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Portavoz parlamentario de IU de Asturias

Retroceso en la salud mental en Asturias

La necesidad de refundar un modelo de atención comunitario, potenciando las unidades de dirección y coordinación de programas

Es el momento de reconocer la parálisis y el retroceso del modelo de salud mental comunitaria que se está produciendo en Asturias, después de décadas de lenta, compleja y desigual transición desde un modelo manicomial.

Un modelo que se puso en marcha en Asturias con un carácter pionero respecto al conjunto de la reforma sanitaria.

No entraré en el pronóstico reservado del de la sanidad pública tras una década de recortes, exclusiones y privatizaciones.

Sin embargo, sí es preciso constatar, en primer lugar, la pérdida del impulso inicial, la fatiga del modelo de salud mental asturiano y su funcionamiento inercial a lo largo de los últimos años que ahora muestra evidentes signos de deterioro.

Asistimos con carácter general a su deriva ambulatoria y hospitalocéntrica, medicalizada y medicamentalizada que debilita la atención integral, el trabajo en equipo y los programas, así como la cooperación con la atención primaria, con los servicios sociales y la intervención sobre sus determinantes sociales.

En ese sentido lo primero es no engañarse ni apelar al pasado glorioso de construcción del modelo de salud mental comunitario para acallar la denuncia de su estancamiento e involución hacia un modelo meramente psiquiátrico y clínico.

Es evidente el debilitamiento de la dirección estratégica del modelo y el consecuente fraccionamiento de los programas, las áreas y gerencias en subsistemas casi feudales donde el dominio de las áreas de gestión clínica se entienden más como un nuevo nivel de dirección, subsidiario del hospital de agudos y sus prioridades gestoras, que como parte de un modelo comunitario, integrado y participativo.

Por otra parte, y a pesar del conjunto de infraestructuras y equipos de rehabilitación creados como alternativa a la institución manicomial, como los denominados centros de tratamiento integrales CTI, el ETAC, los pisos protegidos etc., persiste aún el conflicto y la indefinición de dispositivos, de perfiles profesionales y de competencias, lo que lastra el trabajo en equipo y condiciona su cada vez más evidente papel secundario frente a la inercia médico clínica.

El incumplimiento del principal, y casi único programa operativo, relativo al trastorno mental grave, dentro del inexplicablemente aplazado 'sine die' plan de salud mental, es una muestra de la fatiga y parálisis del modelo. Es significativo que al cabo de más de una década de su elaboración este programa destinado a la detección precoz, el tratamiento y la rehabilitación psicológica y social del trastorno mental grave se encuentre paralizado, sino en regresión y sea motivo de conflicto en una de las principales áreas sanitarias.

Los resultados que se pretendían: como mantener la psicopatología en términos aceptables, prevenir las complicaciones y el deterioro funcional de las personas afectadas y su dependencia mejorando el auto cuidado y la calidad de vida, no han sido siquiera evaluados. Las medidas organizativas y de funcionamiento integral del programa tienen además un cumplimiento muy insuficiente e irregular.

En definitiva, que corremos el riesgo de que un modelo pionero de salud mental se desorganice y deteriore volviendo al modelo psiquiátrico manicomial, ya sin manicomio.

Precisamente, esa dinámica ha provocado el retroceso consiguiente del sistema de información y una evaluación, casi inexistentes. Involución en especial de la investigación y la formación hacia un modelo predominantemente biológico, clínico y médico, capitaneado por la Universidad y las farmacéuticas.

Sin embargo, la competitividad neoliberal, el retroceso de lo público, la crisis económica, la precariedad e inseguridad laborales, los nuevos modelos sociales individualistas y el impacto de las nuevas tecnologías de la información no han hecho más que incidir sobre los trastornos mentales y la necesidad de un enfoque comunitario.

Es por ello que es urgente relanzar y refundar los Centros de Salud Mental, el trabajo programado biopsicosocial y en equipo y su cooperación con la Atención Primaria como ejes de la red de salud mental.

Se trataría también de recuperar y potenciar la dirección estratégica del sistema de salud mental comunitario, y de las unidades encargadas de la dirección y coordinación de programas, reconsiderando las llamadas áreas de gestión clínica.

Es preciso también definir mejor y potenciar los dispositivos intermedios y de rehabilitación, dentro del programa de trastorno mental severo, evitando reproducir el modelo manicomial de contención y control, ahora en el domicilio del paciente.

De igual modo, es preciso establecer el papel profesional y restablecer el funcionamiento en equipo, en particular de los profesionales en Psicología, la enfermería general y especializada, los terapeutas ocupacionales y el trabajo social para poner coto al desánimo y la desprofesionalización.

También es necesario adoptar buenas prácticas en el uso racional de los psicofármacos y someter a revisión las prestaciones basadas en la evidencia que ofrecen los servicios de salud mental.

Es urgente hacer de los Derechos humanos y la lucha frente al estigma una prioridad con protocolos de contenciones, consentimiento, internamiento e incapacitaciones, con el máximo nivel de exigencia. Es preciso igualmente relanzar la aplicación de los programas, inexistentes o meramente formales, de trastorno mental grave, infanto-juvenil, gerontopsiquiatría.. y modernizar a su vez la atención de las adicciones.

Además, sería importante rectificar los modos autoritarios de dirección y gestión de personal, la escasa participación social y profesional en los Servicios de Salud Mental y la deficiente incorporación de los métodos de evaluación interna y externa basada en los derechos y la participación del usuario evitando el riesgo del paternalismo.

Por último, habrían de abordarse temas olvidados u obviados por incómodos como las deficiencias en la calidad de los servicios concertados o psicogeriátricos, el recurso cada vez más frecuente a la terapia electro-convulsiva y los conflictos de interés en la prescripción, la formación pre y postgrado y la investigación?

Se trata, pues, de reconocer la crisis que vive la salud mental asturiana, para sacudir la actual inercia y tomar medidas decididas y refundar un modelo de atención comunitario cada vez más necesario.

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