22 de marzo de 2012
22.03.2012
Crítica / Música

Jornada vibrante de presentaciones

El prometedor violonchelista Ramón Bassal debutó en Avilés de la mano de Kati Sebestyen

22.03.2012 | 01:00
Los músicos de la «Sebastian Strings», durante su actuación en Avilés.

Temporada de la Sociedad Filarmónica Avilesina. Directora y concertino: Kati Sebestyen. Solista: Ramón Bassal (violonchelo). Programa: «Cuarteto de cuerda nº 11, en fa menor, "Serioso"», de Beethoven (versión para orquesta de cuerda); «Concierto nº 1 para violonchelo y orquesta de cuerda en Do mayor, Hob. VIIb: 1», de Haydn; «Serenata en mi mayor, Op. 22», de Dvorak.

Auditorio de la Casa de Cultura. Martes 20, a las 20.15 horas

La Sociedad Filarmónica Avilesina retomó su temporada de conciertos con la presentación de la orquesta de cuerda «Sebastian Strings», o más bien «Sebestyen Strings», ya que la formación recoge el apellido de su directora fundadora, Kati Sebestyen, heredera de la tradición de la cuerda checa. De este modo, el ensemble ofreció el martes en Avilés -y al día siguiente en Oviedo, en la entidad homóloga-, un concierto con versiones de gran calidad de obras «clásicas» del repertorio, destacando la uniformidad del conjunto en cuanto a los criterios de estilo, en la concepción de las obras. No obstante, como orquesta, se echó en falta en la actuación mayor empaste en las secciones de cuerda, aspecto perceptible ya en los primeros violines del «Allegro con brio», el primer movimiento del «Cuarteto de cuerda nº 11 en fa menor» de Beethoven, que se escuchó en versión para orquesta de cuerda, o más bien con las voces de la partitura original duplicadas.

En esta línea, de la versión del cuarteto de Beethoven destacaron el segundo movimiento, de espíritu dulce pero sin abandonar la tensión que le caracteriza, y el siguiente tiempo, de energía felizmente canalizada por el conjunto. El ensemble ofreció también la conocida «Serenata en mi mayor, Op. 22» de Dvorak, que se impuso en el programa. Así pues, el primer «Andate-Moderato» sonó especialmente equilibrado en las cuerdas, seguido por un «Tempo di valse» y un «Scherzo» de amplias sonoridades. Calidez y homogeneidad en el siguiente «Larghetto», para alcanzar el movimiento final, de gran fuerza y energía, tal y como imprimió, a lo largo del concierto, la directora-concertino.

El programa incluyó además el «Concierto nº 1 para violonchelo en Do mayor, Hob. VIIb: 1», de Haydn -no el «Hob.VIIb: 5», como aparecía en el programa-, que supuso la presentación de un joven solista, Ramón Bassal, hijo del conocido violonchelista Josep Bassal, quien en los últimos años dedica parte de su labor artística a la recuperación de la música barroca y clásica de la Península Ibérica para chelo.
Ramón Bassal, con tan sólo veintitrés años, apunta maneras y, ciertamente, la Filarmónica pretende seguirle la pista a partir de su debut en Avilés. Es un intérprete inquieto, vehemente, de sonido fresco y expresivo. El primer movimiento «Moderato», del concierto de Haydn, presentó interesantes matices, aunque todavía el solista -que finaliza sus estudios superiores en Portugal- ha de asentar cuestiones técnicas y de afinación. Destacó el «Adagio» con su lirismo reposado, seguido de un «Finale» contrastante de vértigo.

Como propina, Bassal interpretó una canción española compuesta por su padre. Hay que destacar, además, en el concierto de Haydn, el buen hacer de la orquesta de cuerda, que también ofreció propinas al público, centradas en Mozart y Janácek.

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