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Viajar sin prisa, sentir la carretera: la filosofía de las dos ruedas conquista Piedras Blancas

La "Liada Scooter Club" reúne a medio centenar de apasionados en la plaza Europa con el único requisito de rodar en monturas con más de 40 años de historia

Participantes llegados de toda Galicia, Cantabria y hasta Motril reivindican la belleza de la velocidad reducida y la mezcla de aceite en el motor frente a la prisa moderna

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Piedras Blancas

El petardeo metálico y el olor a aceite quemado delataron su llegada antes de que asomaran por el horizonte. Medio centenar de "scooteristas" convirtieron este mediodía la plaza Europa de Piedras Blancas en una suerte de museo al aire libre, atrayendo a curiosos que se acercaron a inspeccionar, entre la nostalgia y la fascinación, unas máquinas que rechazan la prisa moderna. No se trataba de una concentración al uso, sino de la decimocuarta salida anual organizada por el "Liadas Scooter Club".

Para rodar en este grupo no basta con tener dos ruedas y ganas de hacer kilómetros. La organización aplica un filtro estricto que exige motos de marchas en el puño y más de cuatro décadas de rodaje a sus espaldas. "Queremos conservar esa pureza. Pedimos que los que se inscriban tengan una moto donde al repostar haya que hacer la mezcla de aceite, ese humo blanco tan característico", explica Javier Pérez, presidente del club. Limitada a 90 participantes para regatear posibles averías en carretera, la jornada convocó a apasionados locales y a devotos llegados desde Galicia, Cantabria o puntos tan distantes como Motril.

La afición implica adaptar el cuerpo a otra noción del tiempo. Quienes viajan a lomos de una Vespa no buscan el camino más corto, sino el que ofrece mejores paisajes por carreteras secundarias. Miguel Ángel Domínguez, del Vespa Club Verín, recorrió casi 400 kilómetros junto a sus compañeros para sumarse al encuentro. "Cuando viajas en Vespa el concepto cambia totalmente. Buscamos carreteras secundarias y paisajes porque es otra manera diferente de viajar", señala Domínguez, quien heredó la pasión de su padre cuando este se jubiló y compró su primera unidad.

Ese componente afectivo explica en gran medida el auge de un movimiento que ha revitalizado garajes y trasteros en todo el norte peninsular. Javier Fernández, presidente del Club Vespa Occidente de Asturias, recuerda que casi cualquier familia tiene un vínculo histórico con estas motocicletas. "Todos teníamos un abuelo o un pariente que tenía una Vespa por casa. Ahora gente de entre 40 y 50 años empezamos a recuperarlas, a sacarlas de los trasteros", comenta Fernández. Para muchos, como en el caso de Raúl Antón, llegado de madrugada desde Ferrol en su Vespa 150 CL de 1982, la afición termina convirtiéndose en un pasaporte para recorrer Europa a baja velocidad.

Poner a punto estas viejas glorias exige paciencia y billetera. No es un capricho asequible, pero el sector vive un renacer gracias a la venta por internet desde distribuidores especializados, principalmente en Alemania, que permite localizar cualquier pieza con un clic. "No era fácil en aquellos tiempos encontrar a alguien que quisiera meterle mano porque no había repuestos como hay ahora. La moto estuvo tirada en un garaje muchos años hasta que das con alguien que tiene conocimientos, ganas y te la restaura. No es un vicio barato, pero lo que te da es más de lo que pones", confiesa Javier Pérez al recordar la resurrección de su primera montura.

Tras reponer fuerzas en Piedras Blancas, la comitiva puso rumbo hacia el interior de Asturias completando un itinerario de 75 kilómetros por el Alto de La Peral y Candamo hasta Grao antes de regresar al punto de partida. Entre miradas de complicidad y sonrisas de los vecinos a su paso, los moteros demostraron que estas viejas glorias del asfalto siguen generando un magnetismo que ninguna máquina moderna ha logrado replicar.

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