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Las Rompetechos

Más que una camionera, una “fenómena” al volante

A la langreana Jennifer da Conceição siempre le gustó conducir y acabó convirtiéndolo en su profesión

Jennifer da Conceição Martínez, junto a uno de los camiones bañera que suele conducir. | VIVAS

“Muchas veces mi tía y yo decíamos en broma que cómo no nos hacíamos camioneras y al final, mira, acabé de camionera”. Cuando hablaba con su tía, la langreana Jennifer da Conceição Martínez, de 28 años, no pensaba realmente que esa pudiera ser su profesión. De hecho, no se lo planteó hasta que comenzó a trabajar en la báscula de una cantera en Frieres, donde veía camiones a lo largo de toda la jornada laboral. “Me empecé a interesar por ellos, y como siempre me había gustado mucho conducir, me decidí a sacarme el carné”, explica. Con el relato de esta langreana termina esta serie en la que LA NUEVA ESPAÑA ha dado voz a las “rompetechos”, mujeres pioneras en acceder a actividades que estaban reservadas para los hombres.

“Creo que no somos más camioneras porque es difícil que, siendo mujeres y sin experiencia, te confíen un camión”

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A la hora de ponerse a los mandos de un camión, Jennifer no quería llevar uno cualquiera y apostó por el vehículo más grande de todos, el camión bañera, que está dotado con una caja abierta basculante que descarga por vuelco y que puede transportar cargas de hasta veinte toneladas. “Es lo que veía en la cantera; he conducido otros camiones más pequeños, pero prefiero llevar la bañera”, apunta. Esto supone una complicación más, sobre todo a la hora de encontrar trabajo, porque “es difícil que te contraten sin experiencia, y la verdad que me costó que me dieran una oportunidad, pero finalmente lo conseguí”. Más cuando suele ser un mundo dominado por los hombres donde las mujeres suelen ser algo casi anecdótico. “Solo conozco a otra mujer que conduce una bañera como yo, pero la verdad que nunca he tenido ningún problema, todo lo contrario”, afirma, añadiendo que “tengo muy buena relación con todos mis compañeros, me siento muy apoyada y estoy muy contenta en el trabajo”.

Y en casa, ¿cómo lo viven? “Pues mi madre es la que más me apoya, está encantada de tener una hija camionera y le gusta fardar de ello”, señala. No solo su madre, también sus amigas. “Aunque ellas me decían que qué miedo ir con un camión tan grande, pero yo estoy encantada porque no tengo miedo a nada en la carretera”.

“Tengo muy buena relación con todos mis compañeros, me siento muy apoyada y estoy muy contenta en el trabajo”

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Por ese “miedo” también cree que muchas mujeres no se meten a camioneras, aunque no es la única causa. “Creo que no somos más camioneras porque es muy difícil que, siendo mujeres y sin experiencia, te confíen un camión, pero es todo probar”, apunta. A pesar de ello, anima a aquellas que estén pensando en hacerse camioneras: “Lo difícil no es sacarse el carné, sino tener experiencia, pero en el momento que la consigues todo va a mejor”. Así, da cuenta de una vez que vio una oferta de empleo para trabajar cerca de casa. “Hablé con el jefe por Whatsapp y le dije que me manejaba muy bien con el camión para adelante, pero que tenía que practicar un poco más con la marcha atrás, y ya no me respondió más”, señala. Afortunadamente, sí encontró otro jefe que le dio una oportunidad. “Estaba conmigo todo el rato y, las veces que me frustraba porque no lo hacía bien, me decía que no me preocupase, que eso le pasaba a todos; de hecho, hubo un palista que, tratando de restarle hierro al problema, me dijo que estos problemas se daban durante los primeros veinte años así que no tenía que preocuparme”. Pero no necesitó tanto tiempo. “Al final le cogí rápido el tranquillo y se me da muy bien, hay alguno que llegó a decirme que le daba cuarenta vueltas a cualquiera con experiencia y otros me dicen que soy una fenómena, y me presta por la vida escucharlo”.

Eso sí, no niega que se trata de una profesión “dura” y que el trabajo puede hacerse “pesado”. Para empezar, hay una gran diferencia entre conducir un coche y un camión bañera; sobre todo, al dar marcha atrás “porque es completamente distinto, aunque solo es cogerle el tranquillo”. También se hace distinto cuando hay que tomar una curva o meterse en una rotonda porque “te tienes que abrir mucho más con el camión, y siempre hay algún coche que se te pone al lado y te hace difícil maniobrar, de eso no te das cuenta hasta que no conduces un camión”.

“Pasas muchas horas en soledad, aunque yo no tengo problema porque me encanta estar sola”

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También hay que tener en cuenta otras cuestiones. “Hago unos 450 kilómetros al día, y pasas muchas horas en soledad, aunque yo no tengo problema porque me encanta estar sola, también hay que tener cuidado con la espalda porque son muchas horas sentada, o con el sueño, pero te acabas acostumbrando”, explica. El trabajo tampoco le deja mucho tiempo libre y, cuando lo tiene, a veces prefiere “descansar en casa que salir por ahí, con lo que te puede afectar un poco a la vida social, pero la verdad que estoy encantada y espero que poco a poco seamos muchas más mujeres”.

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