16 de enero de 2012
16.01.2012
De la comarca al mundo
La misión científica española en la Antártida 

Misión en el continente helado

El brigada avilesino Adrián Antonio Petit es el único militar asturiano que este año participa en la XXV Campaña antártica

16.01.2012 | 01:00

Adrián Antonio Petit entró en 2012 en pleno verano austral, con la luz del sol cegándole los ojos y el suelo helado en Isla Decepción (Antártida) bajo sus pies. Petit es brigada especialista del área de mantenimiento del Ejército de Tierra y es el único militar asturiano que este año participa en la XXV Campaña antártica junto a diez profesionales de las Fuerzas Armadas. Trabaja y vive en la base «Gabriel de Castilla», un «pueblo militar» al que sólo unos privilegiados pueden acceder. El brigada Petit llevaba ya cuatro años solicitando como destino el continente de hielo y, después de participar en muchas misiones en Afganistán y Kosovo, al fin vio su sueño cumplido. «Ahora estoy viviendo un momento y una experiencia única a la edad apropiada», asegura Petit, de 43 años y con más de dos décadas de trabajo a sus espaldas en el Ejército.

El brigada avilesino dejó en Santander a dos hijas y se llevó sidra y una bandera de Asturias a este continente que de tanto en cuanto asusta con derretirse. Llegó a Ushuaia (Argentina) un 22 de noviembre y fue testigo del primer izado del estandarte nacional en la base militar antártica. Luego comenzó el trabajo en condiciones climatológicas extremas con temperaturas bajo cero que se acentúan debido a la sensación térmica por la velocidad del viento, principalmente.

Isla Decepción es un volcán cuyas erupciones en los años setenta destruyeron dos bases antárticas, una chilena y otra británica. Quienes visitan este enclave aseguran que Decepción impacta por su extraña belleza en blanco y negro, hielo y ceniza.

En este marco natural es donde el brigada avilesino Adrián Antonio Petit desarrolla su labor. La misión del Ejército de Tierra en este punto es proporcionar apoyo logístico a los estudios científicos en la base «Gabriel de Castilla», así como realizar proyectos de investigación y experimentación de interés para el Ejército en las áreas de transmisiones, medio ambiente, sanidad, bromatología (manipulación de alimentos) o vestuario y material de campamento. Como responsable de mantenimiento, Petit debe velar por que todo funcione a la perfección. Y no es fácil en una paisaje helado. «Cuando navegamos utilizamos ropa especial llamada "viking" porque una caída al agua puede ser catastrófica, los rescates deben hacerse antes de seis minutos», asegura Petit.

Los ojos también duelen en la Antártida. «La luz muy baja daña la vista y algunos materiales que escupe el volcán son como una lija, muy abrasivos», precisa Petit, que añade haciendo alusión al volcán: «Como está activo, se controla diariamente y hay un semáforo que nos da paso o no a la base».

El brigada avilesino lleva casi tres décadas fuera de casa y ya ha asimilado que, en su caso, es difícil medir los riesgos. «Estar en este tipo de sitios ya se ve como algo normal, aunque sé que si me lesiono no me podrían sacar mañana de Isla Decepción, que el problema sería evacuar», reconoce. Pero para sobrevivir a los momentos más duros ha recibido formación. Fue en los Pirineos meses antes de partir al polo Sur. En la base «Gabriel de Castilla» tienen, no obstante, médico y veterinario, así como un sistema de telemedicina que les permite contactar con profesionales en España para consultar posibles enfermedades. Los militares también deben estar en posesión del título de patrón de navegación y deben conocer al dedillo el Tratado Ártico.

«Aquí todo es más complicado y por eso debe estar muy bien organizado, la logística es fundamental. Toda la comida la envían de España, salvo los productos frescos, que llegan de Ushuaia. El pan se hace diariamente en la base y, francamente, comemos muy bien. Un menú, por ejemplo: cocido gallego y tarta de Santiago», manifiesta Petit, que se comunica con los suyos gracias al correo electrónico, videoconferencias y un teléfono satélite. Entonces los 13.000 kilómetros que le separan de sus seres queridos se acortan, pero cada vez que levanta el auricular debe mirar el reloj: en la zona de la Antártida en que se halla la diferencia horaria es de cuatro horas menos respecto a España.

Los militares se levantan a las ocho de la mañana y una hora después están en sus puestos. La concesión del premio «Príncipe de Asturias» de Cooperación Internacional en 2002 al Comité Científico para la investigación en la Antártida -en el que están representados 32 países- supuso para estos trabajadores un reconocimiento al conjunto de la investigación científica en este continente helado, el único libre de tensiones políticas y económicas y dedicado a la ciencia.

En el polo Sur los científicos realizan estudios relativos a la actividad sísmica de Isla Decepción y buscan respuestas a problemas del viejo continente como la curación del cáncer a través de las estrellas de mar. «Incluso hay gente que busca vida extraterrestre en la Antártida», asegura Petit.

Cuando el trabajo finaliza, los militares pueden disfrutar de tiempo libre. «La relación con los compañeros es estrecha y de amistad. Trabajamos en grupo y lo que prevalece en nuestra misión es el apoyo científico», sentencia el brigada avilesino, que asegura que el turismo ya está llegando al continente helado.

«Algunas personas que vienen hasta aquí se extrañan al ver la bandera española, pero nosotros abrimos la puerta de la base a todo el que se quiera acercar y muchos tienen la posibilidad de tomar un café con nosotros», dice. Las visitas, no obstante, aún son escasas. El relax de los militares es al otro lado de una ventana-mirador con vistas a un paisaje que se asemeja a un dibujo de carboncillo con la bahía de Isla Decepción siempre presente.

Petit aprovecha también sus minutos libres para entregarse a una de sus pasiones: la radioafición. Su indicativo: EA1CYK. «A través de este medio me pongo en contacto con mucha gente y hasta he vivido una experiencia curiosa», relata el brigada asturiano, que precisa: «Tenemos una campaña que se llama "Apadrina un pingüino", que no cuesta nada, y muchos amigos de la radio han apadrinado a estos animales con sus iniciales», destaca sorprendido este militar que ha entrado en el nuevo año recibiendo regalos, los de su «amigo invisible» de la base «Gabriel de Castilla». «De aquí la gente se marcha llorando; el lugar y nuestra misión son impresionantes», concluye. El brigada avilesino Adrián Antonio Petit regresará a casa, si todo sale según lo previsto, el próximo 6 de marzo. Casi en primavera. Pero en la Antártida el hielo permanecerá como lo ha hecho durante siglos.

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