Cruce de monólogos en la Junta: Barbón califica a Queipo de "pufo" y el líder del PP denuncia la "absoluta vergüenza" del Gobierno
La sesión de control entre el Presidente y el jefe de la oposición deriva otra vez en un “diálogo para besugos” con reproches cruzados, dos visiones incompatibles y un repaso genérico a la actualidad

Queipo y Barbón / LNE

El muro dialéctico que existe entre el PSOE y el PP ha quedado una vez más evidenciado en el cara a cara entre el Presidente del Principado, Adrián Barbón, y el líder del PP, Álvaro Queipo, en el turno de preguntas parlamentario, este miércoles en la Junta. De un tiempo a esta parte, las confrontaciones verbales entre ambos dirigentes se convierten, más que en un diálogo, en dos discursos paralelos, sin posibilidad de puntos de encuentro.
Por cuarta vez preguntaba este miércoles Álvaro Queipo con una fórmula retórica genérica, en una estrategia para buscar sorprender a Barbón en el turno de contrarréplica, que el líder popular aprovecha para convertir habitualmente en un discurso de enmienda a la totalidad de la acción del Gobierno. En esta ocasión, la pregunta era la siguiente: “¿Comprende ya que su mala gestión perjudica el futuro de Asturias?”.
En realidad, más que una pregunta concreta, la intervención del líder popular volvió a funcionar como una plataforma para desplegar un catálogo de reproches. Al igual que en otras ocasiones, Barbón aprovechó también para desplegar su listado argumental de defensa de su Gobierno, y los reproches habituales al líder del PP para afearle su “falta de experiencia” y recordarle que “no ha gestionado nunca nada en su vida”.
No se diferenciaba demasiado la pregunta de Queipo de las tres anteriores: “¿Por qué no atiende los problemas de Asturias?”, “¿Sabe ya a qué se debe el fracaso de su gestión?” y “¿Cree que la gestión de su gobierno podría ser peor?”.
El cara a cara entre el principal líder de la oposición y aspirante a tomar el Ejecutivo en 2027, y el Presidente autonómico, que debería ser uno de los momentos más relevantes en la agenda política parlamentaria, quedó convertido, como en otras ocasiones, en dos visiones incompatibles sobre el rumbo de Asturias, un poco, al modo de aquellos divertidos y surrealistas “Diálogos para besugos” que publicaba en Brugera el guionista Armando Matías Guiu, y que siempre comenzaban de la misma manera. Uno saludaba: “Buenos días”. El otro respondía: “Buenas tardes”.
Antes de entrar en materia, Queipo tuvo un recuerdo para las víctimas y las familias del accidente de Cerredo, del que el martes se cumplió un año. Barbón se sumó a ese homenaje en el inicio de su respuesta a la pregunta genérica de Queipo, para luego reivindicar la reciente inauguración de la nueva unidad de hemodiálisis en el Hospital de Jarrio y reprochar al líder popular que llevase “años” anunciando que el centro “iba a cerrar”. “Como gestor es una absoluta incógnita”, deslizó además el presidente.
A partir de ahí, el presidente del PP, Álvaro Queipo, construyó un discurso de oposición a la totalidad. Sostuvo que el Principado recauda “más que nunca” y que, sin embargo, Asturias funciona “cada vez peor”. Fue encadenando, uno tras otro, los grandes frentes que el PP quiere situar en el centro del desgaste del Ejecutivo: la presión fiscal, el gasto institucional, la dependencia, las listas de espera sanitarias, la situación del hospital de Jarrio y el debate abierto sobre la posible asunción de competencias ferroviarias. Según su visión, el Gobierno dispone de más recursos que nunca mientras se deterioran “la sanidad, la vivienda, los servicios sociales, la educación” y también “la burocracia con la Administración”.
El líder popular puso cifras a esa impugnación. Habló de 8.000 asturianos pendientes de ayudas de dependencia, de esperas de hasta 17 meses y de 1.245 fallecidos el pasado año, dijo, sin haber recibido la prestación que les correspondía. También elevó a 180.000 los asturianos incluidos en algún tipo de lista de espera sanitaria y aseguró que esa cifra supone un “73% más” desde la llegada de Barbón a la presidencia. En el caso de Jarrio, sostuvo que las listas quirúrgicas han aumentado un “80%” en ese mismo periodo y acusó al presidente de querer vender como gran avance unas obras cuyo grueso, afirmó, “lleva paralizado seis años”. “¿Pero usted qué nos quiere vender?”, llegó a preguntarse.
Anunció además que, si accede al Gobierno, realizará una auditoría sobre las listas de espera al considerar que los datos que ofrece el Principado están “maquillados”.
La "vergüenza" como ataque; el "pufo" como réplica
Barbón puso el foco una vez más en la falta de experiencia de gestión de Queipo y esgrimió contra el líder del PP una expresión que atribuyó a un expresidente: “Pufo”. Primero la utilizó para desacreditar al dirigente popular como augur de la situación económica asturiana: “Como pitoniso es un pufo”. Después elevó el tono y remató calificándolo como “pufo parlamentario”, tratando de dibujarlo como un opositor inconsistente, incapaz de concretar sus preguntas y de sostener una crítica sólida sobre la acción del Gobierno. “Usted no sabe, usted no quiere y usted no puede”, abundó el presidente.
Barbón usó el término como hilo conductor para invertir la ofensiva del PP y presentar a Queipo como un líder que “confunde absolutamente todo”: “La regla de gasto con el objetivo de déficit”, “los datos macro con los micro” y, en suma, el funcionamiento real de la Administración. Paradójicamente, Barbón sufrió poco después el reproche de la portavoz de Vox por confundir los datos de deuda con los de déficit.
En cualquier caso, el presidente defendió que Asturias se sitúa entre las comunidades con mejores datos fiscales y reprochó al jefe de la oposición que sembrara dudas sobre la situación financiera del Principado justo cuando se acaban de conocer cifras, dijo, “especialmente positivas” para la comunidad. “Asturias está ya por debajo del 13% de endeudamiento que exige la ley”, sostuvo, para presentar al Principado como una de las autonomías con “mejor gestión económica”.
Para Queipo, en cambio, la acción del Gobierno de Barbón es de “absoluta vergüenza”. El líder de la oposición intentó fijar la imagen de un Gobierno agotado, instalado en “la propaganda” y en “los anuncios tardíos”, especialmente en asuntos como la intención de negociar una transferencia de la gestión ferroviaria, desvelada por LA NUEVA ESPAÑA, y que Queipo relacionó con “filtraciones de fuentes anónimas para buscar titulares” antes que mediante una propuesta formal y consensuada en la Junta.
El líder del PP censuró que el Ejecutivo insinúe ahora que Asturias podría asumir competencias ferroviarias después de años defendiendo la actuación inversora del Estado en la comunidad. A su juicio, el Gobierno busca abrir ese debate a un año de las elecciones autonómicas “sin una estrategia clara”, “sin consensuarlo con la oposición” y “sin explicar antes qué ha fallado” para llegar a esa conclusión. En esa misma línea, vinculó ese movimiento con otras promesas incumplidas o anuncios sobredimensionados del Ejecutivo y lo presentó como “una mentira más”.
Frente a la Asturias bloqueada que dibujó el PP, el presidente encadenó anuncios y balances: “30.000 personas trabajando más”, “más empleo”, “menos paro”, la expectativa de superar los “400.000 cotizantes”, el refuerzo de Jarrio, la inversión en Cabueñes, la gratuidad de la matrícula universitaria, las inversiones industriales ligadas a defensa o el crecimiento del aeropuerto. También defendió la campaña de difusión sobre la denominada vía fiscal asturiana para evitar que los contribuyentes pierdan deducciones autonómicas en la declaración de la renta, un gasto cuestionado por Queipo como ejemplo de “autobombo institucional”.
La última parte de su intervención le sirvió a Barbón, además, para anunciar el aplazamiento, fraccionamiento y flexibilización del pago de tributos autonómicos para paliar el impacto económico derivado de la guerra de Irán, una medida que enlazó con la experiencia aplicada durante la pandemia. Recordó que el PP votó en contra de aquella iniciativa cuando se incorporó a los presupuestos de 2020, pero obvió que los populares también llevaban esa propuesta en una iniciativa más amplia que se discutía minutos después.
Lo dicho. Cruce de monólogos. Diálogo sin puntos en común, como aquellos de Armando Matías Guiu. Sirva como referencia un extracto de uno de ellos:
—Esto es el cuento de nunca acabar.
—¿Y por qué no acaba usted el cuento?
Pues eso.
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