03 de mayo de 2008
03.05.2008

«Ibérica Danza» celebra sus quince años en el teatro Palacio Valdés

La antología de espectáculos homenajea las danzas tradicionales, aunque con coreografías modernas

03.05.2008 | 02:00
Violeta Ruiz y Manuel Segovia, ayer, en la presentación de su espectáculo.

Saúl FERNÁNDEZ


Quince años sobre la escena es el tiempo necesario para la consolidación de propuestas escénicas arriesgadas. Esto es lo que entienden Manuel Segovia y Violeta Ruiz, los dos responsables últimos de la «Compañía Ibérica de Danza», que celebra su cumpleaños esta noche, a partir de las ocho y cuarto, sobre las tablas del teatro Palacio Valdés.


El espectáculo de los madrileños sustituye en el ciclo «Música en escena» a una «Giselle» inicialmente prevista, que bajo la dirección de María Giménez se iba a representar en Avilés. Pero la disolución de su productora llevó al traste estas intenciones primeras.


«Ibérica Danza» es la compañía residente en el teatro de Las Rozas, en Madrid, y, hasta la fecha, no habían actuado en Avilés. Esta noche, sin embargo, presentarán en Avilés un pequeño hit de sus más reconocidos pasos de baile. Once bailarines -«porque uno está lesionado», según reconoció Violeta Ruiz- y ocho músicos que interpretan cuarenta instrumentos -del bajo eléctrico a la sartén o los palillos- recogerán las esencias del folclore nacional que teñirán con los movimientos creados por Manuel Segovia. «Las raíces son tradicionales, pero con novedades aportadas por los números inventados por Manuel Segovia», dijo Violeta Ruiz. «Lo que conseguimos así es un folclore imaginado», añadió el coreógrafo de la compañía.


El espectáculo del aniversario reúne, según explicó Violeta Ruiz, «los montajes más llamativos o los que recibieron algunos premios». La compañía madrileña incluye en el espectáculo un acompañamiento audiovisual importante, aparte de una apuesta importante por el vestuario tradicional.

El coreógrafo madrileño Manuel Segovia explicó que las condiciones de los bailarines de «Ibérica Danza» «tienen que lucir registros de gran dinamismo»; es decir, el coreógrafo exige unos bailarines capaces de modificar los caracteres preestablecidos. «Quiero que sean capaces de pasar de la danza clásica a la más tradicional sin presentar ningún problema», afirmó.

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