Dos hermanas frente a frente: una constelación y una iluminación. Andrómeda y Luz. Esta, en occidente. Y aquella a "ochocientos mil kilómetros de distancia". Y, en el medio, una video conferencia por Skype. "La realidad", la función que se vio el sábado en el club del Niemeyer -de estreno como espacio teatral-, une a estos dos personajes distanciados por el espacio, por el tiempo… y por la verdad. "La realidad" va de la verdad, de toda la verdad. De la verdad oculta, de los escondites de la memoria… "La realidad" es el anuncio de una tragedia, un diálogo entre la necesidad y el deseo. Luz, la hermana que está en la India, se muere. Lo ha anunciado y, en un delirio, propone a Andrómeda que la sustituya ante la madre. Son hermanas gemelas, pero las realidades exteriores parejas chocan con las realidades interiores desparejadas. Uno es el que es. Y es difícil fingir ser otro. Mattia Pascal, la criatura más preclara de cuantas ideó Luigi Pirandello, lo experimentó en sus propias carnes: cuando decidió dejar muerto a Pascal a cambio de dotar de aliento a Adriano Meis, su otro "yo", el "yo" jugador. Y es que "La realidad" no deja de ser eso: un juego. Un juego en el que Fernanda Orazi deslumbra y en el que Denise Despeyroux asombra. Y los espectadores despiden la función con aplausos y con aplausos. La Orazi salió a escena en cuatro ocasiones. Y hubiera podido salir una quinta. "La realidad" es el teatro del mañana.

Despeyroux tenía que haber escrito un monólogo (eso se lo había pedido Orazi, que había sido invitada a participar en el Fringe por los nuevos gestores de artes escénicas de Madrid: los antiguos del Niemeyer, por señalar). Pero le salió "La realidad", que es un diálogo singular: una hermana se presenta en vivo y en directo mientras que la otra se proyecta, toda ella píxeles, sobre el fondo de la escena. Una habla en el presente y la otra, en la distancia. El primer acierto. El segundo acierto es Orazi, que es portentosa. Y va de la comedia a la tragedia y regresa a la comedia con la naturalidad de una respiración. Descubrimos quién es Luz, la hermana digital, e intuimos qué le sucede a la disparatada Andrómeda. Despeyroux empuja a los espectadores a inmiscuirse en la relación que une a las dos hermanas y, cuando va a llegar el clímax, llega el oscuro. Y una cita de "Mujercitas": "Fue hacia la luz, la calidez y la paz del hogar, dejó entrar el amor y cerró la puerta tras de sí". Y el final termina de construirse en la calle, cuando el telón virtual ha caído y el espectador camina conmovido. Luz y Andrómeda son dos mujeres tristes. Una de ellas avanza diestramente hacia la ruptura de esa tristeza.