13 de mayo de 2010
13.05.2010
 

Chapa y pintura para el No-Do

La venta a particulares de las casas del poblado de pescadores anima el mercado de reformas y reparaciones, un alivio para la alicaída actividad de los albañiles

13.05.2010 | 02:00
Una vecina del No-Do tiende la ropa encima de sacos de escombro.

Francisco L. JIMÉNEZ
El asesor jurídico de la cofradía de pescadores de Avilés, Alfonso de la Guerra, comentaba hace unos días, medio en broma medio en serio, que la entidad había dado un estimable empujón al sector de la construcción en Avilés con su decisión de poner a la venta las 280 casas del No-Do. La lógica de tal afirmación es la siguiente: quienes compran las viviendas -se estima que ya han sido vendidas unas 70- se animan a arreglarlas, bien porque no están habitables o porque los nuevos dueños las quieren dotar de comodidades básicas. Unas comodidades que en el No-Do, un barrio construido hace más de cincuenta años con criterios que tenían poco en cuenta la confortabilidad, tienen que ver con cuestiones tan básicas como la calefacción, la red de agua o el aislamiento de tejados, puertas y ventanas.

Exageraciones al margen, lo cierto es que desde hace meses raro es el día que los albañiles no se hacen oir en el No-Do, en cuyas calles se apilan materiales de construcción y sacos de escombro. Una reforma aquí, una reparación allá, una familia que renueva los azulejos de la cocina u otra que amplía el baño dan como resultado que las «ñapas» estén a la orden del día en el poblado de pescadores.

Las empresas que se dedican a las actividades propias de la construcción ya se han dado cuenta del filón de negocio y tienen empapelado el barrio con carteles y pegatinas donde anuncian sus servicios, incluso con ofertas tentadoras: «Cambie sus ventanas y baño por 1.200 euros. De regalo, un circuito spá en el complejo Los Balagares», rezaba una publicidad distribuida hace días en el No-Do. Otra, más clásica, promete «obras con seriedad y garantía» para atraer clientela.

Carmen Santos, presidenta de la asociación vecinal del No-Do, se congratula por la «segunda juventud» que van a poder disfrutar los inmuebles reformados. Los presupuestos que se manejan, según estima esta vecina, son de los más variopinto: «En arreglar una casa de éstas te puedes gastar lo que quieras; rara es la que no tiene las ventanas destrozadas o problemas de humedad, de suelos, de cañerías y de tejado. Habrá quienes inviertan más en la obra que en lo que les costó comprar la casa a la Cofradía».

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