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"Era una pareja de contrastes, él huraño y ella muy afable", afirman los conocidos

Julio Pardo, repostero de cuarta generación, llevaba el protagonismo creativo del negocio y Ascensión Amores, el peso de la parte comercial

Julio Pardo, hace un mes, en el salón de los dulces navideños.

Julio Pardo, hace un mes, en el salón de los dulces navideños. IRMA COLLÍN

A ojos de sus conocidos y de la clientela de la pastelería La Duquesita, que regentaban en la céntrica calle avilesina de Fernández Balsera, el matrimonio formado por Ascensión Amores Porcel, de 46 años, y Julio Pardo Cimiano, de 45, estaba "lleno de contrastes". "Huraño, seco y poco hablante" él, según le describen, y "todo afabilidad" ella. El tándem profesional parecía funcionar a las mil maravillas de puertas adentro de la pastelería. Amores, conocida por todos como "Susi", despachaba los productos "con mucha gracia" y aseguran quienes la trataron que "tenía mucha mano para dedicarse al comercio". Pardo, por contra, apenas se dejaba ver en la parte pública de la tienda, su espacio estaba atrás, en el obrador, donde daba rienda suelta a su faceta creativa; de su maña repostera y de sus manos salieron en los últimos años dulces con nombre propio, como las "grapas" (por la Grapa que comunica el centro de la ciudad con el Niemeyer), los "san pelayos", o los "niemeyerinos", entre otros. Aparentaban ser, por así decirlo, las dos caras de la Luna, la luminosa y la oscura.

Los esbozos realizados ayer a vuelapluma por vecinos y clientes estupefactos al saber de la noticia de la muerte de Susi Amores a manos supuestamente de su cónyuge retratan a una pareja "normal, si acaso algo introvertidos", que "nunca dio que hablar". Y que mucho menos mostró evidencias de que, en el seno del hogar, se pudiera desencadenar una tragedia como la que ahora investiga la Policía. Los vecinos del matrimonio en el barrio del Carbayedo comentaban ayer que, quizás por sus horarios laborales, Susi Amores y Julio Porcel apenas tenían vida social. "El hombre, al parecer, dedicaba muchas horas últimamente al negocio, pues habían empezado a vender pan, además de pasteles y dulces, y eso le obligaba a madrugar", relató un vecino que reside cerca del matrimonio.

Pocas aficiones, si acaso el gusto por la fotografía de Susi Amores, trascendieron ayer de esta pareja, que era asidua a los salones profesionales de repostería que organiza la Unión de Comerciantes de Avilés (Ucayc) en colaboración con la mancomunidad de turismo: el "Sweet Llambión" y la feria de los dulces navideños. Julio Pardo, que es el vocal de la ejecutiva de la Ucayc responsable del gremio de confiterías, aprovechaba sus comparecencias en esos salones de lo dulce para presentar sus creaciones: la última, las "cocoas", una crema de avellanas con cacao en forma de media mazorca.

Las vena creativa de Julio Pardo le viene de casta, pues ya su padre, Antonio Pardo Barral, dejó muestras de su talante innovador dando forma y un inconfundible sabor a los populares "colasinos", un dulce que homenajea a San Nicolás, el patrono de la Villa. La tradición repostera de la familia Pardo aún hunde sus raíces mucho más profundamente en la historia, pues entronca con el difunto Antonio Pardo Rodríguez (premiado en multitud de certámenes nacionales) y con Julio Pardo Vilac (1887-1936), que tuvo obrador en Arriondas y despacho en Villamayor (Piloña). El matrimonio Pardo-Amores tomó las riendas del negocio familiar en 2006, coincidiendo con la jubilación del patriarca y le dio un giro de modernidad, pues incluso tenían servicio de venta por internet.

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