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Mucho más que competición: la filosofía del "longboard" convierte a Castrillón en capital europea del surf

Sillas plegables a pie de playa, furgonetas y camaradería: casi 200 deportistas de diferentes países toman la costa en un arranque de campeonato donde la tribu de la "tabla larga" se impone a la falta de olas

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Salinas

El Cantábrico ha vuelto a sacar su cara más exigente, pero Salinas responde como solo ella sabe hacerlo. Entre el salitre del agua, el murmullo constante del oleaje y el vaivén de un paseo marítimo abarrotado, el Barreltopia Salinas Longboard Festival reúne estos días a unos 180 competidores que convierten al concejo asturiano de Castrillón en el epicentro europeo del surf de tabla larga.

A un lado de la arena, surfistas y acompañantes se acomodan en hamacas y sillas plegables, armados con telescopios y cámaras de grandes teleobjetivos para no perderse un solo movimiento. Al otro lado, los bañistas habituales miran de reojo las mangas de competición y se acercan a curiosear a una zona tomada por deportistas venidos de todos los rincones del continente.

La cita, que acoge el European Tour of Longboard (ETL) y el Campeonato de España, atrae a figuras consolidadas y promesas de la disciplina. Es el caso de Jon Garmendia, deportista de Zarautz (Euskadi) y cuatro veces campeón nacional, para quien la playa asturiana es una parada ineludible. “Todos los años es una cita obligatoria. Lo que más destaca es el buen ambiente. Las olas fallan un poco este año, pero hay mucho nivel”, explicó el guipuzcoano sobre una edición con notable presencia internacional y deportistas llegados de diferentes países europeos –con especial mención a Francia y Alemania– pero también otros llegados desde otros continentes, como América, con presencia, por ejemplo, de representantes de Brasil.

Las condiciones del mar en este arranque de festival obligaron a exprimir la lectura del agua. La jornada de este viernes se presentó complicada por el viento y la falta de fuerza en la marea. Sin embargo, la propia naturaleza del longboard —con tablas que rozan los tres metros de longitud— es la que salva el espectáculo: su flotabilidad permite surfear olas pequeñas y blandas donde una tabla corta convencional se quedaría completamente clavada.

Esa conexión especial con el agua la conoce bien Marc Pedroche, catalán de 38 años, cuyo idilio con el mar empezó a los once en una escuela de vela. Tal y como explicó el surfista mediterráneo, los pescadores locales, para quitarse de encima a aquel "culo inquieto", le dejaron una tabla con la que acabó descubriendo su verdadera pasión. “Las condiciones de hoy están difíciles, el mar está muy ventado y no he sabido encontrar el lugar”, reconoce tras salir del agua en su primera experiencia del actual festival. Para él, la esencia de la tabla larga va más allá del resultado: “Es un surf mucho más tranquilo, conectas más, sobre todo en la meditación. Hoy tenemos olas menos constantes y con menos fuerza, pero se disfruta mucho”. Además, sobre Salinas, Pedroche no escatimó elogios: "Siempre es un placer volver aquí. Ya es el tercer año y espero que sean muchos disfrutando de un mar tan bueno para surfear".

Ese espíritu de camaradería fuera del agua contrasta con la tensión que suele vivirse en otras modalidades. Desde Cádiz, Lara Sastre encara el campeonato tras unas horas al tanto de las primeras exhibiciones en la bahía de Salinas: “Normalmente me mentalizo, veo las mangas anteriores para ver cómo está la ola y le pregunto a mis compañeros de la Federación Española para ver qué me recomendarían”, comentó la andaluza, muy atenta a las mareas y a la temperatura del agua.

Pese a la brecha térmica y las rachas de aire, Sastre se mostró confiada en la mejoría prevista para el fin de semana y pone en valor el ambiente festivo de la costa asturiana. “Salinas siempre ha sido uno de los campeonatos donde viene más gente porque hay puestos, escenarios y música. En el longboard hay competitividad, pero no con la intensidad de la tabla corta. Por encima de todo, siempre hay muy buen rollo”, concluyó.

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