Los revolucionarios comienzan el ataque sobre Oviedo con una fuerte ofensiva por el barrio de San Lázaro
Las fuerzas gubernamentales se hicieron fuertes dentro de la ciudad, en la que penetraron profundamente los asaltantes

La Casa Blanca, en la calle de Úría, uno de los enclaves defensivos de las fuerzas gubernamentales / Archivo de Ernesto Conde
M. F. D.
Esta información fue publicada originariamente el 4 de octubre de 1984 con motivo del 50 aniversario de la Revolución del 34. LA NUEVA ESPAÑA realizó un gran despliegue editorial para dibujar cómo fueron aquellos días con la ayuda de historiadores y los testimonios de las personas que lo vivieron, famosas o anónimas. Estos días, con motivo de los 90 años de estos sucesos, recuperamos ese trabajo de Melchor Fernández Díaz, director del diario por entonces, y los redactores que participaron en la interpretación de estos hechos históricos.
6 DE OCTUBRE DE 1934. A primeras horas de la mañana los revolucionarios comienzan el ataque sobre Oviedo, lanzando una fuerte ofensiva por el barrio de San Lázaro, a la que sigue otra por Buenavista. A primeras horas de la tarde consiguen tomar el Ayuntamiento, que abandonan los guardias de Asalto que lo defendían.
Al final de la jornada casi media ciudad está en poder de los revolucionarios.
Varios aviones sobrevuelan Oviedo, pero no bombardean las posiciones de los sublevados, que a lo largo de la mañana alcanzan.
dos importantes objetivos fuera de la capital: la fábrica de explosivos de La Manjoya y, sobre todo, la de cañones de Trubia. En Sama termina la resistencia del cuartel de la Guardia Civil.
En Avilés los revolucionarios consiguen dominar el barrio de Sabugo y hunden el barco "Agadir" a la entrada de la ría, para evitar el desembarco de tropas en el puerto.
En Gijón la mañana se desarrolla con normalidad e incluso abren los comercios. Por la tarde los revolucionarios se hacen notar en el barrio de El Llano y a la noche hay disparos contra el cuartel de Zapadores, en El Coto.
Entre tanto, por el puerto de Pajares llegan los primeros efectivos militares enviados por el Gobierno de Madrid para sofocar a los sublevados. Estos les hacen frente en Campomanes y logran detener
su avance.
Gonzalo Martínez Covisa, radiofonista, conserva un recuerdo imborrable del 6 de octubre de 1938: "A las nueve de la mañana abandonamos la Casa Blanca donde vivíamos, porque iba a establecerse en ella el Ejército".
Ya sonaban disparos por las calles y las personas mayores levantaban los brazos para que se viera que no llevaban armas.
Los niños les imitábamos. Yo llevaba en cada mano un perro de peluche. Uno se llamaba "Pum" y el otro "Trostky". Este último lo conservo todavía. Mi madre, mi hermano y yo fuimos a la calle de Fray Ceferino, a casa de una señora amiga de la familia.
Allí pasamos los días de la Revolución.
Lalo Covisa tenía entonces seis años. La Casa Blanca, en la calle Uría, uno de los orgullos de la arquitectura ovetense de la época, había sido construida por su abuelo, el industrial Ramón Martínez Galán y diseñada por su padre, cuando aún no había acabado la carrera de arquitectura.
Fue una de las posiciones defensivas establecidas por el mando militar de la ciudad para afrontar el ataque de los revolucionarios.
Los revolucionarios habían diseñado, bajo las directrices de Francisco Martínez Dutor, funcionario de la Diputación y ex sargento del Ejército, un plan para la conquista de Oviedo. Un grupo debería caer sobre la ciudad en la noche del día 5, mientras asaltaban los cuarteles en las cuencas mineras, y reducir a los oficiales libres de servicio en sus domicilios, que habían sido facilitados por el sargento Diego Vázquez, el cual había desertado dos días antes del Regimiento número 3, acuartelado en el cuartel de Pelayo. Pero la falta de coordinación entre los grupos de insurrectos acampados en las afueras de la ciudad, que les habían llevado incluso a intercambiar disparos entre sí en la oscuridad, abortó la operación sorpresa.
En la noche del 5 al 6, los revolucionarios habían preparado un nuevo esquema de ataque.
Una columna procedente de Mieres (en Langreo resistía todavía el cuartel de la Guardia Civil de Sama), se apostó en las cercanías del cementerio, donde previamente habían sido escondidos numerosos fusiles. Otra, al mando del expresidente de la Diputación, Ramón González Peña, se situó en la falda del Naranco para irrumpir en la ciudad por Buenavista. Y una tercera, menos numerosa, entraría por la carretera de Santander, teniendo como objetivo la Fábrica de Armas.
En total, este primer contingente de revolucionarios, sumaba seguramente menos efectivos que las tropas que se encontraban en el interior de la ciudad, unos 2.000 hombres que se desglosaban así: 1.300 soldados en el cuartel de Pelayo, reforzados con 200 más procedentes del cuartel de Zapadores de Gijón; 400 guardias de Asalto, y 100 guardias civiles.
El ataque
El ataque de los revolucionarios se desencadenó a primera hora de la mariana por San Lázaro. Una sección de guardias de Asalto, reforzada más tarde por soldados de Zapadores, chocó violentamente en el Caño del Águila con los revolucionarios, procedentes de Mieres y mandados por Arturo Vázquez.
Los mineros, organizados en grupos de combate de cinco hombres, tres de los cuales utilizaban fusiles o escopetas y dos lanzaban cargas de dinamita, hicieron retroceder a las tropas y poco después entraban en San Lázaro, siendo vitoreados por habitantes del barrio.
Poco más allá, en la esquina de la calle de la Magdalena, la comandancia de carabineros, con apenas una docena de defensores, se constituía en un foco de resistencia más fuerte que el propio Ayuntamiento, guarnecido por guardias de Asalto, que a las dos y media de la tarde reciben la orden de retirarse.
Entretanto, González. Peña había atacado por Buenavista y sus hombres, tras dominar el Hospital Provincial bajaban hacia la calle de Uría, varias de cuyas casas habían sido ocupadas por el Ejército como bastiones defensivos.
Mientras estos hechos sucedían en Oviedo, a escasos kilómetros, en Trubia, se producía un acontecimiento importante.
El comunista Juan José Manso, adelantándose a los planes revolucionarios, había dado un auténtico golpe de mano y, con un pequeño grupo de hombres, había tomado la fábrica de cañones, de la que era mecánico.
Al anochecer los revolucionarios dominaban media ciudad, en tanto que los defensores se agrupaban en varias posiciones defensivas: los cuarteles de Pelayo, Santa Clara y la Guardia Civil, la cárcel, la estación del Norte y su depósito de máquinas, varias casas de la calle Uría y un polígono en torno al Gobierno Civil.
Este dispositivo defensivo diseñado por las autoridades militares ha sido objeto de fuertes críticas. El general Daniel González Moral, que vivió el comienzo de la revolución en Sama de Langreo, cuando era un muchacho de 21 años, opina hoy que "Aranda tenía en 1936 menos hombres de los que habla en 1934 para organizar la defensa, pero los utilizó mejor.
Las ciudades se defienden en la periferia, no en su interior".
Al anochecer, el día 6 de octubre, mientras el tiroteo se espaciaba, el Comité revolucionario se reunía en el Ayuntamiento de Oviedo. Para su presidente, el socialista Bonifacio Martín, encuadernador de profesión, las dependencias no resultaban extrañas: él era concejal.
- La Guardia Civil decomisa en Galicia 28 kilos de pulpo que transportaba una empresa de Asturias
- Habla la familia afectada por el incendio en una chabola en Luanco: 'Queremos una vivienda; el Ayuntamiento nos ha dejado aquí tirados
- Un futbolista, trasladado al HUCA tras el Oviedo-Granada: “Tenía mareos y no veía bien”
- Muere un montañero tras sufrir una caída cuando hacía una ruta por Somiedo
- Asturias se consolida entre los destinos turísticos mejor valorados de España: mejora su nota y solo tiene una región por encima
- Los Fuegos deslumbran a Gijón con su ritmo, colorido y su magia: 'La traca final ha sido impresionante
- La tragedia en la montaña de Somiedo: el leonés de 75 años que falleció tras una caída hacía una ruta con su hija, yerno y nieto
- Dos jóvenes heridos graves tras una agresión con una botella rota durante las fiestas de Navia