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Asturias encadena cuatro presupuestos seguidos por primera vez en quince años

IU y Cs, únicos elementos permanentes en los apoyos del PSOE en esta legislatura | Podemos solo ha respaldado dos de las últimas siete cuentas

Cuando el jueves apretaron el botón del sí, 26 diputados de PSOE, IU y Ciudadanos estaban consolidando un ciclo de estabilidad de cuatro años con presupuestos que Asturias desconocía desde 2007. Ayer fue el primer día de vigencia de las cuentas recién aprobadas para 2022, las cuartas consecutivas que obtienen los apoyos parlamentarios suficientes para evitar la prórroga, y eso se aleja mucho de lo que se había vuelto habitual. Han pasado quince años de convulsa turbulencia política desde la última vez que el Principado estrenó presupuestos en cuatro eneros seguidos, en el que sería el equivalente temporal a una legislatura completa. La holgura de la mayoría socialista en la Junta volvió a abrirse paso y el tercer presupuesto con Adrián Barbón al frente del Gobierno regional se salvó gracias a los apoyos de PSOE, IU y Ciudadanos. Estos tres proyectos triunfantes de Barbón se suman al del último ejercicio de Javier Fernández y el total da un ciclo de cuatro presupuestos encadenados, insólito en Asturias desde que el Ejecutivo que encabezaba Vicente Álvarez Areces sacó adelante, con el apoyo de IU, todos los de 2004 a 2007, los de su segunda legislatura.

De allí hasta aquí, el trayecto ha venido revirado, jalonado de dificultades para la aprobación de los proyectos y de prórrogas. El parlamento autonómico ha cambiado mucho desde entonces, de pronto PSOE e IU dejaron de bastarse solos y el progresivo incremento de su heterogeneidad política ha encarecido tanto el entendimiento y el pacto presupuestario que de los siete intentos entre 2012 y 2018 únicamente cristalizaron tres. Asturias, que hasta 2011 solo había tenido que prorrogar sus cuentas cuatro veces en prácticamente treinta años, conoció otras tantas prórrogas en siete… El camino del pacto presupuestario se ha enderezado a partir de 2019, con una aparente mejor disposición para la búsqueda de apoyos que sin embargo esconde algunas cargas explosivas con el detonador a la vista. Porque todas las cuentas de la legislatura han ido saliendo adelante, pero tal vez no con la compañía que parecía más probable, o más deseable para el partido que sustenta al Gobierno a la luz de las intenciones que declaró al entrar, y eso despierta recelos en sus socios naturales.

Reforzado por las urnas de 2019, pero obligado aún a apuntalar su mayoría con alianzas, el PSOE de Barbón afrontó siempre el debate fundamental del año repitiendo de palabra la letanía de sus predecesores. Quería buscar la complicidad de la izquierda y ha terminado sacando adelante sus tres primeras leyes presupuestarias con IU, sí, pero también siempre con Ciudadanos, el otro elemento permanente en las ecuaciones presupuestarias de la legislatura, ya fuera por la vía del apoyo explícito o por la de la abstención decisiva. Todos los grupos, salvo PP y Vox, han estado en algún acuerdo, pero sobre todo IU y Ciudadanos.

En las cuentas de 2020, la abstención de la diputada naranja Ana Coto –que rompió la disciplina de voto en su grupo antes de dimitir– se unió a la de Adrián Pumares, portavoz de Foro, para salvar los noes del resto de la Cámara. En las de 2021, las del factor corrector de la pandemia, Podemos se unió a PSOE, IU, Ciudadanos y Foro para configurar la mayoría más amplia conocida en la Junta. En este presupuesto de 2022, sin llegar a pasar apuros, los socialistas han visto descabalgarse del acuerdo a Podemos y Foro, con los morados en la abstención y un evidente recelo en la izquierda por el acercamiento entre PSOE y Ciudadanos. IU, un socio de investidura cada vez más descreído, interpretó su voto a favor de las cuentas de este año como un “sí distante”, un asentimiento envuelto en reprimenda por la “línea política” tendente al naranja que vislumbran en un Ejecutivo que para su gusto usa demasiado la “geometría variable”.

Desde su llegada a la Junta en 2015, Podemos se encontró con todas las miradas que invitaban a un acuerdo de las fuerzas de la izquierda, pero de los siete presupuestos que el PSOE introdujo en el parlamento desde entonces sólo dos han obtenido su voto favorable. Únicamente ocurrió en 2019, en las últimas cuentas de Javier Fernández, votadas a un paso de las elecciones autonómicas, y en las de 2021, las que recabaron los apoyos de la Junta bajo promesa de soluciones para la salida de la crisis que trajo la pandemia. No hubo más. El jueves, en un gesto elocuente, Barbón agradeció la abstención podemista a su flamante nueva secretaria general, la diputada en el Congreso Sofía Castañón, pero queda por ver qué ocurrirá a partir del viraje en la dirección de Podemos tras las primarias que le han dado el mando a Castañón, a ojos vista menos renuente al entendimiento con los socialistas que su antecesor, Daniel Ripa.

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