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Rosa, dulce y sostenible: el arándano de premio que se cultiva en Asturias

Arándanos El Cierrón, de Villaviciosa, recibe uno de los Premios BBVA a los Mejores Productores Sostenibles por una fruta que sorprende por su color, su sabor y la forma en que se cultiva

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Pablo Solares

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L. L.

Cuando alguien prueba por primera vez el arándano rosa de El Cierrón, la reacción suele repetirse. Primero llega la sorpresa por el color, un rosa intenso que no se espera en un arándano. Después llega el sabor, dulce, crujiente y con un punto cítrico que explica su nombre comercial, Pink Lemonade. "Cuando la gente lo prueba por primera vez, les encanta", cuenta la segunda generación de esta empresa familiar asturiana.

Esa fruta singular es la que ha llevado a Arándanos El Cierrón, con sede en Villaviciosa, a ser una de las diez empresas distinguidas en la séptima edición de los Premios BBVA a los Mejores Productores Sostenibles, impulsados junto al Celler de Can Roca. El jurado ha reconocido su variedad poco común, su producción ecológica y la agricultura de precisión. "Para nosotros supone un reconocimiento muy especial, no solo por el prestigio de BBVA y del Celler de Can Roca, sino porque pone en valor una forma de trabajar en la que llevamos muchos años creyendo. La sostenibilidad no es algo que hayamos incorporado ahora para obtener un reconocimiento, sino que forma parte de nuestra manera de entender la agricultura desde hace mucho tiempo", explica Adrián García, cabeza visible del proyecto.

Un color con árbol genealógico

El rosa no es un artificio. Procede de un cruce complejo entre un arándano azul silvestre y uno albino, y se debe a las antocianinas, los mismos pigmentos que dan color a otros frutos rojos y que se asocian a numerosas propiedades beneficiosas para la salud. Los pasteleros lo aprecian además por una razón práctica: conserva su tono y no mancha los postres.

Adrián García, responsable de Arándanos El Cierrón / Pablo Solares

Producirlo, sin embargo, exige paciencia. Agronómicamente sigue siendo un arándano, pero es un material menos habitual y cada variedad responde a su manera en crecimiento, floración, maduración y calidad. "Hay que estudiar cómo se adapta al terreno y al clima, y eso requiere años de observación", explica García.

La sostenibilidad, medida al milímetro

Aquí está el segundo pilar del premio. Las plantaciones trabajan en ecológico y están totalmente sensorizadas. Los sensores miden en tiempo real distintos parámetros para dar a cada planta el agua y los abonos orgánicos que necesita, ni más ni menos. El resultado es un ahorro sustancial de agua y fertilizantes, y una fruta producida de forma más eficiente.

Para El Cierrón, sin embargo, la sostenibilidad no se agota en una certificación. Tiene que ver con tener datos para entender lo que ocurre en la finca y poder reducir el consumo de recursos. La empresa ha trabajado su huella de carbono y su huella hídrica, y cuenta con controles como Global G.A.P. y los del COPAE. "Producir más con menos suena muy fácil, pero no lo es", admiten.

De los primeros arándanos del norte a un vivero propio

Detrás de la tecnología hay una historia de familia. En 1989, sus padres plantaron en Asturias una de las primeras plantaciones de arándanos del norte de España, cuando el cultivo era casi experimental en la región. En 1992 abrieron su propio vivero de arándanos, frambuesas y zarzamoras. Tres décadas después, aquella pequeña cosecha de verano se ha convertido en un modelo que combina fruta, planta e innovación varietal.

Detalle de los arándanos que se cultivan en Fuentes, Villaviciosa / Pablo Solares

El vivero es, de hecho, una de sus grandes ventajas, porque les permite conocer las nuevas variedades desde el principio. También ha abierto la puerta a otra apuesta, la de llevar el "del campo a la mesa" al pie de la letra: fruta ecológica que llega a casa del cliente en menos de 24 horas.

Acercar el campo

Quien produce y quien consume han estado demasiado lejos el uno del otro, y por eso la web de la empresa, activa desde 2015, y sus perfiles en redes sociales buscan acortar esa distancia. En estos espacios desde El Cierrón enseñan cómo cultivan, cómo recogen y qué hay detrás de una empresa familiar.

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Mirar al futuro sin perder el origen

El premio, dicen, les ha dado mucha visibilidad, pero lo viven como un comienzo. Quieren ser un referente de los arándanos y los frutos rojos en España, crecer en planta y en fruta ecológica, y sumar productos nuevos, como los deshidratados, que llegarán en breve. Todo ello sin renunciar al carácter familiar. "Queremos seguir estudiando su comportamiento, mejorar su producción y conseguir que llegue al consumidor como una fruta diferenciada y de calidad. Al final, nuestro objetivo es que dentro de muchos años podamos seguir diciendo que somos una empresa familiar asturiana que continúa innovando en torno al arándano, como hicieron mis padres cuando comenzaron este camino", recalca Adrián García.

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