José Enrique Requejo, el artesano de Piedras Blancas que moldea el pasado minero de Asturias en miniatura
A sus 86 años, e impulsado por el amor a su tierra natal, el maquetista ultima los pasos para donar de forma altruista a la directora del Centro de Interpretación de Bustiello sus dos últimas obras: una representación de la misma infraestructura divulgativa y la iglesia del pueblo
EN IMÁGENES: José Enrique Requejo, el artesano de Piedras Blancas que moldea el pasado minero de Asturias en miniatura / Christian García
A sus 86 años, camino de los 87, José Enrique Requejo combate los achaques del cuerpo con la precisión del cúter y la paciencia del artesano. Natural de Santa Cruz de Mieres, en plena cuenca minera asturiana, vive hoy instalado en Piedras Blancas. Allí, las mañanas transcurren entre recados y cuidados de su mujer, María Amor López. Sin embargo, cuando dan las cinco de la tarde, Requejo se retira a una pequeña habitación para dar vida al cartón. Tras un marcapasos y cinco operaciones de rodilla, el maquetista encontró su particular refugio: reproducir a escala la memoria arquitectónica de su tierra natal.
La idea de maquetar el poblado minero de Bustiello no surgió por azar. De jovencillo estudió cerca de allí, en la escuela La Salle, donde aprendió el dibujo y el arte de la caligrafía. Aquella casa construida a finales del siglo XIX como chalé para la dirección minera —convertida hoy en centro de Interpretación— y la iglesia del poblado siempre le supusieron un desafío irresistible. "Tenía metido en la cabeza hacer bien este centro y sobre todo la iglesia, que era un reto que para mí era muy difícil. No soy un experto en marquetería. Hago lo que buenamente puedo", admite con modestia. Para documentarse y contrastar datos, cuenta además con el apoyo inestimable de su amigo Fernando Muñiz, a quien define como el gran historiador y memoria viva de la minería.
El proceso requiere tanta maña como disciplina. El maquetista adquiere en una imprenta local un cartón duro y liso de tres milímetros. A partir de ahí, la magia es cuestión de tiempo y minuciosidad. Compra tejas auténticas y ladrillos en miniatura por internet para pegarlos uno a uno, cala los ventanales con la cuchilla y recurre a fotografías de prensa impresas para reproducir con fidelidad la cartelería. Con la iglesia de Bustiello, levantada originalmente en 1894 tras un lustro de obras, el artesano se permite incluso un guiño personal: estampó en su maqueta el año 2026, la fecha exacta en la que logró dar por terminada su elaborada réplica.
Sin planos detallados ni aparatos de medición profesional, el artesano trabaja con una fórmula propia. "La escala es, como digo yo, a ojo de buen cubero", explica entre risas. Observa las imágenes reales y calcula las proporciones de memoria. Su maqueta del centro roza los 75 centímetros de largo por más de 40 de alto, una dimensión generosa donde ha intentado plasmar el edificio tal y como se conserva en la actualidad, resistiendo al desgaste del tiempo y las modificaciones históricas.
Su incursión seria en el arte del maquetismo comenzó bastante antes de la pandemia, impulsada por la reivindicación patrimonial. A raíz de la llamada de Audaz Acera, compañero de la infancia y promotor de la plataforma "Salvemos el sanatorio de Bustiello", Requejo construyó la réplica del primer hospital minero de España para visibilizar su paulatino deterioro. Tras exponerla en el hogar del pensionista Mina Dominica de Santa Cruz de Mieres junto a las maquetas de su casa natal y la de su esposa, la pieza llamó la atención de la directora del Centro de Interpretación, quien le propuso acogerla para exhibirla. Sin dudarlo, el artesano autorizó su traslado inmediato, por lo que la reproducción del sanatorio ya descansa en el museo.
Orgulloso de su legado, el maquetista ultima ahora los pasos para donar el resto de sus obras: la imponente iglesia de Bustiello y la réplica del propio centro. Lo hace sin pretensiones económicas, movido únicamente por la satisfacción personal de que los visitantes de toda España reconozcan la historia de la cuenca. "Es un orgullo que alguien, el día de mañana, pueda ver y reconocer que aquel señor que nació en Santa Cruz de Mieres hizo esta maqueta y la donó a este centro. Simplemente con el ánimo de dar el valor que se merece al patrimonio de las cuencas", reflexiona.
Lejos de guardar las herramientas, la agenda de Requejo sigue repleta. Por compromiso afectivo con sus vecinos, ya acaricia su próximo gran reto: replicar la iglesia de Santa Cruz de Mieres, su pueblo natal. En la recámara aguardan también las majestuosas oficinas históricas de la antigua Hullera Española. La salud le impone límites, pero sus 86 años no son freno para unas manos que siguen rescatando, pedazo a pedazo de cartón, la memoria viva de la mina.
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