10 de octubre de 2010
10.10.2010
Conclusiones del congreso sobre el albor del concejo
 

El Fuero que alumbró la villa de Avilés

l El encuentro internacional en torno al documento de 1155 constata la relevancia del texto que ratificó Alfonso VII «El Emperador»

10.10.2010 | 02:00

Saúl FERNÁNDEZ

Avilés, en la Edad Media, sólo era una aldea, según explicó esta semana el profesor Avelino Gutiérrez, «probablemente de pescadores», un núcleo que nació en el fondo de una ría, ajena a las invasiones ultramarinas. Los escasos yacimientos arqueológicos estudiados hasta la época hablan de un poblamiento de barro; apenas nada.


Pese a la escasa entidad de aquel primer Avilés, el rey Alfonso VI de Castilla decidió otorgar en 1085 un fuero a aquellos vecinos pioneros. En 1155 Alfonso VII «El Emperador», el nieto del monarca, confirmó aquel mismo documento legal que organizaba la cotidianidad avilesina. Aquella confirmación es la que dio carta de naturaleza a una aldea que por entonces se convirtió en villa y comenzó a gestionar un puerto abierto al mundo. La aldea, a partir de «El Emperador», se convirtió en un concejo, uno de los primeros del Arco Atlántico (la costa sur de la isla de Gran Bretaña, la costa oeste de Francia y Provenza y la costa norte de la península Ibérica).


El congreso internacional que sobre el Fuero de Avilés se ha desarrollado esta semana en el palacio de Valdecarzana ha servido, según comentó Román Antonio Álvarez, concejal de Cultura, «para dar el espaldarazo definitivo al documento y disipar cualquier sombra de duda sobre su autenticidad». Además se le ha fechado fehacientemente (1155) y se ha determinado el nombre de su escribano. El encuentro también ha corroborado no sólo el aparato legislativo que regía en el concejo, sino también el articulado fiscal que permitía a los primeros regidores de la villa cobrar tributos e imponer sanciones. Todo esto se ha interpretado como una estrategia política de Alfonso VII «El Emperador» que, como recordó Miguel Calleja, profesor de Paleografía de la Universidad de Oviedo, «reinaba sobre un territorio cada vez mayor cuyo dominio se hacía impracticable sin la colaboración de los concejos».


Calleja, en este sentido, explicó que el rey Alfonso VII es el creador de la administración real, de la burocracia funcionarial. El monarca sólo tenía en frente a los nobles, que rivalizaban con él en poder. «Supo muy pronto que debía buscar la alianza de las ciudades, de ahí que confirmara el fuero que había dictado su abuelo, no cabe ahora ninguna duda», apuntó el profesor de Paleografía.


¿Qué es un fuero? Otro profesor, Javier Alvarado, de la Universidad Nacional de Educación a Distancia, fue claro: un documento que ordenaba las relaciones en Avilés y que determinaba qué tributos cedía el monarca al concejo recién nacido. O sea, Alfonso VII en su empeño por contar con apoyos en los extremos de sus territorios, accedió a perder riqueza a cambio de la fidelidad de los concejos. «Y Avilés durante toda la Edad Media fue siempre una villa de realengo, es decir, del rey», explicó Calleja.


El compromiso de los primeros avilesinos con el monarca les permitió, como apuntó el profesor Avelino Gutiérrez, dejar atrás los años aldeanos y transformarse en villa. Gutiérrez adelantó al siglo XII la construcción de la muralla «porque antes no pudo haber dinero para levantarla, era una construcción muy cara». ¿De dónde vino el dinero? Del articulado del Fuero. «Las primeras edificaciones de piedra y argamasa son del siglo XIII, tenemos entonces un principio de ciudad», apuntó en su momento el profesor Gutiérrez.


Uno de los principales descubrimientos hechos públicos en el congreso es el nombre del escribano. Miguel Calleja ha determinado que el copista se llamaba Suarius (Suero), que era presbítero y que era natural del Alfoz de Avilés (demarcación medieval presidida por el castillo de Gauzón y que se extendía del actual Castrillón al actual Carreño). ¿Cómo se ha descubierto el nombre? «Gracias a la copia de Murcia del Fuero. En el que se conservaba en Avilés la parte de la firma estaba rota», comentó Calleja. La copia de Murcia fue presentada a finales del pasado año por la alcaldesa de Avilés, Pilar Varela, y por Román Antonio Álvarez. Fue adquirido a un coleccionista privado gracias a la colaboración de empresas privadas y del propio Ayuntamiento. El Principado no aportó nada para la compra de uno de los principales documentos de la historia de Asturias.


El descubrimiento del escribano ha permitido fechar sin ninguna duda el documento. Hay un Suarius que copió dos documentos que se conservan en el antiguo monasterio de San Vicente (actual San Pelayo). «El documento es de 1155, los otros dos son de 1154 y 1157. Son los que conocemos actualmente, pero habrá más», comentó Calleja. ¿Qué supone que el escribano sea del Alfoz y no de la cancillería del rey? «La corte en aquellos años era itinerante y este hecho nos hace suponer que el propio "Emperador" debió confirmar el fuero de su abuelo en el mismo Avilés», afirmó Calleja. Los escribanos solían formar parte de la corte.


El Fuero de Avilés, según adelantó Rafael Lapesa, está escrito en asturiano y en provenzal, «la lengua románica autóctona y el romance de prestigio en aquellos momentos», recordó Calleja, aludiendo a la ponencia de Xulio Viejo. Los profesores determinan, por tanto, que está escrito en asturiano y por un asturiano. «Las aportaciones provenzales se dirigen a parte de la población franca de Avilés, una ciudad, no quiero decir cosmopolita, pero sí relacionada con otras villas atlánticas», señaló Calleja. Gregoria Cavero, de la Universidad de León, explicó en su ponencia los cultos compartidos de San Nicolás de Bari en Avilés y en La Rochelle y Richard Britnell extiende las semejanzas al Sur de Inglaterra, donde nacieron entre 1100 y 1200 ciudades en los fondos de las rías. Cuando nació la villa de Avilés.

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