27 de septiembre de 2011
27.09.2011
 
El fumarel

La chapuza del saneamiento avilesino

Razones para desconfiar de la idoneidad de las soluciones aplicadas en Avilés para librarse de las aguas domésticas e industriales

27.09.2011 | 02:00

Una vez más nos anuncian la que parece definitiva inauguración del emisario submarino del sistema de depuración de Avilés, del que se lleva años anunciando su finalización pero que hasta ahora, por una muy mala planificación de obra, sigue sin acabar.


Este nuevo paso en el saneamiento de parte de las aguas residuales de la comarca no deja de ser un nuevo parche a un problema grave, que es alejar las aguas residuales en vez de tratarlas adecuadamente. Desde el Colectivo Ecologista de Avilés nos hemos manifestado en muchas ocasiones contra la política de emisarios submarinos para las aguas residuales, ya que el objetivo de estas canalizaciones es disminuir el vertido de las aguas de las depuradoras para que cumplan ciertas calidades al ser depuraciones incompletas.


Hemos de considerar que el mar se ha convertido en un gran vertedero de productos residuales de origen urbano e industrial. Hasta hace relativamente poco tiempo no se prestaba atención alguna al problema de la contaminación marina pues se confiaba en que la dispersión y difusión a las que se someten las aguas usadas al llegar al mar y la capacidad de auto depuración de éste bastaban para evitar posibles riesgos. Pero las exigencias higiénicas y sanitarias son cada vez mayores y hay evidencia de que esos contaminantes, aunque sean diluidos, van a afectar a la fauna y flora del mar. Se desconocen sus efectos a corto y medio plazo, por el efecto acumulativo de muchos contaminantes, pero ya hay numerosa literatura científica que reconoce que cuando se aportan numerosos vertidos de origen doméstico e industrial a una zona submarina genera la aparición (a veces masiva) de especies «oportunistas» que en condiciones normales, si bien están presentes, no pueden competir con las que habitualmente dominan en el ecosistema, y al estar mejor adaptadas a resistir las nuevas condiciones de «stress» proliferan rápidamente. Por lo general, el número de especies que reúnen estas características es bajo y por ello las nuevas comunidades que se instalan en los medios polucionados tienen una baja diversidad. Esto genera además un grave problema biológico de reducción de la biodiversidad.


Otro problema no menor es la escasa dilución de algunos contaminantes habituales, como los metales pesados, algunos muy tóxicos y que estan desgraciadamente muy presentes en las aguas residuales urbanas e industriales. Contaminantes como mercurio, cadmio, plomo, níquel y cobr, que tienen la característica de ser bioacumulativos en algunas especies de flora y fauna marina. Así se han encontrado en numerosos trabajos metales que están acumulados en los tejidos de los animales, en el talo de las algas o simplemente adheridos a su superficie externa. Esta contaminación puede generar un grave problema de intoxicación por consumo en la cadena trófica, donde al final estamos los humanos. No hay que olvidar que el vertido del emisario irá hacia el Cabu Peñes, donde hay caladeros de pesca, así como colonias de aves marinas.


Otro problema que no podemos desechar es la durabilidad de los emisarios. La experiencia que tenemos en Asturies es amplia, con una escasa durabilidad de estas importantes obras; al comprobar las existentes, vemos que las continuas obras de conservación tienen siempre un tiempo inferior al anunciado.


Al final hay una conclusión clara: la mejor solución para las aguas residuales urbanas o industriales como las que se van a verter al emisario pasa por depurarlas bien antes de verterlas; el resto es una chapuza ambiental, un riesgo biológico permanente en el que vamos a estar los vecinos.

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