14 de febrero de 2012
14.02.2012
 

Dos rivales y un destino

Las carreras políticas de Álvaro Álvarez (PSOE) y Joaquín Aréstegui (PP) han corrido en paralelo; ahora a ambos sus partidos les desbancan del Parlamento

14.02.2012 | 01:00
Dos rivales y un destino

Los líderes avilesinos de PSOE y PP, Álvaro Álvarez y Joaquín Aréstegui, comparten destino: llevan décadas de trayectoria política paralela, ambos fueron concejales en el Ayuntamiento y llegaron parejos después al Parlamento regional. Y ahora los dos han sido descabalgados de las listas autonómicas al mismo tiempo por sus partidos. Las casas socialista y popular han efectuado reformas profundas y los que fueron durante este último y breve mandato dos de los diputados más visibles salen de la candidatura. Tan identificados estaban como los «sheriff» de sus respectivos partidos en Avilés -con elevadas dosis de críticas en la calle- que su «jubilación parlamentaria» no ha dejado indiferente a nadie. Pero ellos tampoco se dan por amortizados y, a la vista de que sus vidas corren paralelas y mientras se refugian en los cuarteles de invierno de las direcciones locales de sus partidos, se desean mutuamente todo tipo de parabienes. No en vano, ambos mantienen una cordial relación que sobrepasa las diferencias ideológicas.


La sombra de Álvaro Álvarez en la política avilesina es alargada. Este leonés del pueblo de Canales llegó a la ciudad con 14 años. Prácticamente nada más concluir sus estudios de Bachillerato en el Carreño Miranda comenzó a ser una figura importante en el incipiente socialismo. En la primera Corporación democrática fue secretario del entonces alcalde, Manuel Ponga. Llegó incluso a concejal tras la marcha de uno de los ediles. Era «un chavalín muy joven, con mucho pelo y mucha ilusión, que jugaba muy bien al fútbol», le retrata uno de sus compañeros de aquella Corporación histórica. Consolidó como edil más adelante, de forma continuada desde el mes de abril de 1981 hasta julio de 1999. Fue responsable de las delegaciones de Personal y Hacienda, y en su último mandato también ejerció de teniente de alcalde y concejal de Urbanismo.


Precisamente en ese último mandato coincidió con Joaquín Aréstegui, quien alteró el orden de factores para lograr el mismo producto: primero controló el partido y después ejerció su labor como concejal (de Urbanismo, Festejos, Cultura, e incluso alcalde en funciones). El dirigente popular nació en Avilés, se licenció en Historia por la Universidad de Oviedo y después, con 22 años, se afilió al PP, donde empezó «pegando carteles» y todavía hoy sigue realizando labores de calle por el partido. Sus primeros cargos fueron en Nuevas Generaciones: secretario general de Avilés (1988-1989), presidente local (1989-1992) y vicesecretario regional (1990-1992). Dicen, quienes recuerdan el episodio, que hacerse con el control del partido en Avilés (1993) fue propio de un «western». Allí estaba un jovencísimo Aréstegui, casi un forastero, enfrentado a un congreso de prebostes con pedigrí, y se impuso a todos. Con su habilidad dialéctica, o a balazo limpio cuando fue necesario, ha conseguido perpetuar ese control hasta la actualidad, pese a los reiterados intentos de grupos críticos de ponerle la zancadilla.


Resulta curioso que quien fuera rival en un congreso acabaría primero sumándose a su proyecto y después compartiendo su vida. Así es como Aréstegui conoció a Carmen Vega, su esposa y madre de la pequeña Carmen. Y dicen sus colaboradores que la familia es lo que más valora este político avilesino, aunque por partida doble: la familia propia y la que constituye su partido. Esta segunda ha tenido en Aréstegui uno de los pilares fundamentales en las dos últimas décadas, siempre al lado de Ovidio Sánchez y con previsión incluso de convertirse en candidato a la Presidencia del Principado. En aquella ocasión le ganó la partida Isabel Pérez-Espinosa, y él se mantuvo a su lado. Ahora Mercedes Fernández ha decidido dedicarlo a otros menesteres.


En el bando socialista, el inicio de la «era Álvarez» llegó en el año 2004, cuando ya llevaba tiempo siendo diputado regional. Desde entonces no hubo quien le tosiera en Avilés, aunque también conoce el peso de la derrota en otras arenas. Álvaro Álvarez optó en el año 2000 a presidir la Federación Socialista Asturiana, en un momento en el que el PSOE vivía un período de crisis similar al actual, tras perder las elecciones nacionales de 1996 y 2000. Sin embargo, Javier Fernández, entonces consejero de Industria, tuvo el disparo más certero y cosechó 215 votos frente a los 194 de su rival.


El número 13 ha sido, en su caso, funesto. Ésos son los años que lleva Álvaro Álvarez ocupando un escaño en la Junta del Principado, un trabajo que, reconoce, le gusta. Y precisamente fue en estos últimos meses cuando más se le vio disfrutar, en primera línea de tiro y espoleando el caballo contra el consejero bisoño de turno. A Álvarez y Aréstegui debe el titular forista de Cultura, Emilio Marcos Vallaure, algunos de los peores momentos en el estrado, con el Centro Niemeyer de por medio. Con diferentes estilos, ambos han sido dos de los diputados de referencia en la sede ovetense. Más mediático Aréstegui, suyos son algunos de los titulares más mordaces de la prensa asturiana.


Aréstegui y Álvarez han logrado éxitos políticos internos para mantenerse en el poder de sus partidos, aunque los detractores les reprochan que nunca hayan sido candidatos a la Alcaldía. Ambos suman también una importante colección de amigos, allegados con intereses y enemigos. Entre estos últimos proliferan las críticas que los sitúan como profesionales de la política sin oficio ni beneficio, aunque esta afirmación requiere matices. Nada más acabar la carrera, Joaquín Aréstegui trabajó en la biblioteca de Piedras Blancas, en dos editoriales y en un negocio familiar. Y Álvaro Álvarez tiene un pasado como vendedor de seguros. Eso sí, ya llovió desde entonces. También se les adjudican conspiraciones compartidas para orientar los destinos de la ciudad y controlar lo que ocurre en el Ayuntamiento desde la sombra.


A Aréstegui le describen los suyos como exigente consigo mismo, perfeccionista «prusiano» y minucioso. Álvaro Álvarez, por su parte, no desdeña nunca un choque dialéctico, ya sea en el Parlamento o en una terraza de Sabugo. Ahora ambos tienen que abrir nuevas expectativas laborales. El resultado del 25-M dirá adónde apuntan sus revólveres.

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