24 de marzo de 2013
24.03.2013

La pérdida de los tráficos de Ence impide a los puertos asturianos ganar 6 millones al año

l El transporte de pasta de papel previsto supondría ingresos en tasas y mano de obra de 3,5 millones de euros, y el de madera, de 2,5 de millones
l El presidente portuario de Avilés afirma que Ferrol arrebató el último barco maderero con «un juego de rebaja de costes inasumible»

24.03.2013 | 00:00
Obras de ampliación del puerto de Mirasol en Ribadeo realizadas en 2011 para acoger los tráficos de Ence.

La pérdida de los tráficos marítimos de la papelera Ence, con fábrica en Navia, en favor de los puertos gallegos de Ribadeo y Ferrol -asunto del que informó LA NUEVA ESPAÑA el pasado domingo- merma los ingresos de los muelles asturianos de Avilés y El Musel en unos seis millones de euros anuales, según los cálculos que hacen en medios empresariales consultados por este diario. La pérdida de actividad portuaria relacionada con el negocio de la celulosa (importación eventual de madera y exportación regular de pasta de papel) se traduce en menos ingresos por tasas para las autoridades portuarias, pero también sufrirán las economías de colectivos como los prácticos, los amarradores, las compañías consignatarias y los trabajadores de la estiba.


Estos son, a grandes rasgos, los números que se derivan del desvío de los tráficos de Ence a Galicia. En lo tocante a la pasta de papel y considerando que Ence exporta por mar 420.000 toneladas de su producción (otras 80.000 se destinan al mercado nacional y viajan por carretera o tren a los puntos de destino), los puertos asturianos dejan de ingresar 1.245.000 euros anuales en concepto de tasas (la T-1, que grava la utilización de los muelles por parte de los barcos, y la T-3, relacionada con la cantidad y tipo de mercancía movida). Así mismo, el colectivo de estiba (mano de obra y grúas) deja de percibir del orden de 2,1 millones de euros en salarios y tasas de utilización de maquinaria. Los ingresos que las firmas consignatarias dejan de obtener se pueden estimar en 150.000 euros y, del mismo modo, habría que añadir a la cuenta las cantidades que no ingresarán los prácticos (26.000 euros) y los amarradores (16.000 euros). En total, casi 3,5 millones de euros.


Estos cálculos están realizados para un movimiento anual de 420.000 toneladas de pasta de papel (Ence rozó el año pasado la exportación de 400.000 toneladas por el muelles ribadense de Miraflores) y la consideración -interesante desde el punto de vista de los ingresos portuarios- de que la empresa papelera suele usar buques pequeños que embarcan unas 4.000 toneladas y tienen como destino los puertos del Norte de Europa. La importancia del pequeño porte de los barcos estriba en el hecho de que la frecuencia de visita de los mismos es alta, lo cual redunda en unos mayores ingresos portuarios por atraque y ocupación de muelles.


Respecto al tráfico de madera, el cálculo de los ingresos que han perdido los puertos asturianos arroja una cifra de 2,5 millones de euros. Un barco cargado de madera como el recientemente desviado a Ferrol -el «Bianco Victoria Bulker»- pese a que su destino inicial era Avilés genera unos ingresos para el puerto donde atraca de 250.000 euros (tasas portuarias, pago de estibadores, servicio de remolcadores, consignatarios, prácticos y amarradores). Considerando que este buque traía a bordo 25.000 toneladas y que la previsión realizada en su día por el ex Presidente Álvarez Areces era la de que Ence movería cada año unas 300.000 toneladas de madera por los puertos asturianos, sólo hay que hacer una simple multiplicación para obtener una cifra aproximada de cuánto dinero supone el negocio portuario de la madera: los ya referidos 2,5 millones de euros.


Puede que los números presentes del tráfico de madera no sean tan optimistas como los que planteó en su día Vicente Álvarez Areces (300.000 toneladas anuales), pero tampoco se puede decir que resulten desdeñables: Ence solicitó recientemente al puerto de Ferrol una reserva de suelo de 5.000 metros cuadrados para abrir una terminal maderera con la previsión de un tráfico mínimo anual de 150.000 toneladas.


El presidente de la Autoridad Portuaria de Avilés, Santiago Rodríguez Vega, aseguró, en declaraciones a este periódico, estar «tan preocupado por el futuro de los tráficos de celulosa como por el resto de tráficos del puerto», pero apuntó cierto pesimismo sobre estas mercancías en particular dado el retraso que existe en las infraestructuras ferroviarias concebidas para facilitar las operaciones de Ence por los puertos asturianos y la última experiencia del barco maderero que descartó los muelles de Avilés en favor de los de Ferrol.


Al respecto de ese buque, Rodríguez Vega declaró lo siguiente: «Dos empresas consignatarias trataron de traer ese barco (se refiere al «Bianco Victoria Bulker») al puerto de Avilés y la misma Autoridad Portuaria trató de dar todas las facilidades, pero al final no pudo ser porque Ferrol planteó un juego de rebajas de costes en el que Avilés no está dispuesto a entrar».


Las «rebajas» de las que habla Rodríguez Vega no fueron otras, según puso saber este diario en medios laborales del puerto avilesino, que la contratación en Ferrol de una empresa estibadora (Ceferino Nogueira, S. A.) que literalmente «tiró» los precios de la mano de obra. «La normativa portuaria estipula que los trabajos de estiba y desestiba tienen que hacerlos los trabajadores cualificados y formados para esas tareas, cuestión que según tenemos entendido no se respetó en Ferrol con este último barco de madera. Trabajar con mano de obra contratada expresamente para despachar un barco abarata los precios, es verdad, pero también convierte al sector en una selva. Todo esto no es más que un reflejo de la feroz competencia que se ha desatado en el sector portuario», explicó Felipe Mendoza, responsable en Avilés del sindicato Coordinadora Estatal de Trabajadores del Mar, mayoritario en los puertos. Mendoza lamenta el rumbo de los acontecimientos y anticipa un escenario pesimista para el puerto de Avilés: «Quedar condenados a mover tan sólo tráficos cautivos (los que no se pueden llevar a otros puertos por dificultades logísticas)».

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