15 de julio de 2009
15.07.2009

«Pensar que la esperanza de Europa es Obama significa un fracaso de la Unión»

«La aplicación de la ley de justicia universal convertía a España en el justiciero del mundo; yo abogo por fortalecer la legislación internacional»

15.07.2009 | 02:00
Paz Andrés, durante su conferencia de ayer en La Granda.

Catedrática de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales por la Universidad de Oviedo

Juan C. GALÁN

Paz Andrés Sáenz de Santa María es una de las voces más cualificadas del derecho asturiano. Desde su cátedra de la Universidad de Oviedo, trabaja día a día por evitar esa ambigüedad de la justicia, en ocasiones intrínsecamente injusta. Hace bandera de la defensa de las libertades de los menos favorecidos, el respeto de los derechos humanos. Paz Andrés codirige el curso «La Unión Europea en tiempos de crisis», cuyo programa intenta mostrar los retos de la Unión en tiempos revueltos, aunque no dramáticos. La catedrática aboga por que el derecho se convierta en un instrumento transformador de la sociedad, en un paraguas para todos aquellos que sufren en sus carnes la crudeza de la recesión económica, al tiempo que exige a los responsables de la Unión Europea una reacción que promueva la búsqueda de líderes en el propio territorio para evitar así la «Obamadependencia».


-¿Considera que con el sistema de listas en las sanciones del Consejo de Seguridad la Unión Europea es más segura?


-Es un avance, no cabe duda, sobre todo en cuanto al respeto de los derechos humanos. Antes, en caso de conflicto bélico o terrorismo internacional, se sancionaba a todo el país implicado, lo que suponía que se castigaba a gente inocente. El ejemplo paradigmático es Irak. La represión contra el pueblo iraquí levantó la indignación de muchas organizaciones no gubernamentales que exigían el levantamiento de las sanciones contra la población. El Consejo Europeo sopesó tal posibilidad y decidió instaurar el sistema selectivo de listas. Ahora, con la información que dan los gobiernos de cada país, el Consejo identifica a un grupo de personas al que se le considera responsable de algún delito internacional y se le sanciona.


-¿En qué consisten estas sanciones?


-Se les restringen los movimientos dentro de sus países de origen, o se les bloquean sus cuentas corrientes.


-Un escenario quizá más justo pero un tanto kafkiano.


-Kafkiano y, en cierta medida, contradictorio. Los estados proporcionan las listas con nombres, y el Consejo de Seguridad las gestiona. El problema es que, a veces, las personas que están incluidas en la lista ni siquiera se enteran de que lo están, con lo que no tienen mecanismos para defenderse, una situación que, desde el punto de vista de los derechos humanos, es indeseable. Lo ideal es el equilibrio: luchar contra el terrorismo internacional, pero observando el respeto de los derechos humanos.


-¿El sistema ideal sería una Policía federal europea, a semejanza de la que existe en Estados Unidos?


-Es totalmente inviable, un objetivo muy lejano.


-El Gobierno español ha restringido la ley de justicia universal, ¿un paso atrás?


-España y Bélgica eran los dos únicos países del mundo cuyos tribunales tenían jurisprudencia para juzgar a personas acusadas de crímenes contra la humanidad en cualquier lugar del planeta. Eso convertía a nuestro país en una esperanza para las víctimas. Sin embargo, un país no puede erigirse en el justiciero mundial. Yo abogo por perfeccionar la legislación internacional, fortalecer la justicia de cada país y no confiar en un solo Estado, como ocurría con España. No obstante, entiendo que la restricción a la ley de justicia universal en nuestro país haya supuesto una decepción para las víctimas.


-El epígrafe del curso que codirige es «La Unión Europea en tiempos de crisis», ¿podría la recesión resquebrajar las bases del proyecto?


-Tampoco hay que dramatizar. La Comunidad Económica Europea tiene más de 50 años de vida y crisis ha habido muchas, pero nunca ha dejado de avanzar. A base de tratados se ha mantenido el progreso del proyecto. Lo que sí es cierto es que las diferentes ampliaciones, sobre todo las últimas, han cambiado el escenario y han introducido una mayor complejidad en el día a día de la Unión.


-Tanto así que en la Unión se considera a Obama algo así como el salvador de Europa.


-Es un problema, sí. La cuestión es que en Europa, hoy día, no existen líderes de peso como fue el caso, por barrer para casa, de Felipe González. Ese desierto de liderazgo hace que el proceso de construcción de Europa se resienta. Soy de la opinión que a nuestros líderes hay que buscarlos en Europa, nunca fuera. Pensar que la esperanza de Europa es Obama significa un fracaso de la Unión Europea. La presencia del presidente de los Estados Unidos no nos exime de construir nuestros propios líderes.


-En ese sentido, ¿puede funcionar una máquina tan potente como la Unión Europea sin el combustible de una Constitución?


-En realidad, el proyecto de Constitución europea que se ha quedado en el dique seco no dejaba de ser un tratado. En gran medida, sus contenidos están recogidos en el Tratado de Lisboa. La única variación es la supresión de los símbolos, lo que no quiere decir que desaparezcan, tan sólo que no se citan. El Tratado de Lisboa proporciona los mismos instrumentos que una Constitución.

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