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Eduardo Lagar

"Etzidamu"

El nuevo plan de captación de talentos científicos y la necesidad de acordar qué región queremos ser

Si el lenguaje es, en realidad, el ser, las palabras intraducibles a otros idiomas reflejan como ningunas otras la visión del mundo, la forma de ser, de los hablantes de esa lengua. En euskera hay un puñado de palabras que no tienen traducción al castellano. Dos de ellas son "biharamun", que significa "día siguiente", y "etzidamu", que se traduce como "el día siguiente a pasado mañana". Haber compactado en una única palabra lo que nosotros tardamos más en enunciar, denota, digo yo, una preocupación colectiva y cotidiana por el futuro, una necesidad de economizar sílabas, y por tanto de ir más rápido, a la hora de ir organizándose para el porvenir. Los vascos, a lo que se ve, son más largos que nosotros cuando miran al calendario y saben que hay un lugar ahí al que habrán de llegar en el futuro: "etzidamu".

Quizá por eso se han convertido en uno de los espejos en los que se mira el nuevo consejero de Ciencia, Borja Sánchez, que aspira a reformular el modelo de captación de talento científico, a imitación de lo que llevan años haciendo los vascos y los catalanes. Para ello tendrá que conseguir que la clase política -quien al cabo tendrá que liberar, de los pocos cuartos que tenemos, el dinero necesario para contratar a esos talentos de la élite internacional- amplíe su horizonte de visión y empiece a atender "al día siguiente a pasado mañana" y llegue al acuerdo de que la ciencia, pase lo que pase, no se toca ni se recorta, pues requiere de años de paciente riego de recursos, de tejido de relaciones y conexiones entre investigadores, hasta que aquello empiece a florecer y a fortalecer el PIB. Tendrá que convencer a tanto miope con escaño de que, tal y como va este siglo XXI, ése es el único camino para traer prosperidad a la región. Salvo que queramos convertirnos en un gran cercado natural en el que nosotros, con nuestro pintoresquismo cachopero, hagamos de "Paca" y "Tola".

La tradición política asturiana dice que el Consejero mejor abandonaba. Siempre que un asunto necesita proyectarse más allá de los cuatro años electorales está abocado al fracaso. Llevamos años viéndolo, por ejemplo, con la esplendorosa riqueza forestal que supuestamente nos espera en los montes asturianos. Como la Ciencia, la madera necesita años de crecimiento. Además, suele hacerlo en silencio y captar pocos votos en el proceso. Por eso siempre, por lo menos hasta ahora, nos daba mejor resultado meter un par de cubas de hormigón y seguir avanzando (en realidad, retrocediendo) de cinta inaugural en cinta inaugural.

La última idea de un político asturiano que realmente prendió y transformó la región fue, hace ya más de tres décadas, la apertura de la rectoral de Taramundi, que abrió un sector nuevo en Asturias y además revolucionó nuestra visión del mundo rural. Desde entonces, ¿alguien podría citar algún un logro que realmente se haya incorporado a nuestro "ser" como región? Todo ha sido más de lo mismo: donde teníamos un carril, hubo dos. Este plan para la ciencia tiene ese mismo y saludable aroma de riesgo, ese perfume a futuro. Pero habrá que repetirse mucho "etzidamu, etzidamu, etzidamu".

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