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Vocal de Medicina Extrahospitalaria y Atención Primaria del Colegio de Médicos de Asturias

El diálogo entre el médico y el paciente

Los valores de los facultativos de cabecera para un ejercicio de calidad en una sociedad medicalizada

El Consejo de Gobierno, por acuerdo de 2 de agosto de 2017, ha decidido conceder la Medalla de Asturias, en su categoría de plata, a la Red de Profesionales y Centros de Atención Primaria del Servicio de Salud del Principado (SESPA). Ello conlleva una distinción de primer orden para todos aquellos que conformamos la mencionada red asistencial de nuestra comunidad autónoma.

En calidad de representante de la vocalía de Médicos Extrahospitalarios y de Atención Primaria en la Junta Directiva del Ilustre Colegio de Médicos de Asturias quiero dar las gracias a nuestro Gobierno por una distinción que engloba a todas las personas vinculadas a la Atención Primaria, tanto personal sanitario como no sanitario. En las líneas que siguen haré algunas reflexiones acerca del proceso de enfermar, así como de determinadas circunstancias en relación con la figura del médico de familia, médico de Atención Primaria y/o médico de cabecera.

La enfermedad es un hecho misterioso, no racionalmente explicable. La enfermedad surge de la vida misma, lo que no deja de ser contradictorio. En este dilema, el enfermo precisa de la integridad del médico: de su saber y de su consuelo. La medicina conlleva el manejo de la incertidumbre. Y es aquí donde adquiere mayor relevancia el papel integrador que asume el médico generalista. El reduccionismo imperante, tendente a "industrializar la sanidad", ignora el sufrimiento humano buscando soluciones técnicas a través de la certidumbre y el control. Pero la incertidumbre continuará presente en la medicina, pese a que se utilicen las máquinas más avanzadas para atender a las personas enfermas. Y la enfermedad es muy compleja y ambiciosa. Lamentablemente, esta visión globalizadora e integradora va siendo más y más postergada hasta el punto de que la Atención Primaria va adquiriendo progresivamente un papel residual en los sistemas sanitarios. Los indicadores sociosanitarios certifican el hecho de que un Sistema de Salud vigoroso pilota sobre una primaria bien estructurada (véase los sistemas nórdicos u anglosajones).

Pero, a pesar de esta contundente evidencia, nuestros gestores practican una dualidad que les permite, por un lado asumir este enunciado, y por otro, no actuar en consecuencia; esto es, potenciando y apostando por el primer nivel de atención sanitaria. Así, el valor social del generalista se va difuminando y la opción de los estudiantes de medicina se dirige hacia otras especialidades. Y la Medicina de Familia no es ajena a este estado de cosas, enmarcándose en la actual confusión que tiende a obviar que el único lugar de encuentro del médico debe ser con el paciente y sus circunstancias.

La Atención Primaria es el eje del Sistema Sanitario, liderando la gestión de procesos tanto agudos como crónicos, modulando el recorrido del paciente a través de la encrucijada sanitaria y adoptando un papel medular en cuanto a la eficiencia y sostenibilidad del Sistema de Salud (esto último recogido explícitamente en el acuerdo del Consejo de Gobierno).

El médico considera a sus pacientes como seres únicos e irrepetibles sin tener en cuenta su condición social, cultural, étnica, orientación sexual ni de cualquier otra índole. El ejercicio de la medicina exige un compromiso ético tendente a proporcionar una asistencia de calidad centrada en el interés del enfermo. La actual dinámica de la relación médico-paciente establece que al ingreso en el Sistema Sanitario el paciente ya ha adquirido el derecho a que su nivel de particularidad y/o singularidad sea respetado. El enfermo y el médico conversan. Las imposiciones y generalidades han quedado obsoletas.

La antigua relación de sumisión ha devenido en una relación de diálogo en la que, en todo caso, el médico, en cuanto depositario de una ciencia y un saber, debe sostener con contundencia su protagonismo profesional.

El médico de cabecera debe estar atento de cara a diagnosticar y tratar la enfermedad, detectar y prevenir lo previsible y, siempre, soslayar el sobrediagnóstico, claramente asociado a una sociedad medicalizada y, en tantos aspectos, enferma y claudicante de sí misma.

La medicina debe devenir en pedagogía: argumentando, explicando y/o llegado el caso, minimizando con prontitud posibles errores cometidos. El médico de cabecera ha de proceder en todos estos supuestos con honestidad y sinceridad con y hacia sus pacientes. Prudencia, diligencia, atención plena y templanza, añadiría don Gregorio Marañón.

Precariedad laboral y salarial, plantillas deficitarias, consultas masificadas, ingentes labores burocráticas y de escribanía, urgencias para las que somos requeridos, emergentes y preocupantes agresiones verbales y/o físicas? Todo ello conforma el día a día del médico de familia "que está para todo", con una agenda permanentemente abierta y disponible. Es bien conocido y contrastado que la mayoría de problemas sanitarios se resuelven a nuestro nivel asistencial. Entonces, ¿por qué la inercia administrativa que lleva a abandonar a su suerte al primer nivel asistencial? Abogamos por una suficiencia en la financiación y en la inversión pública en Sanidad: en Atención Primaria hemos descendido del 14.6 % en 2014 al 14.2% en 2015; en el presente año 2017 y en el documento AP25 "La Atención Primaria de Salud en España en 2025", auspiciado por la Organización Médica Colegial, proponemos un incremento progresivo del orden del 0.3% anual hasta alcanzar el 17.3% correspondiente al año 2025.

Recientemente el consejero de Sanidad nos ha transmitido el concepto de información transparente, que debe presidir el contacto de los pacientes con el Sistema de Salud. No estaría de más señalar al respecto el creciente número de usuarios que enarbolan sus derechos, obviando las más mínimas obligaciones contractuales contraídas con el Sistema. Así las cosas, no sorprende el incremento en el número de reclamaciones escasamente fundamentadas. Por ende, el profesional se ve abocado a una medicina defensiva, tan cuestionable en sí misma como inconveniente, dado que puede poner en duda la sostenibilidad del propio Sistema Sanitario. No es baladí señalar que es deseo y empeño de los médicos generalistas, y del resto de profesionales de Atención Primaria, promover un Sistema de Salud sostenible, eficaz y eficiente, que nos permita cumplir con el precepto que señala el acuerdo del Consejo de Gobierno con el que se nos distingue, esto es, llevar a cabo "un compromiso ético y social con nuestros pacientes".

El Colegio de Médicos de Asturias es el órgano colegial que representa al colectivo médico, en cuyo seno cohabitan diversas sensibilidades. El Colegio trata de salvaguardar la idoneidad de las diversas actuaciones profesionales, ligadas a la noble profesión médica. En el seno de su Junta Directiva no albergamos la menor duda de que, tal y como se ha apuntado, un Sistema Sanitario potente y resolutivo debe pivotar sobre la excelencia de una Atención Primaria de calidad. Desde esta Vocalía no dejaremos de trabajar y alentar, a fin de alcanzar tan loable objetivo.

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