13 de septiembre de 2011
13.09.2011

Historia del cómic en femenino

Una mesa redonda con miembros de tres generaciones de autoras de viñetas abre las jornadas de este año

13.09.2011 | 02:00
Las autoras de cómic Nancy Peña, Melinda Gebbie y Noiry, ayer en la carpa de Álvarez Acebal.

Daniel BLANCO

«Tres mujeres, tres nacionalidades, tres generaciones y tres maneras de entender el cómic». Así presentó Ángel de la Calle -codirector de las Jornadas Internacionales del cómic «Villa de Avilés»-, la mesa redonda titulada «Cómic en femenino», en la que participaron -de mayor a menor-la estadounidense Melinda Gebbie, la francesa Nancy Peña y la asturiana Noiry. El tema era la evolución de las mujeres en un mundo tradicionalmente ligado a lo masculino y sirvió para inaugurar la edición de este año. La concejala de Juventud, Yolanda Alonso, también estuvo presente en el acto y se mostró «muy orgullosa de que estas mujeres estén presentes en Avilés, algo impensable hace 16 años cuando nació este singular festival».


Melinda Gebbie, creció en San Francisco (California), donde las tiras cómicas de la prensa le inspiraron para dedicarse a dibujar. Su madre era una figura dominante «similar a la Reina Roja de Alicia en el País de las Maravillas, que siempre me mandaba callar», recuerda la veterana dibujante. Gebbie formó parte del movimiento underground de los Estados Unidos alrededor de los años setenta. En la época, los hombres dominaban el mercado y «se cachondeaban de nosotras, nos decían que no sabíamos dibujar ni entendíamos de lo que hablábamos», explica la dibujante. «El movimiento underground no adquirió la fama que correspondía a todo el talento que tenían esos artistas porque había demasiada competitividad y poca humanidad», concluyó.


La siguiente generación es la de la francesa Nancy Peña, que pertenece al denominado mercado «franco-belga», el más importante de Europa y el tercero en el mundo. La autora de El Gato del Kimono practica un estilo refinado, una mirada europea hacia Oriente. Peña era gran aficionada a la lectura de novelas francesas del siglo XIX y heredó la afición al cómic de su padre, que era un gran coleccionista. «Siempre me gustó contar historias: sabía lo que quería escribir y qué medio quería utilizar», afirma esta licenciada en Bellas Artes que considera el cómic un «fantástico medio de expresión». Nancy Peña vivió la época de la feminización del cómic. «Aparecieron muchas editoriales independientes y eso favoreció la entrada de mujeres». Sin embargo, esta apertura también trajo aspectos negativos, según Peña, ya que el nivel de exigencia por parte de los editores se relajó, por lo que también descendió el nivel y el prestigio de los dibujantes.


La más joven de las tres es Noiry, una ovetense que dibuja manga, el estilo de cómic japonés. Su afición nació de los cómics de Asterix y Conan y de las series de dibujos niponas que empezaban a triunfar en España en los años noventa. Pronto empezó a dibujar, y gracias a internet conoció a muchos autores con los que compartía sus creaciones, que la animaban a continuar. El pasado 2010 salió a la luz su primera publicación. El futuro está aún por escribir, o por dibujar.

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