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Juan Luis Fernández

La influencia de la temperatura en el coronavirus en Asturias: 10 grados menos suponen 85 casos más al día

Los pronósticos que ya hablan de la cuarta ola

Una enfermera prepara la vacuna para un sanitario contra el coronavirus en el Hospital Gregorio Marañón.

Una enfermera prepara la vacuna para un sanitario contra el coronavirus en el Hospital Gregorio Marañón. EP

Hay campañas de publicidad que afirman que el “virux” –como me gusta llamarlo– no piensa y nosotros sí, e intenta pasar la responsabilidad de la gestión sanitaria a las personas. Obviamente, la responsabilidad individual es la que tiene que guiarnos para que intentemos limitarnos a nuestra burbuja, pero esto tiene que estar acompañado de las medidas adecuadas por parte de los responsables políticos y de salud pública. Y no siempre ha sido el caso. 

Planteaba recientemente en una red profesional las siguientes cuestiones:

–Si el virus es un parásito, ¿qué interés tiene en acabar con su huésped?

–La mejor manera que tiene de sobrevivir, a parte de infectar, es mutar, para adaptarse al entorno. Quizá también bajar su intensidad. 

Creo que los humanos subestimamos el poder de la evolución. Si viésemos la infección como un problema de control, que lo es, entenderíamos cómo tratarlo. Comparándolo con un arte marcial, las vacunas son katas (ejercicios de aprendizaje) para entrenar el kumite (la lucha final). Las vacunas de ARN (ácido ribonucleico) inducen la transcripción de los genes que controlan el sistema inmune. Se podrían considerar como un medicamento.

Cuando observamos la curva media de infecciones en España, vemos claramente que, aunque el virus no conoce el calendario, su propagación está claramente influenciada por la meteorología, dado que aprovecha para replicarse los meses en los que empieza el frío. En un estudio que se publicará próximamente estimo, junto a mi alumno José María Loché, que el número de infectados diarios aumenta en 8,5 por millón de habitantes y bajada de grado de temperatura. Es decir, en una población de 1 millón de habitantes, como Asturias, una bajada de 10 grados induce de media unos 85 infectados diarios de más.

A nivel de Asturias, esto implica que Gijón y Avilés tienen una mejor situación que Oviedo en Invierno/Otoño, pero peor en verano, porque el mapa de temperaturas se invierte y las mínimas se alcanzan en la costa. La presión atmosférica tampoco ayuda. Bajas presiones aumentan los contagios. Soria, Segovia, Burgos, son los campeones. Filomena ha hecho de las suyas. Estamos viendo en tiempo real sus efectos, junto al desmadre de las Navidades.

Casos diarios en España y Asturias

Casos diarios en España y Asturias

A esto hay que añadir la movilidad y la conectividad. Por eso si se mira la gráfica de los infectados diarios en España, se compone de dos ondas que poseen una duración entre dos y tres meses. El resto es una lateralización del contagio. Lo que resulta engañino es la altura del primer pico, que se sitúa al nivel de la lateralización. Eso es debido al confinamiento total que sufrimos durante la primera ola. En esta misma publicación estimamos que el número total de infectados es 6 veces el número de PCR postitivas declaradas durante el confinamiento. Esto es debido a que básicamente se hacía análisis a aquellos que ingresaban en el hospital; es decir, el número de tests y de detecciones fue mucho menor que el que se está realizando ahora. Si multiplicamos el primer pico por 6 estaríamos en la magnitud de lo que estamos observando en la tercera ola, que comenzó en Navidades. ¿Entienden por dónde voy? Una vez controlada, empezará la lateralización, salvaremos el verano, y luego vendrá la cuarta. Solo nos salvarán la inmunización de grupo y las vacunas. Es decir, hay que poner el foco en lo que es importante. Este es un virus meteorológico, que como Filomena se puede predecir. Como dijo Poincaré, ingeniero de Minas como yo y genio de las matemáticas (a mí aún me queda): nada es aleatorio, solo nuestra ignorancia. No se trata de acertar o de fallar como cuando se hace la quiniela, o se juega a la bonoloto. Se trata de planificar, de tomar las decisiones adecuadas. El espíritu negacionista sobre el uso de modelos matemáticos robustos, que incluso he tenido la ocasión de observar en altas instancias del Principado de Asturias, solo conduce a que la ciudadanía no confíe en aquellos que administran los datos y toman las decisiones. Según esta visión tan cochambrosa no deberíamos predecir la meteorología, ni tampoco creer en las predicciones de los modelos que aseveran que podemos estar en un evento amplio de cambio climático. Y podría seguir y dar multitud de ejemplos. 

Y no me hablen de caos, ni del fenómeno del batido de las alas de mariposa. En este caso la bifurcación del modelo cuando intenta seguir o imitar a la realidad se debe únicamente a la ineptitud humana. Esa es la mayor fuente de caos. En resumen: estamos en manos de las vacunas, porque sin ellas habrá cuarta ola. Y el que se acuesta con niños meao se levanta...

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