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La Figura De La Semana | SITA MÉNDEZ | EXJUGADORA DE FÚTBOL Y PRESIDENTA DEL CLUB FEMENINO FEMIASTUR

De sentarse en la grada a la portería del Vicente Calderón

Firme defensora de la igualdad, la exguardameta avilesina quiere profesionalizar su club femenino "para demostrar que se puede"

De sentarse en la grada a la portería del Vicente Calderón

De sentarse en la grada a la portería del Vicente Calderón

Sita Méndez (Avilés, 18 de junio de 1966) tiene un objetivo claro en su vida, conseguir la igualdad en el fútbol. "Ya tocaría no tener que pelear por estas cosas, hace más de 30 años que empecé a jugar al fútbol y siempre ha sido una lucha", sentencia la ahora presidenta del Femiastur, club avilesino de fútbol femenino. Amó el balompié desde pequeña y uno de los momentos más felices de su vida fue verse bajo palos, porque ella fue guardameta, en la portería del Vicente Calderón, con la selección española. Otro, es ver a las jugadoras de la cantera del Femiastur, el club que preside, en el césped. "Es un orgullo contemplar lo felices que son", sostiene.

"Nací en la calle Narváez del barrio de La Luz, no en un hospital", afirma al hablar de sus orígenes. "Creo que el empuje para luchar por el fútbol femenino me nace de un trauma infantil", añade. Y es que, cuando era pequeña, Méndez practicaba este deporte en el prao donde ahora se ubica el centro de día de La Luz. "Me crié jugando con todos los chicos y llegamos a una edad en que los niños iban a jugar en su equipo federado y yo me tenía que quedar mirándoles desde fuera. Era angustia lo que sentía cuando no podía saltar al campo a jugar", recuerda. Después de ese sufrimiento, se reconcilió con su deporte al ir a buscarla uno de los pocos equipo femeninos que había en aquel entonces, el Racing Principado, de Oviedo. "Ese fue el momento en el que empecé a disfrutar y a vivir mi sueño", sentencia.

Con la llamada del Racing Principado comenzó su sueño, pero tampoco fue fácil. Una lesión en la rodilla derecha le hizo pasar por el quirófano y estar más de un año sin jugar. "Tal era mi pasión por jugar al fútbol, que es la misma que tienen ahora todas las jugadores, que conseguí volver a jugar contra el pronóstico de los médicos", relata. Fue después de esa lesión cuando la llamó la selección española, pero poco después le ocurrió lo mismo en la otra rodilla, aunque con una lesión algo más leve. Siguió jugando, aunque ya a otro ritmo. Tuvo que llegar la tercera lesión, una recaída, para que terminara de colgar los guantes.

A los despachos

Fue entonces cuando aprobó una oposición y empezó a trabajar. Estuvo unos años destinada fuera de Asturias y, cuando regresó, empezó su nueva cruzada. En la Federación Asturiana estuvo un año y creó la liga Regional, porque hasta entonces "se jugaban partidos entre Asturias, León y Cantabria". Y después de contar con un equipo femenino en el Carbayedo de José María Tejero, decidió crear su club soñado, el Femiastur, allá por 2002. "Nació para que las niñas avilesinas que quisieran jugar al fútbol pudieran hacerlo, pero ahora queremos dar un paso más. Queremos darles una calidad de entrenamientos, una profesionalidad, que las jugadoras dejen de ser niñas o chicas que juegan a fútbol y se conviertan en futbolistas. Hacerlo, si me ayudan y si hay apoyos, es la forma de demostrar que se puede, que el fútbol femenino es fútbol", explica. Y cuando cambia la conversación vuelve al mismo lugar: "Tengo que hablar del Femiastur, porque Sita no es nadie sin el Femiastur".

Por eso, le hierve la sangre cuando ve que discriminan al fútbol femenino. El primer equipo del club está en Segunda División y no puede acceder a la subvención del Principado. "Solo pido lo justo, no puedo con la injusticia, equipos en una categoría similar en otros deportes, la tienen", señala. También le duele ver cómo a otra portera asturiana, la alevín Carla Moolenaar, la acusan de ser un chico tras parar unos penaltis. "Lo malo es que es algo habitual. En una de muchas, oí a un padre decir que le había dicho a su hijo 'hoy jugáis con las chicas, no os pueden ganar'. Eso solo fomenta una guerra. Los chicos juegan contra nosotras como si fuera la final de Champions, por una especie de vergüenza de perder", remata. Y sueña con seguir avanzando.

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