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Sidra congelada en los supermercados, un menú del día para compartir y hasta maleta de ruedas para ir a los Picos: las anécdotas de los turistas que visitan Asturias

Los visitantes, que van a más en la región, también piden en los establecimientos hosteleros un culín de la bebida regional en lugar de consumir una botella entera

Junior Pérez, escanciando para Estela Lai, de Singapur, Janice Chenng y Kaho Te, de Hong Kong, en la sidrería Bedriñana, en Villaviciosa. | Vicente Alonso

Junior Pérez, escanciando para Estela Lai, de Singapur, Janice Chenng y Kaho Te, de Hong Kong, en la sidrería Bedriñana, en Villaviciosa. | Vicente Alonso / Vicente Alonso

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Oviedo

Asturias despide un verano -vale, aún quedan tres semanas de septiembre, pero acabado agosto acaba oficiosamente la estación- que, a falta de datos oficiales, apunta a ser de récord en turistas. Sobre todo, extranjeros. Cada vez más visitantes internacionales que antes se iban a las playas del Sur y del Mediterráneo optan por desviarse al Cantábrico en busca de temperaturas más llevaderas. A estos se suman los turistas patrios, que también redescubren el Norte, su fresquito y lluvia ocasional que ellos agradecen y los asturianos (la mayoría) aborrecen cuando se producen en pleno verano.

La cuestión es que el Paraíso Natural es todo un descubrimiento para los visitantes en paisaje, paisanaje y gastronomía. Cuando uno viaja, se relaja y también quiere que todo salga perfecto, dispuesto a que ese puñado de días lejos de la rutina del resto del año, de la oficina y del jefe (cada vez menos lejano por culpa del móvil) sea inolvidable. Y pasa que no siempre es así o que las expectativas, deseos o planes chocan con la realidad.

Así las cosas, el verano toca a su fin y los visitantes se van de la región dejando atrás unas cuantas anécdotas. Una de las más repetidas este verano en los supermercados ha sido la petición de sidra natural fría. No como se hace en Asturias, que para mantenerla a una temperatura adecuada de consumo en las sidrerías y bares se sumergen las botellas en agua fría. No.

Los visitantes han demandado una y otra vez sidra de la nevera e incluso congelada. De ello dan fue trabajadores de los supermercados, que se han cansado de explicar que la bebida asturiana que se escancia no se mete en el congelador para beber por mucho calor que haya. No obstante, el negocio es el negocio, y algunos ya dan por hecho que si hay demanda, la sidra acabe el próximo verano en neveras y congeladores y, por qué no, en modo granizado. Ahí queda la idea.

Un culín en vez de una botella

Otra petición de los turistas habitual en los establecimientos hosteleros es un culín de sidra. Quieren por supuesto probar la tradicional bebida asturiana, pero les resulta demasiado tener que consumir una botella. Desconocedores del ritual sidrero, piden al camarero que les ponga solo un culín de sidra. Algún hostelero ha caído ya rendido.

El menú del día también da para mucho. En el afán de ahorrar hay familias que han llegado a pedir un menú para compartir entre dos, entre tres… La cuestión es que algunas sidrerías y restaurantes han colgado un cartel avisando de que no se puede compartir.

Lo de hacer más caso al GPS que a la realidad de lo que se tiene delante es muy habitual. Así se han visto casos de autocaravanas en pistas forestales o senderos peatonales, o en caminos que finalizan en un río o en la arena de la playa.

¿Y el paisaje? Una cosa es como lo vemos los asturianos y otra, los turistas. “Estamos aquí en la playa de Aguilar, rodeada por una impresionante y bonita cordillera de eucalipitus”, describió una visitante a su interlocutor al otro lado del teléfono. En cuestión de segundos tiró por la borda décadas enteras de lucha de los más puristas y de los conservacionistas contra la especie, que tachan de invasora. Quién no recuerda las pintadas de “Ocalitos non" en fachadas, carreteras...

Lo de ir en alpargatas “camping” o con el niño en sillita por una ruta de montaña como es la de Poncebos a Bulnes ya casi no llama la atención. Siempre hay algún visitante que lo hace. Como el grupo de jóvenes que pasaron noche en el refugio de Vegarredonda, en los Picos. Nada raro, si no fuera porque en vez de mochila llevaron maleta de ruedas.

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