La Granda,

Myriam MANCISIDOR

La construcción de Ensidesa a mediados del siglo pasado trajo pareja tres obras fundamentales para el desarrollo de la siderúrgica: los embalses de Trasona, San Andrés y La Granda. Actualmente el primero tiene uso lúdico-deportivo, el segundo aporta agua a Veriña y el tercero, el de Gozón, carece de aprovechamiento. De ahí que esta «bañera» que se ideó en 1955 para posibles emergencias de la «fabricona» se haya convertido, con el paso de los años, en un hábitat de lujo para la fauna. Un ejemplo: el somormujo lavanco crió por primera vez en Asturias en el embalse industrial de La Granda y de ahí se extendió por el resto de la región.

«El nivel del pantano siempre está a 28 metros, eso indica que apenas tiene uso. Por eso es un lugar muy importante para las aves acuáticas y para el bosque de ribera. Además tiene la peculiaridad de que tiene una isla, la única de los tres embalses industriales», explica César Álvarez Laó, de la Coordinadora Ecologista, que hace ahora nueve años colaboró con responsables de lo que hoy en día es Arcelor-Mittal para restaurar «la cola» del embalse. Entonces se colocaron isletas para que criaran las aves, se taló un eucaliptal, se hizo un paseo para avistar aves y se construyeron carteles informativos que no se llegaron a colocar.

«Se plantaron también unos 2.000 robles entre la cola del pantano y la residencia de La Granda, lo que hoy en día es el mayor bosque de especies autóctonas de Gozón», sentencia Álvarez Laó, que si bien aplaude aquella actuación es consciente de que el proyecto quedó a medias. «No se mantuvo la idea, pero aún se puede hacer ahora. Con un poco de promoción este sitio podría atraer a un montón de turistas porque aunque está rodeado de industria ofrece tranquilidad», precisa.

El embalse de La Granda, no obstante, ya tiene público fiel. Los pescadores, los primeros. «Aquí se pesca la trucha arcoíris. Lo que logramos en este sentido, para tranquilidad de las aves, es que el coto esté vedado para la pesca del 1 de marzo al 14 de julio», sentencia Álvarez Laó. Un club de remo también utiliza de vez en cuando las aguas del pantano para entrenar.

«El embalse en líneas generales está bien, pero se ha perdido mucho. En los años ochenta aquí se daba la mayor densidad de sapos atropellados, hasta quinientos en un kilómetro, y eso era debido al tráfico de coches por esta carretera. Los vehículos aún hoy siguen pasando, sobre todo por las noches», manifiesta el integrante de la Coordinadora Ecologista, que critica en alusión a la pesca la introducción del cangrejo rojo en aguas del pantano. «Por todo esto ahora lo único que queda es alguna rana de San Antón que sobrevive porque es más de prao», concluye Álvarez Laó, que espera que los responsables de Arcelor-Mittal recojan el testigo de sus antecesores y apuesten por la defensa del entorno natural del embalse industrial.

«Se trata de una inversión de bajo coste, ejecución sencilla y buena rentabilización social», subraya Álvarez Laó, poniendo así en valor el paisaje gozoniego de La Granda.