04 de diciembre de 2016
04.12.2016

Sabugo brinda por uno de sus bares más ilustres

Los hosteleros Alfredo Rodríguez y Rosabel Montiel celebran con una fiesta el primer cuarto de siglo del Moliendo Café

04.12.2016 | 02:03
Alfredo Rodríguez levanta la estatuilla imitación del "Oscar" que le regalaron por ser el "mejor barista", en compañía de su esposa, Rosabel Montiel, y la camarera Begoña Redondo, ambas con ramos de flores.

"Paseábamos por aquí mismo, por la calle Carreño Miranda. Vimos este local cerrado y lo decidimos sobre la marcha: teníamos que llamar y volver a abrirlo". Quien habla es Alfredo Rodríguez, quien junto a su esposa, Rosabel Montiel, son los que aquella tarde frigidísima de diciembre de hace veinticinco años se hicieron con el Moliendo Café, uno de los bares más antiguos de Sabugo; el Germán le gana en solera, pero eso no quita que el bar de Rodríguez y Montiel se haya convertido hace tiempo en una pieza clave incrustada en la memoria "de padres, hijos y también de nietos", cuenta Rodríguez.

"El otro día se me presentó un chico que me dijo que la primera vez que vino al bar no levantaba un palmo", cuenta. Los dos hosteleros y Begoña Redondo -que lleva 19 años trabajando con ellos- celebraron ayer de tarde su primer cuarto de siglo: sonó la música de "Cover Planet", un cortador de jamón no paró hasta dejar pelado el hueso de la pieza seleccionada para agasajar a la clientela y decenas de amigos de la casa se dejaron ver por el Moliendo para felicitar a los dueños y sumarse a la fiesta, que duró hasta bien tarde. "No hay palabras de agradecimiento para los clientes, ellos son nuestra razón de ser", subrayó Rodríguez.

Alfredo Rodríguez nació en Cangas del Narcea. De allí salió a la emigración: a Suiza. En 1974 regresó y entró a trabajar en Avilés en la empresa auxiliar Samoyco. "Estuve allí hasta que cerró", cuenta. Junto a su hermano abrió un bar en la plaza de Tejeiro de Oviedo. "Tenía dos hijos, pero ni los veía. Salía para Oviedo muy pronto y me quedaba hasta muy tarde. Cuando regresaba a casa, a Avilés, ya estaban dormidos. O sea que un día decidimos dar un giro a nuestras vidas y abrir un bar en Avilés; así, al menos, estaría más cerca de casa y podría ver más a la familia", cuenta Alfredo Rodríguez mientras prepara un café detrás de la barra, parte de su rutina diaria en los últimos 25 años. "Sigue todo igual que cuando lo abrimos: salvo las lunas del bar no cambiamos nada", reconoce. Y la verdad, ¿para qué hacer cambios? El Moliendo Café es una institución en Sabugo y sus propietarios, puras celebridades. Cuando algo funciona, mejor no tocarlo.

Los primeros años de la década de los noventa, según recuerda el hostelero, fueron de esplendor. "Sobre todo cuando empezó la peatonalización del barrio", confiesa. "Por la calle Carreño Miranda circulaban coches en los dos sentidos. En la acera sólo me cabían cuatro sillas? Todo cambió cuando empezó la movida de Sabugo", subraya. Hasta 2005 "fueron años muy buenos". Después hubo que resistir; y el Moliendo no salió mal parado, sus tres trabajadores no paran. Anoche tampoco lo hicieron: era la fiesta de cumpleaños, el momento de premiar 25 años de buen hacer hostelero y otros tantos de compromiso con el barrio.

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