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Las difíciles cuentas de las familias numerosas asturianas en la vuelta al cole: "Libros, ordenadores, uniformes... aprendes a vivir con menos"

El coste de los uniformes escolares en Oviedo ronda los 350 euros por niño, el gasto en libro unos 250 euros: los hogares con varios hijos intentan reducir costes buscando ofertas y reutilizando prendas: "Se multiplica mucho el gasto"

De izquierda a derecha: Julio Rubial, Santi, José, Luz María, Julia, Camino y Rocío Luiña.

De izquierda a derecha: Julio Rubial, Santi, José, Luz María, Julia, Camino y Rocío Luiña. / Zaira Varas

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Zaira Varas

Oviedo

Apenas quedan dos semanas para que los colegios asturianos vuelvan a abrir sus puertas y las familias ultiman ya las compras para el nuevo curso. Libros, material escolar, ropa, calzado, uniformes, comedor y actividades forman una lista de gastos que se hace especialmente larga cuando en casa hay varios niños. Para dos familias numerosas de Oviedo y Gijón, la vuelta al cole obliga a hacer cuentas, adelantar compras y, sobre todo, reutilizar todo aquello que todavía puede tener una segunda vida.

En Oviedo, Rocío Luiña y Julio Rubial tienen cinco hijos (Camino, de 12 años; Julia, de 10; Luz María, de 7; José, de 5; y Santi, de 2) y esperan a Gracia, que nacerá dentro de unos meses. Los dos se dedican a la enseñanza y sus hijos acuden al colegio concertado en el que trabaja él. Una circunstancia que supone cierta ayuda en el coste de los libros, pero que no evita que otros gastos se multipliquen.

Julia Rubial preparando la mochila para el nuevo curso.

Julia Rubial preparando la mochila para el nuevo curso. / Zaira Varas

"Para nosotros el material no es el problema; el problema es el uniforme", resume Rocío. Una equipación completa ronda los 350 euros por niño, calcula, incluyendo una sola unidad de cada prenda. La familia compra el uniforme en El Corte Inglés porque, según explica, no tiene otra alternativa en el centro, aunque las familias numerosas disponen de un pequeño descuento. Para rebajar la factura, adelantaron la compra a julio, aprovechando uno de los periodos de oferta.

El problema, además del desembolso, está en la calidad. "Ha subido el precio y ha bajado la calidad", lamenta Rocío. Antes, cuenta, un jersey podía pasar durante años de un hermano a otro. "Un jersey podía darte para cinco, seis, siete años", recuerda. Ahora resulta más complicado aprovechar las prendas durante tanto tiempo. La familia todavía utiliza parte de los uniformes antiguos con los hijos pequeños. Así evita comprar cinco equipaciones nuevas de golpe y estira todo lo posible la ropa que ya tiene. Fuera del uniforme, la estrategia es todavía más clara: "No compramos ropa", explica Rocío. La mayor parte llega reutilizada de familiares, amigos o conocidos.

También el calzado supone un desembolso importante. Hace apenas unos días compraron dos pares por unos 140 euros. Y el precio de prendas tan básicas como unos leotardos también ha aumentado: Camino, la hija mayor, pone como ejemplo los 24 euros que cuestan ahora en El Corte Inglés frente a los 11 euros que pagaban en el antiguo colegio. La comparación con aquel sistema es inevitable. En el anterior centro tenían un banco de uniformes y un mercadillo solidario en el que podían encontrarse prendas por apenas un euro. "La gente compraba mucho en el mercadillo solidario y eso iba a un fondo de becas", recuerda Rocío.

Cocinar en casa y reutilizar: la fórmula para ahorrar

La organización familiar no termina en el colegio. Con cinco hijos y una en camino, la economía doméstica se basa en buena medida en hacer mucha vida en casa. "Procuramos cocinar en casa", explica Julio. Compran materias primas y productos a granel y evitan los alimentos precocinados. Parte de los productos llegan además de la huerta familiar. "Mi padre nos manda muchas cosas de la huerta del pueblo", cuenta Rocío. Una ayuda que permite reducir la cesta de la compra y que encaja con una filosofía basada en aprovechar los recursos disponibles.

Luz María Rubial, con su mochila y un cuaderno Rubio para el curso 2026/2027.

Luz María Rubial, con su mochila y un cuaderno Rubio para el curso 2026/2027. / Zaira Varas

También el ocio se adapta al tamaño de la familia. Los cumpleaños se celebran en casa y las salidas a comer quedan reservadas para ocasiones especiales. "No te puedes permitir salir a comer fuera tan a menudo", explica Rocío.

Los hermanos, además, se convierten en parte de la propia organización. Los mayores ayudan a los pequeños, comparten juegos, hacen manualidades y se enseñan entre ellos lo aprendido en el colegio. "Son niños que en general no se aburren porque tienen hermanos", dice Rocío. En su opinión, esa dinámica también tiene un componente educativo. "Una familia numerosa te ayuda a decir no. Educa muchísimo más un no que un sí", resume.

1.100 euros y pantallas en las aulas

En su entorno han comprobado también hasta dónde puede llegar la factura escolar. Julio pone como ejemplo a una familia amiga del mismo colegio, con tres hijos, que "han gastado ya unos 1.100 euros en la vuelta al cole y todavía no ha terminado las compras". A esa cantidad habría que añadir las licencias de los libros digitales, que calcula que pueden suponer otros 200 o 300 euros.

Rocío, que trabaja en la enseñanza pública, conoce además de primera mano los sistemas de préstamo y los bancos de libros. Considera que "funcionan bien", pero lamenta que parte del material no se cuide lo suficiente como para poder reutilizarlo durante más años. También critica los continuos cambios de las editoriales. "Cada cuatro años te cambian algo del libro", explica. Cambios que, a su juicio, dificultan que los libros pasen de unos hermanos a otros y obligan a volver a comprar material.

La digitalización de las aulas es otro de los asuntos que ambas familias miran con cautela. En Oviedo, Camino cuenta que el Chromebook del colegio cuesta alrededor de 500 euros y que el uso de dispositivos comienza ya en los últimos cursos de Primaria. Rocío cree que las pantallas no deberían ocupar tanto espacio en la enseñanza. "Los niños aprenden mucho mejor con lápiz y papel", afirma. No cuestiona que la tecnología pueda utilizarse como herramienta concreta, pero sí que sustituya de manera habitual a los libros y al trabajo manual.

En Gijón, sin embargo, la experiencia es diferente. Manuel García y Bea González, padres de Carmen, María y Lucas, explican que en el colegio público de sus hijas el uso de ordenadores es todavía limitado. "Utilizan allí alguna vez, de vez en cuando, un ratito a la semana", explica Bea. Por ahora tampoco reciben tareas que requieran trabajar con dispositivos desde casa.

La familia gijonesa afronta la vuelta al cole de una manera diferente, pero con una misma máxima: comprar lo imprescindible y hacerlo poco a poco. Carmen, la mayor, pasará a segundo de Primaria y solo sus libros han supuesto más de 250 euros. A esa cantidad habrá que añadir la lista de material escolar que recibirán en septiembre. María, que comienza segundo de Infantil, apenas tiene gasto en libros, aunque también necesita determinado material. Lucas todavía está en la escuela infantil.

Por la izquierda: Bea González, Lucas, Carmen, Manuel García y María.

Por la izquierda: Bea González, Lucas, Carmen, Manuel García y María. / Zaira Varas

Manuel reconoce que "doscientos y pico euros por los libros del colegio, al final es dinero", especialmente porque en estas edades todavía no pueden reutilizarse. Los alumnos escriben directamente sobre ellos y eso impide que pasen de un hermano a otro. Esperan que en cursos superiores puedan empezar a aprovechar los libros de la mayor para los pequeños.

Las mochilas y la ropa sí tienen una segunda vida. "Una mochila de uno, si le vale para el siguiente, pues venga", explica Manuel. Lo mismo ocurre con las prendas que todavía están en buen estado. Comparar precios es otra de sus estrategias. Antes de comprar material, miran tanto en grandes superficies como en las librerías de barrio. También aprovechan promociones como los Corticoles de El Corte Inglés para compensar parte del gasto.

Ayudas a las familias numerosas

El otro gran asunto que plantean ambas familias es el de las ayudas. Manuel explica que en su caso reciben la deducción estatal por familia numerosa, que permite optar a una reducción de 1.200 euros anuales en el IRPF o a su abono anticipado, además de una deducción autonómica. Sin embargo, considera que muchas otras ayudas están condicionadas por la renta y eso deja fuera a familias numerosas cuyos ingresos superan determinados límites. "Se confunde la ayuda a gente que necesita dinero o a familias vulnerables con las ayudas a la natalidad o al fomento de la familia", sostiene.

A su juicio, tener tres hijos supone unos gastos estructurales que deberían tenerse en cuenta aunque los padres trabajen. "No esperas que te paguen a los hijos", aclara, pero sí considera necesario que las administraciones reconozcan el esfuerzo que realizan las familias. Rocío y Julio comparten esa reclamación. "Como familia numerosa se multiplica mucho el gasto", admiten, aunque recalcan que sus dos trabajos les permiten vivir con cierta tranquilidad. Su preocupación, dicen, está especialmente en las familias que no cuentan con esa situación.

Manuel no cree que exista una persecución directa contra las familias numerosas. "Demonizar, demonizar o tratarla mal, no", matiza. Su sensación es otra: "No se la valora". Y lo relaciona directamente con el problema demográfico de Asturias. "Si estamos hablando de que hay un problema de natalidad y de envejecimiento, lo que tienes que hacer es ver al niño como una inversión", defiende. "Estos niños, el día de mañana, se van a encargar de mantener esta sociedad".

Camino Rubial, preparando su mochila para el nuevo curso escolar.

Camino Rubial, preparando su mochila para el nuevo curso escolar. / Zaira Varas

En Oviedo, la llegada de Gracia ha hecho que esa cuestión sea todavía más presente. Rocío cuenta que comunicar su sexto embarazo llegó a resultar difícil incluso dentro de la familia. "Nuestras propias familias se asustaron", recuerda. Fuera del entorno más cercano también recibieron comentarios de sorpresa e incomprensión. Sin embargo, para ellos la ecuación es otra. "No se ha llegado a descubrir la riqueza, el tesoro que es", defiende Rocío. Una riqueza que, en su caso, también se construye a base de compartir, reutilizar y aprender a vivir con menos.

Julio lo resume desde otra perspectiva: la familia como espacio de apoyo. Reclama que las instituciones no se limiten a las ayudas económicas, sino que faciliten también espacios para que las familias puedan disfrutar juntas. "¿Por qué no disfrutar de zonas verdes? Aquí estamos en Asturias, que es una pasada", plantea. Parques, actividades al aire libre, senderismo, bicicleta, juegos y lectura son, para ellos, alternativas a un ocio cada vez más vinculado al consumo y a las pantallas.

Mientras llega septiembre, ambas familias vuelven a hacer cuentas. En una casa se prepara la llegada de un sexto hijo; en la otra, tres niños afrontan un nuevo curso. Cambian las cantidades y las circunstancias, pero la estrategia se parece: aprovechar lo que ya hay, comprar solo lo necesario y asumir que, cuando son varios, cada euro cuenta.

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