Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

La caritativa labor del contribuyente asturiano con Duro Felguera: análisis de las ayudas del Principado a la centenaria empresa

La adquisición del taller de Barros con dinero público se suma al rescate de la SEPI y a los 6 millones del Gobierno regional que la compañía no devolverá

Taller de construcciones mecánicas de Duro Felguera, en Barros (Langreo). | FERNANDO GEIJO

Taller de construcciones mecánicas de Duro Felguera, en Barros (Langreo). | FERNANDO GEIJO

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Yago González

Yago González

Oviedo

Estos días, por asuntos de actualidad nacional que todos conocemos, se está hablando mucho de solidaridad. De la poca, mucha, suficiente o insuficiente solidaridad de los españoles con el prójimo necesitado. Desde luego, en Asturias podemos estar sanamente orgullosos de nuestra labor solidaria. Porque los contribuyentes asturianos llevamos bastante tiempo ejerciéndola a través del dinero público que la Administración obtiene de nuestros impuestos. Concretamente, la estamos practicando de manera magnánima con una empresa llamada Duro Felguera.

El último acto caritativo de esta ya larga tarea humanitaria fue anunciado el pasado martes por Adrián Barbón. El taller de construcciones mecánicas de Duro en Barros (Langreo) llevaba varios meses en el punto de mira de Indra, deseosa de transformar el recinto (sin actividad alguna salvo el alquiler de una de las naves a la empresa Itemat) en una fábrica de carros de combate. Pero el precio que ofrecía Indra, unos 6 millones de euros, no respondía al "valor objetivo y de mercado" que, según ha transmitido varias veces Duro en los últimos meses, cuesta realmente la instalación: entre 15 y 20 millones de euros.

En cualquier otro escenario, esa discrepancia entre dos empresas privadas se hubiera quedado en eso, en una negociación que no llegó a buen puerto, como sucede todos los días en el libre mercado. Pero ni Indra ni Duro son empresas totalmente privadas. En cada una, con diferente intensidad, está presente el Estado. La SEPI (sociedad dependiente de Hacienda) posee el 28% de la compañía de defensa y, además, es acreedora de la firma asturiana (razón por la que tiene a dos representantes en su consejo de administración). Ambas son consideradas "estratégicas", respectivamente, por el Gobierno nacional y el asturiano: Indra por estar llamada a ejercer como la gran empresa tractora de la industria española de defensa, y Duro por ser una compañía de ingeniería con medio millar de profesionales cualificados. Y, sobre todo en este segundo caso, por razones más bien históricas, políticas y sentimentales: es una empresa que, en algunos ámbitos de la región, aún funciona como símbolo de la tradición industrial y minera de las Cuencas.

Dado que Indra (que ha recibido unos 8.000 millones de euros de préstamos públicos para modernizar el Ejército) no quería pagar más de 6 millones por Barros, dado que los llamamientos de diversos sectores a Duro para ser "generosa con Asturias" no parecen haber sido escuchados, y dado que el Principado no quería dejar escapar la ocasión de que Indra implante en la región una segunda fábrica de vehículos militares, la solución del Gobierno regional ha sido recurrir al presupuesto público (el que sale de los contribuyentes) para abonar una cantidad con la que Duro se sienta satisfecha y, posteriormente, alquilar el enclave langreano a Indra.

No se trata, como decíamos, de la primera ocasión en que el asturiano de a pie acude en ayuda de Duro, aunque lo haya hecho indirectamente, esto es, a través de decisiones de los gobiernos de España y de Asturias. Sucedió en 2021, cuando la SEPI rescató a la empresa con 120 millones, parte de los cuales (Hacienda somos todos) también salieron del bolsillo de los asturianos. Pero, así como Duro sí prevé devolver ese dinero (con plazos más largos y condiciones más laxas gracias a su plan de reestructuración), no sucederá lo mismo con los 6 millones que ese mismo año inyectó el Principado en la atribulada empresa. La mencionada reestructuración –bendecida por el juez Rafael Abril antes de su mudanza a Luxemburgo– ha permitido que esa deuda se esfume. De hecho, ha permitido que la empresa se deshaga de una losa de 1.000 millones. Una deuda tan pesada como un tanque.

Por eso tantas voces pedían "generosidad" a Duro en los últimos meses, por eso insistían en que la empresa tenía una "deuda con Asturias" y debía vender Barros para que allí brotara una fábrica con tecnología punta y muchos profesionales cualificados que revitalizara la declinante economía de las Cuencas.

Pero, como Duro no ha querido, el Principado ha ideado la receta con la que deshacer el nudo: comprar la fábrica con el dinero suministrado por los asturianos. Un nuevo ejemplo de nuestra encomiable generosidad, digna incluso de un premio "Princesa".

Suscríbete para seguir leyendo

TEMAS

Tracking Pixel Contents