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¡Martina no quiere deberes!

La niña avilesina que se niega a hacer las tareas escolares porque quiere estar en el parque con sus amigos

¡Martina no quiere deberes!

Queridos amigos, no puedo escribir ninguna línea sin antes dar las gracias a todos los que acudisteis a la presentación del cuento "Ratonchi salva la Navidad" en el Club LA NUEVA ESPAÑA de Avilés, en Valdecarzana. Fue increíble ver a tantos niños y niñas ilusionados por conocer más secretos sobre nuestro ratoncito. La cola para entrar daba vuelta al edificio y Ratonchi, escondido como siempre para que nadie lo vea, se quedó maravillado al encontrarse con tantísima gente. Gracias a vosotros los niños, papás y abuelitos que habéis acudido a la cita, Ratonchi está muy feliz.

Mientras, las brujas siguen tratando de hacerse con la ciudad de Avilés. Aún así, Peladilla, que escribe los cuentos cada miércoles, le contó una historia a Ratonchi para que pudiera relajarse un poco. El cuento comienza así...

Martina y Cristina son dos hermanas gemelas. Las dos tienen los mismos gustos y aficiones: comer macarrones, el color naranja, los animales, jugar al fútbol... Solo se diferencian en una cosa: Martina detesta hacer los deberes.

Las dos saben que si hacen cada día pronto sus tareas, podrán ir a jugar al parque que se encuentra frente a su casa.

Después de comer, Cristina abre su mochila, saca los libros y las pinturas de colores y se sienta en su mesa tranquilamente a hacer todos los ejercicios. Aunque a veces las Matemáticas le cuesten un poco, ella pone su empeño y resuelve pronto sus tareas. Sabe que, de esta forma, podrá ir a jugar al parque. Una vez que termina sus deberes se siente contenta y feliz. Ya ha cumplido por hoy, así que cierra los libros y va a coger su pelota para ir al parque a disfrutar con sus amigos.

Pero con Martina la historia es totalmente diferente. Al igual que su hermana, abre la mochila y saca sus libros, se sienta cómodamente, pero en lugar de empezar a hacer los deberes, la niña comienza a jugar y a entretenerse con la más mínima oportunidad. Le aburren los deberes. Le apetece mucho ir al parque, pero no quiere hacer antes las tareas escolares. Sus padres le recuerdan cada día que, si no las hace, no saldrá de casa, y mucho menos irá al parque. Lo primero son los deberes. Martina no soporta escuchar esto, ella solo quiere ir a jugar.

Después de escuchar varias veces las advertencias de sus papás, la pequeña comienza a oír las risas y voces de los niños jugando en el parque y la rabia se apodera de ella. En ese momento, al igual que todos los días, Martina comienza a llorar, a gritar y patalear con todas sus fuerzas para conseguir su objetivo. Los deberes no están hechos, así que sus padres dejan que llore el tiempo que necesite hasta que comprenda que con perretas y llantos no conseguirá absolutamente nada. Como siempre, entre lágrimas y protestas termina los deberes a última hora, cuando su hermana ya vuelve de retirada del parque.

-Si hubieras hecho los deberes pronto, te lo hubieses pasado de maravilla en el parque-, le repetía constantemente su hermana.

A diario, la escena se repetía y Martina se quedaba en casa llorando desconsoladamente, mientras que su hermana disfruta jugando con los demás niños en el parque. Pero un día, sus abuelos les habían regalado un balón nuevo, nada menos que ¡un balón de reglamento! Las hermanas estaban como locas de contentas, no podían pensar en otra cosa que no fuese ir a estrenarlo al parque, junto a sus amigos.

Ese día, Martina tenía que ir al parque como fuera, cuanto antes mejor para aprovechar al máximo la luz del día. Vio cómo su hermana comenzaba a hacer los deberes, así que pensó que lo más rápido para todos era hacerlos ella también. Sacó sus libros y el lápiz y concentrada como nunca, logró acabar sus tareas casi a la vez que su hermana.

¡Martina ha hecho genial los deberes! Decían todos en casa aquella tarde. La pequeña se sentía orgullosa, por fin nadie la reñía, no acababa llorando y lo más importante, podría ir al parque a estrenar el balón.

Desde entonces la niña comprendió que hay tiempo para todo si se sabe aprovechar y que de nada le servía enfadarse y armar tales perretas, pues lo único que conseguía era enfadar a sus padres y quedarse en casa. Martina aprendió una buena lección.

Nos os perdáis el próximo cuento, pues es una historia muy especial donde tendremos como protagonistas a unos ilustres invitados, que además son amigos de nuestro Ratonchi: los Reyes Magos.

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