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El último combate: las fuerzas gubernamentales completan el aislamiento de los revolucionarios dentro de las cuencas mineras

Con la toma de Trubia, las fuerzas gubernamentales completan el aislamiento de los revolucionarios dentro de las cuencas mineras

La calle Fruela de Oviedo tras la Revolución. En el recuadro, Sergio León.

La calle Fruela de Oviedo tras la Revolución. En el recuadro, Sergio León.

Melchor Fernández

Melchor Fernández

Esta información fue publicada originariamente en octubre de 1984 con motivo del 50 aniversario de la Revolución del 34. LA NUEVA ESPAÑA realizó un gran despliegue editorial para dibujar cómo fueron aquellos días con la ayuda de historiadores y los testimonios de las personas que lo vivieron, famosas o anónimas. Estos días, con motivo de los 90 años de estos sucesos, recuperamos ese trabajo de Melchor Fernández Díaz, director del diario por entonces, y los redactores que participaron en la interpretación de estos hechos históricos.

17 DE OCTUBRE DE 1934. Las tropas del Gobierno se apoderan al anochecer de Trubia, que ha sido aban donada por los revolucionarios. La columna Solchaga ocupa Noreña y choca en El Berrón con fuerzas socialis en el recuerdo de quienes la vivieron tas y anarquistas procedentes de Langreo. El frente Sur permanece estacionario, prácticamente sin lucha. Los dirigentes revolucionarios, entre tanto, buscan una sali da a la desesperada situación en la que se encuentran los insurrectos, totalmente cercados en las cuencas mineras por un fuerte dispositivo militar. Por la noche el Comité provincial se reúne en Sama y decide intentar una negociación con el general López Ochoa.

La vertiginosa actividad bélica de días anteriores se ha ido atenuando hasta casi desaparecer, a medida que las tropas gubernamentales han ido empujando a los revolucionarios hacia el interior de las cuencas mineras. El general en jefe, López Ochoa, se muestra ahora muy prudente y antes que lanzarse al ataque parece más interesado en encerrar a los insurrectos dentro de un círculo perfecto, según las palabras con que describirá el máximo dirigente revoluciona rio, Belarmino Tomás, la disposición de las tropas.

Al margen de las cuencas solo queda un enclave revoluciona río importante: Trubia, con su fábrica de cañones. Las tropas, bajo el mando directo del teniente coronel Yagüe, se ponen en marcha desde Oviedo en la madrugada del día 17, con legionarios y Regulares a la cabeza. A unos tres kilómetros de Trubia se produce una primera escaramuza. Luego el Ejército va tomando posiciones lentamente, desplegándose por los montes, a una y otra orilla del Nalón. Al anochecer aún no se ha producido el intento asalto al pueblo.

Aurelio de Llano, que siguió personalmente a la columna durante algunos kilómetros, relata en su libro que un cabo, al volver a la carretera e intentar regresar a su unidad, se equivocó de sentido de la marcha y, en vez de caminar hacia Oviedo, lo hizo hacia Trubia. Cuando se dio cuenta, estaba en el interior del pueblo. Los revolucionarios se habían retirado. Esa misma noche los Regulares ocupaban Trubia sin disparar un tiro.

El último combate

El último combate de la Revolución se había librado en El Berrón. Desde Langreo hablan salido socialistas y anarquistas para oponerse al avance de la columna Solchaga a través de la carretera carbonera. Al frente de las escuadras socialistas figura Manuel Otero, que ha tenido una intervención destacada a lo largo de la insurrección. Los cenetistas felguerinos participaron también en la operación, utilizando un tren blindado y un camión asimismo recubierto por chapa y provisto de ametralladoras. El choque armado entre las fuerzas del Ejército y los revolucionarios que les salen al encuentro se produce en El Berrón. El intenso tiroteo que se produce será el último combate de la Revolución

La otra espera

Mientras entre los revolucionarios, que aguardan un desenlace, la espera se hace angustiosa, hay otras personas que aguardan con un ánimo muy distinto el final de la Revolución. Sơn las que permanecen prisioneras. Es el caso, por ejemplo de Sergio León, que en el mes de septiembre había sido nombrado delegado gubernativo en Mieres, al ser suspendido de sus funciones el alcalde socialista.

Militante del Partido Reformista, que acaudillaba Melquiades Álvarez, Sergio León recuerda ahora, a sus 90 años, aquellos acontecimientos. Miguel Somovilla habló con él en Mieres.

"Detuvieron también a gran parte de la dirección de la Fábrica de Mieres recuerda. Sergio León. Nos llevaron a la capilla de San José, en Ablaña. Estuvimos allí unos quince días, pero nos trataron muy bien. Dejaban llevar la comida de casa, incluso. En general, se puede decir que la gente que mandaba por la zona del Caudal se comportó toda muy correctamente y no atentaron contra nadie. Hubo, eso sí, algunos grupos reducidos que decían que había que matar a los presos, pero Alfredo González Peña, que era entonces alcalde de Mieres. Aunque había sido sustituido en el cargo por mí, como delegado gubernativo, les dijo que no se les ocurriera hacer tal cosa. Recuerdo concretamente que les señaló que si querían matar fascistas que fueran a San Esteban de las Cruces, que era donde estaba uno de los frentes"

La prisión del "Hachu"

Cuando la Revolución llegaba a su fin, Sergio León y quienes estaban presos con él en Ablaña fueron liberados. Llevamos un buen susto, señala el entonces delegado gubernativo de Mieres, porque vino a sacarnos de la iglesia un señor que era amigo mío, aunque estaba con los insurrectos. Se presentó de madrugada y pregunto por mí. Los demás se alarmaron porque pensaban que se trataba de algún revolucionario que venía en busca de alguno de nosotros. Después se aclararon las cosas, ya que nos explicó que nos sacaban de allí para evitar que vinieran otros detrás y nos mataran.

Sergio León, una vez liberado, formó parte de una comisión que se trasladó a Oviedo, en una camioneta de la Cruz Roja, para conocer la situación y las instrucciones del mando. El general López Ochoa ya se encontraba entonces en la capital asturiana. El ex delegado gubernativo en Mieres aún tiene grabada la imagen de la prisión de El Hachu, improvisada cárcel para los revolucionarios. "Primero se había instalado a los presos en el sótano, pero después, como no cabían, hubo que habilitar otras salas. Entre los presos estaba Alfredo González Peña, que me dijo que allí no se podía respirar, que estaban hacina dos. Yo hice consultas y me respondieron que una solución era que fuesen a la cárcel de Oviedo, pero ellos se negaron. Me dijeron que preferían seguir allí. En Mieres, aunque fuese en peores condiciones, porque eso les permitía recibir visitas de sus familiares".

En cualquier caso, Sergio León insiste en que "los socialistas no hicieron ningún daño durante la Revolución en Mieres. Hubo algún hecho aislado y que no se puede achacar directamente a sus dirigentes, como la muerte de un cura de La Rebollada, al que mataron después en Loredo, pero nada más que yo recuerde o haya visto, señala.

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