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Todas son Maripilis

Carme García Ribas, profesora de Comunicación, analiza el error en el que caen las mujeres trabajadoras: querer ser «superwoman» para acabar «superpringada»

Todas son Maripilis

Todas son Maripilis / mara villamuza

Amaya P. GIÓN

Maripili es una «superwoman» que busca la perfección en todas las facetas de su vida para ser querida. Maripili pretende convertirse en la profesional perfecta, la madre ejemplar, la pareja ideal, la más atractiva y con mejor estilo, pero el temor a no gustar condiciona cada faceta de su vida. El miedo al rechazo la convierte en una sumisa de los estereotipos de ayer y hoy y se siente culpable por el hecho de no alcanzar esa perfección global. Maripili, más allá de una mujer «socialmente perfecta», es en realidad una «superpringada». Y aunque tratan de rehuir el tópico, todas las mujeres son Maripilis.

Al menos así lo cree Carmen García Ribas, periodista y profesora de comunicación estratégica de la Universidad Pompeu Fabra. Según ella, el cien por cien de la población femenina sufre «El síndrome de Maripili», un apelativo que da nombre a uno de sus libros y uno de los obstáculos que encuentra la mujer para que su talento emerja en la sociedad constituida desde la identidad masculina. Ribas ofreció ayer una ponencia en Avilés en el marco de los actos organizados por la Concejalía de la Mujer con motivo del 8 de marzo en la que argumentó por qué dicho síndrome afecta al cien por cien de la población femenina y cómo su cura es fundamental para alcanzar el liderazgo.

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La experta apunta que las empresas que apuestan por personas capaces de gestionar sus miedos y emociones tienen un 15 por ciento más de beneficios que las que tienen Manolos y Maripilis. Y es que si ellas tienen su propio síndrome, otro tanto ocurre con ellos. Para García Ribas los hombres autoritarios y prepotentes responden al síndrome del Manolo, si bien en ellos la afección está menos extendida. «Las mujeres somos más de la mitad del talento del universo pero el miedo social al rechazo nos impide que éste aflore. Los hombres se caracterizan por el miedo al fracaso. Las mujeres, en cambio, hacen todo lo posible para no ser rechazadas, para ser queridas y esto se traduce en un sabotaje total a ellas mismas. Ellas sofocan su identidad, que es su talento, para evitar el rechazo», señaló García Ribas.

En base a esta misma teoría de las Maripilis, en las mujeres de hoy se dan dos impulsos contradictorios: la sumisión y la acción. «Si por miedo a que no te quieran eres sumisa, dócil, llegarán a abusar de ti, te encontrarás con un abuso de poder», señala la experta, siempre refiriéndose a estructuras de poder.

Todas son Maripilis

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García Ribas considera a los hombres unos aliados. «Se benefician de esta situación pero no son los causantes de ella. El miedo al rechazo ha condicionado a la mujer a lo largo de toda la Historia y es algo que se ha aportado a la cultura», señala. Lejos de que los antiguos estereotipos desaparezcan, la mujer ha asumido otros nuevos. A la responsabilidad en la esfera doméstica, que todavía está vigente, se suman los nuevos papeles de hoy: la profesional, activa e independiente. «Las expectativas que nos han vendido como logros son una cantidad de obligaciones horrorosa», añade la experta.

El mero hecho de intentar cumplir con todos esos objetivos se traduce, para colmo, en un sentimiento de culpabilidad; culpa por no ser perfecta en el trabajo, por no tener un cuerpo diez, por pasar poco tiempo con la familia, por no ser capaz de complacer a todos. La imposibilidad de alcanzar esa perfección absoluta llega a provocar tal desgaste que se traduce en la merma de la salud, además de en la pérdida de la propia identidad para adaptarse al modelo vigente.

¿Y cuál es la receta para curar el síndrome que impide a la mujer ejercer el liderazgo en la vida pública? Carmen García Ribas, que trabaja en impulsar la identidad femenina desde hace más de una década, receta «autorización». Este es, tomar conciencia de esa sumisión y reescribir el conocimiento desde la cultura femenina.

Como defiende la experta en base a numerosos estudios, «el mundo necesita el talento de la mujer». El Informe McKinsey Quaterly reclama la emergencia del talento femenino en las organizaciones no como una buena práctica, sino como un valor competitivo para crecer en competitividad e innovación. Un estudio realizado por la Cámara de Comercio de Barcelona refleja en su ámbito de actuación la pérdida de talento femenino es en un año de 1.000 millones de euros.

Ya lo decía Stuart Mill a mediados del XIX: «El talento, del tipo que sea, está hoy muy por debajo de la demanda. Hay tal deficiencia de personas competentes que el mundo no se puede permitir la pérdida de la mitad del talento que posee». Así que lo peor que puede suceder es que esa mitad acabe convertida en una Maripili.

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