Cuando la democracia enferma: el aviso de dos constitucionalistas sobre las grietas del Estado de Derecho
Los constitucionalistas Ana Carmona y Josep Maria Castellà advierten, en la Junta General del Principado, del deterioro que suponen las mayorías frágiles, la ausencia de presupuestos y el intento de politizar los órganos de control en medio de un auge del populismo

Ana Carmona, Juan Cofiño y Josep María Castellà, en la Junta General, antes de iniciarse el acto. / Luisma Murias / Luisma Murias

Si habláramos metafóricamente de la muerte de la democracia, un golpe de estado vendría a ser un infarto fulminante. Pero no siempre las democracias desaparecen así y más en estos tiempos: en ocasiones se produce un deterioro general de salud, aparecen dolencias, problemas, y el estado de derecho termina entrando en una lenta agonía cuyo deterioro no se ve en el día a día, pero se aprecia con la perspectiva.
Ana Carmona Contreras, catedrática de Derecho Constitucional en la Universidad de Sevilla, y Josep María Castellà Andreu, catedrático de la misma disciplina en la Universidad de Barcelona, disertaron este martes en la Junta General, en un acto del ciclo “Espacio Fundamentos”, que organiza el parlamento asturiano junto a la Universidad de Oviedo. El título, “En defensa del Estado de Derecho”, se convirtió en un homenaje al desaparecido jurista José Tudela Aranda (su último libro lleva ese título), quien precisamente iba a ser uno de los participantes en el acto.
Sobre ese diagnóstico, el de un Estado de Derecho que acusa preocupantes signos de fatiga, ambos juristas advirtieron de una erosión que avanza desde dentro y apelaron a reforzar las defensas del sistema.
El presidente de la Junta General, Juan Cofiño, abrió el acto con un diagnóstico contundente sobre el deterioro del Estado de Derecho, que vinculó al auge del sectarismo y la polarización política. Advirtió de que se está produciendo un desplazamiento preocupante del eje democrático, ya que “pierde la razón, gana la voluntad; pierde el derecho, gana el carisma; al final, gana el poder”, citó, apoyándose en el libro del jurista José Tudela.
A su juicio, el Estado de Derecho, entendido como un sistema de controles y contrapesos diseñado para evitar abusos, se encuentra hoy tensionado por el retorno del populismo “de todo tipo” y por dinámicas de enfrentamiento político que también se perciben en la Cámara asturiana, donde “se han obviado los consensos” en favor del “frentismo”.
Frente a ese escenario, defendió la necesidad de recuperar el “culto a la ley” y reforzar la cultura cívica, apelando a la educación como herramienta clave. Cerró su intervención, refiriéndose a Isaiah Berlin, comparando la democracia con un césped que hay que cuidar; si se abandona, “se agosta y muere”.
La democracia sin límites deja de ser Estado de Derecho
La catedrática de Derecho Constitucional de la Universidad de Sevilla, Ana Carmona Contreras, centró parte de su intervención en la idea de que: la democracia no puede reducirse al gobierno de la mayoría. A su juicio, el poder democrático solo es legítimo si está sometido a la Constitución y a los límites del ordenamiento jurídico. De lo contrario, se abre la puerta a una degradación del sistema desde dentro.
Populismo y “democracias iliberales”
Carmona situó el principal factor de riesgo en el auge del populismo, no tanto por su definición como por sus efectos: el debilitamiento de garantías, la desactivación de contrapesos y el vaciamiento progresivo del Estado constitucional.
En ese contexto, alertó sobre las llamadas “democracias iliberales”, que mantienen formas democráticas, pero erosionan sus fundamentos reales, convirtiendo la voluntad política en un poder cada vez menos limitado.
La anomalía de la ausencia de presupuestos
La catedrática describió varias “grietas” del sistema español. Entre ellas, el deterioro del parlamentarismo, con mayorías de investidura que no se traducen en mayorías de gobierno estables, lo que genera incertidumbre y bloquea la acción política.
Señaló como síntoma especialmente grave la ausencia de presupuestos, recordando que su aprobación es una obligación constitucional y que la prórroga no puede convertirse en norma.
A ello sumó el uso creciente del decreto ley, que desplaza al Parlamento como espacio central de deliberación, y la colonización partidista de instituciones de garantía como el Consejo General del Poder Judicial o el Tribunal Constitucional, percibidos cada vez más en clave de bloques.
Pese al diagnóstico crítico, Carmona subrayó que el sistema ha resistido, aunque con desgaste, y defendió que su preservación exige no solo normas, sino también compromiso cívico con la legalidad y los límites al poder.
Sin control del poder no hay democracia constitucional
El catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Barcelona, Josep Maria Castellà Andreu, abordó la cuestión desde una perspectiva más interpretativa, tomando como eje el legado intelectual de José Tudela. Su idea central fue clara: el Estado de Derecho es, ante todo, un sistema de limitación del poder, y su debilitamiento implica una alteración profunda del equilibrio democrático.
Castellà advirtió de una tendencia creciente a identificar democracia con pura legitimidad de origen, es decir, con la voluntad mayoritaria, relegando el control del poder. Ese desequilibrio, explicó, es característico de las derivas populistas, que sitúan el poder en el centro y reducen la importancia de los mecanismos que lo limitan.
En ese marco, señaló fenómenos como la exaltación del “derecho a decidir”, el hiperliderazgo en los partidos o la idealización del referéndum como expresiones de una democracia sin mediaciones.
Parlamentarismo en retroceso
El catedrático alertó también del debilitamiento de la democracia parlamentaria, con una creciente “presidencialización” y una pérdida de centralidad de las cámaras, hasta el punto de hablar de un “parlamentarismo negativo”, basado en la mera supervivencia política.
Reivindicó el papel del Parlamento como espacio de deliberación y pluralismo, y subrayó la necesidad de reforzar los contrapoderes, especialmente la independencia judicial. En ese sentido, insistió en que la captura partidista de instituciones de control supone uno de los mayores riesgos para el sistema, y defendió el papel del Tribunal Constitucional como garante último de la Constitución, no como extensión del conflicto político.
Castellà amplió además el foco hacia la sociedad, recordando que la democracia no se sostiene solo en las normas, sino en una cultura política que respete las instituciones y los límites del poder.
Un aviso a los jóvenes: “Sin instituciones no hay salidas”
En el turno de preguntas del público, un joven asistente interrogó a los ponentes sobre su visión acerca del “populismo juvenil”, en referencia al auge de opciones populistas entre los jóvenes. La conjunción de términos causó sonrisa en Castellà, quien introdujo un matiz relevante al afirmar que se trata de una tendencia ligada a los nuevos modos de formar opinión, especialmente a través de las redes sociales.
A su juicio, ese entorno favorece visiones “simplificadas y polarizadas”, y puede hacer más atractivos determinados discursos. Sin embargo, distinguió entre una reacción generacional, que consideró normal en contextos de gobiernos prolongados, y un fenómeno más preocupante.
Y ese riesgo aparece cuando se desprecian las instituciones o se buscan “atajos” frente a problemas reales, como la falta de oportunidades. “Sin instituciones no hay salidas”, resumió. Frente a ello, reivindicó el papel de las instituciones como espacios de mediación —desde los parlamentos hasta los partidos o asociaciones— y subrayó la importancia de una sociedad civil activa, capaz de generar comunidad y alternativas.
Con todo, el tono final no fue de derrotismo, sino de defensa activa. Frente al diagnóstico de fatiga institucional, los ponentes reivindicaron también la capacidad de resistencia del sistema y la posibilidad de corregir sus derivas si se recuperan el respeto a la ley, el valor de los contrapesos y una cultura cívica exigente. La democracia sigue teniendo defensas, pero necesita ser cuidada, fue el mensaje final, para evitar que perezca ante nuestros ojos y nos percatemos cuando ya sea demasiado tarde.
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