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Las paradas de fábricas para evitar apagones, como las que hicieron Arcelor y Azsa este mes en Asturias, cuestan 1.000 millones en el recibo de la luz

Red Eléctrica ha activado en 12 ocasiones en cuatro años el mecanismo de urgencia para "desenchufar" factorías y evitar desajustes en el sistema

La subestación eléctrica de Tabiella (Avilés), que presta servicio a la industria de la zona.   | RICARDO SOLÍS

La subestación eléctrica de Tabiella (Avilés), que presta servicio a la industria de la zona. | RICARDO SOLÍS

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David Page

Madrid

España está utilizando cada vez de manera más recurrente el mecanismo que protección del sistema eléctrico que permite parar instalaciones de la gran industria –como las factorías de Asturiana de Zinc y ArcelorMittal en el Principado– para reducir rápidamente el consumo de luz y evitar desajustes en todo el sistema eléctrico. Desde que se puso en marcha, en septiembre 2022, y hasta finales del año pasado Red Eléctrica de España (REE), el operador del sistema solo lo había utilizado en cinco ocasiones. En lo que va de este año, ya van otras siete (cinco en el último mes).

El Gobierno puso en marcha durante la anterior crisis energética un mecanismo que permite forzar la parada de grandes factorías para recortar de urgencia la demanda de electricidad si hay riesgo de desequilibrios graves, en caso de no tener suficiente producción eléctrica para cubrir con garantías toda el consumo previsto y contar con margen de reserva de sobra. REE ha tenido que utilizar este servicio en 12 ocasiones desde su puesta en marcha hace algo menos de cuatro años: una en 2023, cuatro en 2024, ninguna en 2025 y otras siete ya este año. Las de este año tiene dos particularidades: por un lado, que cinco de las activaciones se han registrado en el último mes, debido a descensos inesperados de la producción de renovables; por otro, que tanto en enero como el pasado julio REE tuvo que ordenar la activación dos veces en un solo día.

El sistema de respuesta activa de la demanda (SRAD), que así se llama el mecanismo, no sale gratis y tiene un coste millonario para todos los consumidores. Los grupos industriales se ofrecen para reducir o paralizar su actividad y su consumo de luz en caso de ser necesario y a cambio reciben una retribución que se carga en el recibo de luz de todos los clientes. En cuatro años, ese sobrecoste en la factura eléctrica ronda ya los 1.000 millones de euros.

El sistema reparte retribución a las empresas industriales que se presentan voluntariamente y que resultan adjudicatarias en las subastas que Red Eléctrica celebra periódicamente (antes cada año y ahora cada seis meses). Las dos subastas realizadas para atender el mecanismo durante todo este año implicará que los consumidores paguen 434 millones en el conjunto de 2026, que se suman a los 520 millones ya abonados en ejercicios previos desde que el mecanismo se puso en marcha a mediados de 2023. En total, la factura eléctrica ha asumido en este tiempo 954 millones en pagos a las fábricas dispuestas a parar a modo de retribución fija, pero a esta se suman pagos variables cada vez que se activa de manera efectiva el escudo de protección.

Cobros variables

Unos cobros variables y ocasionales cuya cuantía se determina en función de la electricidad que se deja de consumir y del precio medio que marca el mercado mayorista de electricidad durante el periodo en que las factorías paran su actividad. Solo este año, esos pagos variables ascienden a unos tres millones de euros adicionales.

REE suele tener que utilizar el mecanismo de urgencia por las noches, a unas horas en que aún hay mucho consumo y en que la producción de las energías renovables es menor. Y son esas horas en las que también el precio del mercado mayorista de la electricidad marca los precios más caros de toda la jornada. En los últimos meses el precio de la electricidad está alcanzando picos disparados por la guerra en Oriente Medio, así que las activaciones del SRAD se están haciendo a precios de mercado mucho más altos.

A pesar de que el coste del escudo de salvaguarda ronda ya los 1.000 millones de euros, el sistema de reacción parando fábricas resulta más barato que otras opciones para resolver posibles desajustes, como por ejemplo activar centrales de gas para elevar la producción de electricidad. Precisamente desde el apagón de abril del año pasado y todavía ahora, Red Eléctrica está aplicando un modo de operación reforzada para reducir al mínimo la posibilidad de un nuevo colapso, frenando un poco el uso de las renovables y primando la utilización de energías tradicionales, especialmente las centrales de gas. Una seguridad extra que está implicando también un mayor precio final de la electricidad y que acumula ya un sobrecoste de más de 800 millones de euros en menos de año y medio.

El actual servicio de respuesta activa de la demanda vino a sustituir al antiguo programa de interrumpibilidad que estuvo vigente en España durante más de una década, desde 2008 y a 2019. El nuevo sistema busca evitar desequilibrios entre generación y demanda en el conjunto de España integrándose en los propios servicios de ajuste del sistema, mientras que la anterior interrumpibilidad era un escudo para situaciones de seguridad de carácter local tanto por falta de suministro o por grandes subidas del precio de la electricidad. En el actual servicio participan una veintena de compañías.

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