02 de septiembre de 2008
02.09.2008
MÁS DOMINGO

Al santo, por la Ruta de los Romeros

La senda que une Piedras Blancas con San Adriano por el Camino Real de Castrillón es paso obligado para miles de devotos que acuden cada año a «pasar las cadenas»

02.09.2008 | 02:00

«Hace cuarenta años, los romeros que pasaban por aquí se contaban por decenas... Ahora, si pasan seis ya son muchos». Estas palabras suenan en el barrio de Las Vallinas. Las pronuncia un hombre ya de pelo cano, pantalón de pana y camisa a cuadros, que se afana en segar a guadaña una finca más bien empinada a la orilla del Camino Real de Castrillón. Antaño él también fue de romería a San Adriano. Entonces, inició su peregrinaje en el núcleo urbano de Piedras Blancas. Ahora, este itinerario tiene nombre: unos lo llaman la Ruta del Santo; otros, Ruta de los Romeros. En cualquier caso, el camino apenas supera los tres kilómetros.


Tras cruzar el centro de la capital castrillonense, la ruta se adentra en el paisaje rural, el de burros, carros y paneras con pegoyos interminables que resguardan las coladas del orbayo. El cuartel de la Guardia Civil, en la carretera a Santa María del Mar, es el punto de referencia. A la izquierda del edificio sale una desviación señalizada hacia Arancés y Las Vallinas, en continuo pero leve ascenso. El senderista debe tomar siempre el camino más ancho. El primer barrio que atraviesa la ruta es el de La Casería, un mirador a Piedras Blancas y a la vecina localidad de San Martín de Laspra. Por un camino marcado pero sin señalización la ruta continúa hacia Las Vallinas. A la altura de las últimas casas, un panel indica el PR (Pequeño Recorrido) hacia San Adriano por el Camino Real, próximo al que siguen los peregrinos a Santiago. A partir de entonces la ruta cuenta con señales blancas y amarillas y fechas complementarias pintadas en verde.


El sendero desciende considerablemente entre fincas y montes hasta el río Ferrería. Este último tramo sorprenderá al caminante por las sombras que modelan los eucaliptos, los robles y los castaños que jalonan el recorrido. Cuenta la leyenda que en este enclave, debido quizá a la proximidad de un antiguo molino y una enigmática fuente, se les aparecía a los romeros una xana, conocida por la mitología asturiana como el hada de los bosques. De ahí que es aconsejable hacer aquí un alto en el camino. El arroyo se puede cruzar bien por una pasarela de madera bien por unas piedras próximas a una caseta en ruinas y la senda continua, ahora en ascenso pronunciado, por un camino que en aproximadamente 600 metros alcanza el alto de San Adriano.


El templo, que data del siglo XII, carece de grandes atractivos arquitectónicos -salvo un escudo cisterciense de piedra- pero guarda la venerada imagen de San Adriano, un oficial romano enemigo de los cristianos que se convirtió al cristianismo y fue martirizado. Relatan que le arrancaron las carnes a pedazos, pero no la fe, por la que murió finalmente decapitado. La Iglesia conmemora el tránsito de este santo el día 8 de septiembre, día de la romería. En esta fecha, multitud de peregrinos realizan la Ruta del Santo con un objetivo: pasarse las cadenas.


Cuenta José Manuel González Gutiérrez, vecino de este núcleo perteneciente a Naveces, que es tradición entre aquellas personas aquejadas de enfermedades reumáticas que se restrieguen los eslabones plateados. No obstante, se desconoce si San Adrián o Adriano alguna vez obró milagros. «En general la gente viene hasta aquí a pedir salud, que no es poco», reconoce González. Dentro de ocho días se celebrará la gran cita y ya está casi todo preparado. Una cuadrilla de obreros acondiciona el entorno del templo, el Ayuntamiento tiene en marcha el programa de animación y la iglesia celebrará el sábado una misa para los impedidos y el domingo una misa.


«Me acuerdo cuando a San Adriano venían cientos de personas en burros con alforjas desde Soto u otros concejos próximos. Entonces no había cerveza y bebíamos vino o sidra... era una gran romería, aunque ahora tampoco es pequeña, cada año nos juntamos unas cuatro mil personas», explicó González. De San Adriano, los romeros que participen en la jira y aquellos que deseen realizar la excursión cualquier otro día del año -apta para bicicletas- pueden regresar a Piedras Blancas por el barrio de La Siega, que conduce hasta el arroyo de La Ferrería. Tras pasar la curva conocida como «La Revueltona» y por una pista, el senderista llega de nuevo a Las Vallinas. Piedras Blancas ya se ve a lo lejos.

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