03 de agosto de 2010
03.08.2010

«Los asturianos de los Estados Unidos somos todavía un pueblo escondido»

«En Norteamérica no tenemos raíces y aquí, en unos pocos concejos de la comarca, todo el mundo es primo mío»

03.08.2010 | 02:00
Art Zoller Wagner «batea» con el roncón de su gaita en Bances Candamo.

Asturiano de Baltimore

Saúl FERNÁNDEZ


Los asturianos son como los bilbaínos del chiste: nacen donde quieren. El gaitero Art Zoller Wagner, en Baltimore, en Maryland.


-Eso está cerca de Washington.


-¿Pongo que es usted gaitero?


-Estudiante nada más. Con Pedro Pangua y Flavio. Antes fui pastor metodista durante seis años. Era un trabajo duro, tenía muchos jefes, todos los parroquianos... Luego me hice pintor. Durante muchísimos años. Tengo el título MFA, que en los Estados Unidos te capacita para dar clases prácticas de arte en las universidades... lo que pasa es que lo deben de tener muchas personas porque no trabajo de ello.


-Una vida laboral bastante singular.


-Es que en los Estados Unidos cambiamos de profesión con mucha frecuencia. En el año 2000, por ejemplo, empecé programando informática y haciendo páginas web. Ahora estoy pensando en meterme en la Universidad y estudiar para ser trabajador social, ¿se dice así?


-¿Servicios sociales?


-Sí, eso es.


-Entonces sí: trabajador social. ¿Por cierto, cómo se van a creer los lectores que usted, con ese nombre, es asturiano de pura cepa?


-Yo, al principio, me llamaba Arthur Wagner. Wagner es un apellido alemán. Me casé con JoAnne Zoller y pensamos que igual estaría bien combinar los apellidos. Vale, no es muy normal, pero era cosa de los años setenta, de la época hippy. De ahí que los dos seamos Zoller Wagner... Le voy a contar un secreto: pensamos en ponernos Berry, que significa «mora».


-¿Y eso por qué?


-Porque las moras nos gustaban mucho.


-Me han dicho que ya casi casi es español.


-Pienso que sí, que igual me conceden la nacionalidad por ser nieto de asturiano. ¿Y sabe cómo me llamaría?


-Sorpréndame.


-Art Wagner Fernández. ¡Por fin!


-Le hemos fotografiado en la calle de Bances Candamo, en el barrio de Sabugo.


-Mi «güelo» era Emilio Fernández Álvarez, que vivía aquí mismo. Era pintor y tenía dos hermanos: Adriano y Anselmo, el primero, escritor y el otro escultor.


-Una familia de artistas.


-No se crea. Mi bisabuelo era marinero y borracho.


-¿Y cómo llegaron a los Estados Unidos?


-Mi abuelo se casó con una chica del barrio de San Cristóbal. Se llamaba Aurora Menéndez y era hija de un gaitero. Me parece, no lo tengo comprobado, que se fueron para evitar el servicio militar. Según los datos que tengo, el mismo día que embarcaron para América se casaron, pero me parece raro. Era el 7 de enero de 1914. Mi tía me dice que el gaitero no estaba de acuerdo con el viaje. Imagino que porque sabía que no iba a volver a verla. Y no se equivocaba. Nunca regresaron. Se fueron a La Habana y en 1917 respondieron a la llamada de unos avilesinos. Les dijeron que se fueran a Annmoore, una ciudad del condado de Harrison, en el estado de Virginia Occidental, donde había una factoría de cinc. Por aquel entonces,había allí muchos asturianos, como dos mil. Sobre todo de Arnao, de la Real Compañía Asturiana. Los asturianos conformaron una red de apoyo muy importante.


-Estaría bien que se hermanasen Avilés y el condado de Harrison.


-Muchos de los que viven en Harrison piensan en ellos como asturianos, pero sus nietos no saben muy bien dónde está esta tierra. Por eso sacamos la página web www.asturianus.org.


-¿Por qué los norteamericanos buscan con tanto ímpetu sus raíces?


-Anoche (la del domingo) lo estaba hablando con mi prima. Le dije que cuando ella está aquí y quiere ver la casa de los «güelos» sólo tiene que bajar de San Cristóbal a Sabugo. En Norteamérica no tenemos raíces y aquí, en unos pocos concejos de la comarca, todo el mundo es primo mío.


-La página web ha creado una comunidad asturiana que estaba desperdigada.


-Tenemos alrededor de dos mil usuarios: no todos son igual de activos, pero todos leen los foros. Somos un pueblo que todavía no ha despertado el interés de la Universidad. Somos pocos y todos de clase obrera. Somos un pueblo escondido y lo que queremos es descubrirnos.

«Mi bisabuelo, el gaitero, no estaba de acuerdo con el viaje de su hija; imagino que creía que volvería»

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