrepancias desde el punto de vista político, estábamos en partidos distintos y debatíamos, pero había diálogo y buen entendimiento, respetando las diferencias de posiciones. La prueba es que todavía mantenemos una excelente relación personal.

Castillo de Priorio en Las Caldas. Entrevista para barrer con Matías Rodríguez Inciarte, ex ministro de la Presidencia de España.

Matías Rodríguez Inciarte, en el Castillo de Priorio en Las Caldas. / Luisma Murias / LNE

Ha vivido Asturias desde la política y la economía. ¿Qué percepción tienen del Principado desde fuera?

Hay una percepción que tiene más que ver con el sector servicios y el turismo que con otro tipo de dimensiones. Históricamente, Asturias era conocida por las grandes industrias de cabecera que había en la región. Habría que recuperar parte de ese espíritu. Asturias tiene un régimen fiscal muy negativo para atraer talento y empresas y debería reconsiderarlo en cierta medida. Debería reconsiderar los temas fiscales para hacer más atractiva la región, no solamente al capital extranjero, sino también a residentes, personas que podrían vivir aquí, desarrollar sus actividades y emprender. El otro aspecto es el exceso de burocracia, administración, controles y restricciones. Cuando alguien se quiere establecer aquí hay que abrirle los brazos, facilitarle las cosas. Asturias tiene todas las condiciones naturales, proximidad a Europa y sistemas de comunicaciones que han mejorado muchísimo, pero hay que crear un clima que atraiga a personas.

Fue presidente de la Fundación Princesa de Asturias, ¿cómo ve la relevancia que han adquirido los premios?

Nos encontramos con una institución que en un tiempo muy corto ha adquirido un extraordinario prestigio no solamente nacional, sino internacional. Si uno mira la lista de premiados, encuentra figuras reconocidas y muchos premios Nobel que antes han sido Premios de Asturias. Hubo una decisión de internacionalización de los premios, que fue un gran acierto. Y para la Corona es una gran ocasión para exponer ideas.

Cómo presidente de Santander Universidades, ¿qué opina del debate que hay en Asturias por la llegada de las privadas?

Las universidades privadas cubren un espacio y la prueba es su crecimiento muy acentuado. Al no tener restricciones financieras ni tantas restricciones de tipo administrativo, han encontrado su papel. ¿Es criticable? Yo creo que no. Quien paga unas tasas en una universidad privada, mucho más caras que en una pública, está contribuyendo a que el conjunto del sistema esté mejor financiado. La universidad pública española es excelente y, en relación con la financiación que recibe, tiene una posición extraordinaria desde el punto de vista internacional. La Administración, en lugar de tratar de combatir a las universidades privadas, debe mejorar y dar más recursos a las públicas.

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