01 de diciembre de 2012
01.12.2012

Los técnicos hablan de «desastre contable» en el Niemeyer y de «gastos disparatados»

La Fundación considera ahora que las cuentas de 2010 no se aprobaron correctamente y recalca que muchas de las «graves irregularidades» están relacionadas con viajes

01.12.2012 | 01:00
La consejera de Cultura junto a la secretaria de la Fundación, Pino del Río, en el patronato del pasado lunes.

Amaya P. GIÓN

Satisfechos y escandalizados. Así salieron los concejales de la oposición de la reunión de trabajo que se celebró ayer por la mañana en el Ayuntamiento y en la que la actual secretaria de la Fundación del Centro Niemeyer, la abogada Pino del Río, y el economista que realizó las cuentas de 2011, Francisco Fernández Viesca, expusieron de forma técnica y detallada la información de la que disponen sobre la anterior gestión del complejo. Los dardos volvieron a ir dirigidos hacia el que fue hasta el pasado año director general de la entidad, Natalio Grueso (actual encargado de Artes Escénicas del Ayuntamiento de Madrid), y hacia el ex secretario, José Luis Rebollo. En el encuentro se habló de «desastre contable» y «oscurantismo» por parte de los anteriores gestores mientras la Alcaldesa -según participantes en el encuentro- subrayó que es «una víctima más» en este desaguisado. Los técnicos hablaros sin tapujos de «desastre contable» y de «gastos disparatados».

El ex secretario aclaró en una entrevista en exclusiva a LA NUEVA ESPAÑA que facturó en 2011 un total de 245.000 euros en 36 facturas. En la reunión de ayer, siempre según explicaron a este periódico algunos de sus participantes, se expuso que se produjo «un fraccionamiento de contrato». Natalio Grueso tenía poderes para hacer contrataciones de hasta unos 100.000 euros. En el caso de importes mayores, los contratos tenían que pasar por el Patronato. Nunca siguieron este cauce.

Rebollo fue también muy criticado por haber emprendido (ya en medio de la crisis con el anterior Gobierno regional) cinco procedimientos judiciales «irrelevantes» de forma unilateral en nombre de la Fundación y que «luego facturó de forma inadecuada a la entidad», siempre según la misma versión. Y otro tanto por haber suscrito un poder notarial por el que Grueso le autorizaba «a manejar el dinero de la entidad», trámite que según dijeron en la reunión no está registrado.

Pero la mayor preocupación de los actuales gestores son las «graves irregularidades» detectadas en las cuentas: anticipos a cuenta mal contabilizados (la mayoría, en viajes), y deslizamientos temporales en la contabilidad (sobre todo con un proveedor concreto, y también vinculada a los viajes). Se habló de «contabilidad creativa» (se contabilizaron gastos sin soportes, facturas sin origen justificado) y de cuentas de ejercicios anteriores. Según la normativa, las cuentas de una Fundación deben ser aprobadas en un patronato público. Y entre las funciones de esta entidad está la de reunirse al menos dos veces al año para cumplir con sus obligaciones concretas. Pero según las fuentes consultadas, «las cuentas de 2010 están hechas y aprobadas por un procedimiento escrito e insuficiente». Conclusión: están sin aprobar. Otras de las salvedades que detectó la auditoría tiene que ver con las provisiones por impuestos. La entidad tiene que pagar unos 350.000 euros en concepto de devolución de IVA de 2010, pese a que en las cuentas esa cantidad figura como ingreso. Además, siempre según trascendió en la reunión, los ex gestores no declararon este impuesto en ejercicios anteriores. La gestión contable anterior fue descrita sin tapujos de «auténtica chapuza». En números se traduce en unas pérdidas de 2,2 millones de euros, desvíos contables de un año a otro por valor de más de 461.000 euros, y facturas y facturas cuyo origen se intenta aún aclarar. En la reunión y como ya informó este periódico, se reconoció que Deloitte no pudo iniciar la auditoría hasta mediados de septiembre.

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