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Un café en la Junta

Sandra Camino quiso ser Connie Sellecca en "Hotel" y acabó en la Junta con paso firme de tacón: "El día que despegue el zapato del suelo, lo dejo"

"Si algo me gusta, soy "polvorilla"… lo que no me gusta es la gente que deja las cosas para mañana"

"Soy asturiana de la calle Gascona; de joven lo de ser mulata era raro y pirar clase era imposible, las monjas me tenían muy fichada"

Sandra Camino, con su café sin azúcar en la cafetería de la Junta General.

Sandra Camino, con su café sin azúcar en la cafetería de la Junta General. / Luisma Murias / Luisma Murias

Vicente Montes

Vicente Montes

Oviedo

"Un café en la Junta" es una charla distendida con las diputadas y diputados del parlamento asturiano. La condición es salir del marco del debate político, hablar de tú a tú: remover con la cucharilla la vida cotidiana; echarle medio sobre de azúcar a la solemnidad del hemiciclo.

El café con Sandra Camino va sin azúcar. No le hace falta: lo endulza con sabor genuino ella sola, con una sonrisa que no apea, una frase afilada y esa forma de entrar en un sitio como si ya lo tuviera conquistado. Es su primera legislatura en la Junta General y esta diputada del Partido Popular se presenta tal cual: directa, trabajadora, “polvorilla”, con tacones que la anuncian antes de verla y una convicción que repite como si fuera un lema personal: sonrisa siempre, zapatos pegados al suelo. Es, además, la primera parlamentaria mulata en la historia de la Junta General de Asturias. Vamos, todo carácter.

-Ya sé que eso de preguntar la edad … pero ¿cuántos años tienes, Sandra?

-Bueno, te podría decir que tengo trece y medio.

-¿Y eso?

-Porque nací un 29 de febrero. Chico, hay que ser especialista hasta para nacer... En serio, tengo 54 años recién cumplidos.

-Es tu primera legislatura. ¿Antes estabas implicada en política?

-Yo seguía absolutamente al Partido Popular. Y sobre todo al PP de Oviedo. Desde cuando Agustín Caunedo estaba como Alcalde. He ido a muchos actos, he estado muy pendiente de la política. He vivido esos procesos que parecía que el partido sufría altibajos. O sea, que antes estuve de simpatizante, militante y ahora en la actividad política dentro del partido… es una satisfacción ver eso.

-Pero cargos orgánicos no habías tenido.

-No. Siempre con mi actividad profesional, y como militante de base.

"Cuando me llamaron para ir en la lista pensé que se habían equivocado al marcar"

-¿Y cómo surge la opción de entrar en la lista electoral autonómica?

-En la Junta General muchas veces a los diputados se nos asocia a una materia. Y en este caso se asoció la materia al diputado, a la diputada en este caso. A mí me llamó Diego Canga. Vio mi perfil, lo compartió con quien hoy es nuestro presidente, Álvaro Queipo, y con Luis Venta, el portavoz adjunto.

-¿Los conocías?

-A Diego Canga sí, de trabajo. Y me sorprendió mucho que quisiera contar conmigo. De hecho, cuando me llamó pensé que se había equivocado al marcar. “¿Sandra?” Y yo: “Yo soy Sandra Camino… no sé si te habrás equivocado”.

-Pero esa llamada se produciría por algo…

-Yo había participado en unas charlas del partido con grupos de la sociedad civil para aportar ideas, y luego Diego Canga me llamó para formar parte del equipo. Y, normal, también con la premisa de pasar el filtro de Álvaro Queipo y también de Luis Venta, que volvía a primera línea. Y fue un engranaje muy bueno.

-¿Y cómo se llega a casa y se dice: “Me han propuesto ir en la lista autonómica para ser diputada”?

-Me sorprendí a mí misma, pero fue una decisión que tomé yo sola. La compartí con mi familia… pero después de tomarla. En casa siempre hicimos eso: profesionalmente cada uno buscó su camino. Y cuando vi que esto me podía gustar y que era el momento, porque igual hace 20 años no lo era, o hace 10 tampoco, pensé: “¿Por qué no?”. Y dije: “Vamos a intentar aportar, sumar y aprender”. Y estoy aprendiendo muchísimo.

-¿Te imaginabas cómo era el Parlamento por dentro?

-Algo sabía, porque seguía comparecencias, sobre todo algunos plenos. Pero llegar aquí es una carrera de aprendizaje.

-Bueno, siendo militante, ya ponerse a seguir los plenos es de nota…

-No todos, claro. Pero sí cuando había algún tema que encajaba con mi sector, que es el turismo, y veía que no parecía que se le diera la importancia que debería. Por eso también di el paso adelante.

"Siempre he trabajado, como un bólido; pero la potencia sin control no sirve de nada"

-Y cuando llegaste aquí, ¿era como esperabas?

-Me sorprendió. Sobre todo, porque aquí va todo más ralentizado respecto al ritmo al que yo estaba acostumbrada. Mi vida empezaba a las seis menos diez de la mañana y me metía en la cama a las doce de la noche. Un sin vivir. Haciendo 200 kilómetros diarios por trabajo… Yo siempre he estado trabajando, como un bólido. Pero cuidado, que la potencia sin control no sirve de nada. Pero sí, mucha potencia, mucha.

-Eres “polvorilla”.

-Soy “polvorilla” en el sentido de que si algo me gusta… lo que no me gusta es la gente que deja las cosas para mañana.

-Decías lo de los 200 kilómetros diarios porque tú ibas hasta Llanes a diario, para trabajar en un hotel.

-A Llanes, sí. La última etapa de mi vida profesional fue allí. Dirigí un hotel y era directora académica de los chavales que hacían el doble grado de Turismo y el título propio de la Universidad de Oviedo de dirección hotelera. Fue maravilloso. Tratar con jóvenes, formarles y ver que ahora están colocados en buenos puestos… eso a mí me llena muchísimo.

"Veía en la tele la serie 'Hotel' y a Connie Sellecca y me dije: 'Quiero hacer eso'"

-¿Qué te llevó a estudiar Turismo?

-Te vas a reír: lo estudié porque yo veía la tele y había una serie maravillosa que se llamaba Hotel. Yo veía a Connie Sellecca y decía: “Yo quiero ser directora de hotel”. Estudié Turismo, hice también Empresariales, de la que me quedan algunas asignaturas. Pero tenía clarísimo que lo mío era la hotelería, y he sido una gran afortunada porque he podido dedicarme a lo que me gustaba. Muchas veces te dicen que es suerte. No, la suerte no existe. La suerte la buscas. Yo soy de los que piensan que por los sueños se suspira y la suerte se trabaja. Si no trabajas no llegas a la meta. Yo me marco metas muy claras.

-¿Siempre fuiste así?

-Siempre. Yo he sido así de “oscurita”, así de transparente. Siempre.

-Ya que lo dices, cuéntame de dónde te viene lo de “oscurita”.

-Mi madre era asturiana, falleció hace unos años, y mi padre es gallego. Esto viene de una historia de familia de lejos, de antepasados… y me tocó a mí. Me tocó ser, como digo yo, “la oveja negra” de la familia y nacer el 29 de febrero. Lo tengo todo.

-¿Y esos ancestros?

-Mis bisabuelos. Pero si me ves con el resto de mi familia no te lo crees.

-Esas cosas de los genes. Pero tu ADN es asturiano.

-Soy tan asturiana que nací en la calle Gascona y sigo teniendo mi casa en Gascona.

-Y sidrera.

-Sidrera. Si me la dan caliente como “mexu” yo no la bebo.

-¿Era raro ser mulata en Oviedo en tu época?

-Mucho. Éramos muy pocos, no como ahora, que hay tanta diversidad. Lo de pirar clase era imposible. Las monjas me tenían muy fichada.

-Tienes una hija de 23.

-Sí. Empezó Química, le gustó mucho, pero en segundo… atravesó. Cambió radicalmente: Comercio y Marketing. Y ahora me dice que igual termina Química. Pero en Oviedo dice que no.

"Soy muy sonriente; pero no me busques, que tengo genio"

-¿Es más de tu carácter o del de su padre?

-Es mezclada. Muy sonriente y muy positiva. Yo siempre veo el vaso medio lleno. Creo que es algo que me caracteriza. Si tuviera que decirte, creo que me caracterizan las gafas, el perfume, la sonrisa y mis tacones. Me oyen desde que entro. El otro día, aquí en la cafetería, Cristian estaba de espaldas haciendo un café y dice: “Esa es Sandra”. Y yo: “Hola”.

-Pisando fuerte.

-Es carácter. Y soy de dar la mano fuerte. Una vez un empresario asturiano, al presentarnos, le di la mano y me dice: “Eso es, como un paisano”. Y yo encantada: doy la mano con determinación.

-¿Cómo son las relaciones con diputados de otros grupos?

-Muy buenas. Aquí impera el respeto. Yo tengo amigos de todos los colores, pero en mi casa cuando entran se tienen que vestir con el abrigo del respeto. Si no, no hay cabida. Y aquí igual. Soy muy sonriente, pero no me busques, que tengo genio.

-¿Qué cosa del Parlamento no te esperabas cuando llegaste?

-Hay una que me sorprendió… Decían que me había tocado “el brownie”, como yo digo: el marrón, por presidir la comisión de Hacienda, que se supone que es muy tediosa, muy técnica. Y te digo una cosa: si la tengo que volver a llevar, la llevo encantada.

-¿Por qué?

-Porque quien lleva toda la vida en política lo puede ver tedioso, sí. Pero los que venimos del mundo profesional, sin ese conocimiento, a mí me dio una amplitud de miras de todas las materias de este Parlamento. Pasar presupuestos, analizar cada comisión o ley que pasa por Hacienda te da una visión que si no, no tendrías.

"Predicar con el ejemplo es la única manera de hacerte respetar"

-Bueno, venías de gestionar hoteles….

-Claro: Hacienda es una cuenta de resultados en toda regla. Y te soy sincera: a veces escuchaba cosas, sobre todo del lado del gobierno y me quedaba como pensando: “¿Qué está diciendo?”. Y apuntaba. Creo que hay que cumplir la palabra. En mi casa hay tres palabras que se cumplen: compromiso, lealtad y respeto. Cuando tienes un equipo, tienes que poder dejarte caer hacia atrás y no tocar el suelo, porque no te dejan caer. He sido afortunada en ese aspecto. Veo que quien nos dirige en el PP, Álvaro Queipo, predica con el ejemplo. Lo mejor en esta vida es predicar con el ejemplo, es la única manera de hacerte respetar.

-Bueno, en tu caso predicas con el carácter.

-Te puedes olvidar el teléfono, me pasa mil veces. Te puedes olvidar las llaves. Yo nunca me olvido la sonrisa. Consigues muchas más cosas, lo tengo clarísimo.

-¿La gente de fuera entiende lo que hacéis aquí, en el parlamento? ¿Qué sensación tienes tú?

-La gente que me conoce sabe que he venido a aportar. Y lo que más me gusta es que me dicen: “Ahí, ahí, con la suela pegada al suelo”. Yo no despego el zapato del suelo. El día que lo despegue, dejo la política.

-Eso es perder perspectiva.

-Nunca. Yo digo lo que pienso, a veces me lo paro a pensar, pero digo lo que pienso. Y sobre todo hago lo que digo. El mejor piropo que me han hecho en mi vida es decirme que soy una persona íntegra. Lo mejor.

-No me negarás que la imagen de la política está muy devaluada…

-Y por eso creo que los políticos tenemos que dejarnos conocer más de cerca. Nosotros (en el PP) lo estamos haciendo: estar en el territorio, salir, ir. Mi marido dice que yo en el maletero llevo el baúl de la Piquer: lo mismo chirucas que unos tacones. Tienes que estar escuchando siempre. Y eso que yo hablo mucho… pero escucho. Cada vez más.

-Se nos enfría el café…

-Pues ahora nos lo tomamos. Sin azúcar, claro.

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