26 de octubre de 2011
26.10.2011
La rucha

Por los siglos de los siglos

Por la serenidad y el eterno descanso de todos los que nos han dejado

26.10.2011 | 02:00

Que descanséis tanto como de aquí al cielo y en vuestra quietud de muerte aún existan campos donde siga goteando el rocío, fuentes que os provean del frescor del agua, árboles del pan, mañanas de luz y pájaros jóvenes, noches con estrellas y posibles sueños. Que escuchéis los pasos de la madrugada y los carruajes de nuestros recuerdos y la sensación de que estáis dormidos en suelo de casa. Y que aunque tengáis los ojos cerrados, para no mirar la tierra que os cubre, percibáis la bruma que, al rayar el día, esparce la paz por los cementerios.

No quede en vosotros desde que os fuisteis un mínimo efecto de pena o fatiga, de hastío o nostalgia. Que no hayáis sufrido, igual que nosotros, el dolor del tránsito ni la infinitud de tanta distancia ni el desolador momento del fin ni este cotidiano echaros de menos. Que en la cal arcaica de las sepulturas conozcáis los muros altos de la infancia y en las flores tiernas que estas fechas traen recibáis aromas de verano y huerto.

Que os sean leves los años cansados y las estaciones desesperanzadas y los meses húmedos y lentos de otoño y el granizo ingrato que arroja el invierno. Que no os hiera el éter que conforma el alma ni os punce el cirro en que sois inscritos ni duela el vacío como duele el cuerpo. Y que os sea lícito cambiar de postura ya sea en las urnas o, dentro, en la caja y notéis alivio sobre la ceniza o resurrección por entre los huesos.

Y que no esperéis nada que os genere turbación o ansias allá por lo efímero o allá por lo eterno. Que bajo las cruces y en torno a las lápidas sobrevuelen siempre voces conocidas, tactos muy queridos, horas afectuosas, miradas muy cálidas, crisantemos íntimos, murmullos domésticos. Que no falten nunca fragancia a claveles, suavidad de sábanas que os aminoren el sabor a iglesia, el dulzor de cirio, el eco a difunto, el ambiente a incienso.

Que descanséis siempre. Que nadie ni nada altere el silencio de vuestras estancias. Y que por los siglos de los siglos sea. Ya que ha sido así, que así siga siendo. Que nadie ni nada trastoque la muerte ni enturbie la calma. Que sería muy cruel ver cómo perdéis la salud de nuevo. Sería muy triste presentir que entráis otra vez en otra baldía batalla. Sería terrible ver cómo morís, cómo nos marcháis cada cierto tiempo.

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