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La directora de La Vallina deja la tiza

"Antes había más autoridad", afirma Cristina Alonso tras 35 años de docencia y al frente del colegio luanquín hasta el pasado agosto

Cristina Alonso, en el colegio La Vallina de Luanco.

Cristina Alonso, en el colegio La Vallina de Luanco. MARA VILLAMUZA

Cristina Alonso se acaba de jubilar después de 35 años de trabajo. La exdirectora del colegio de La Vallina dejó oficialmente su puesto el 27 de octubre, el día que cumplió 60 años. Pasó por varios centros asturianos hasta que consiguió la plaza de funcionaria en el colegio avilesino de Villalegre. Posteriormente, concursó para dar clase en Luanco y lo consiguió. Así pudo, durante muchos tiempo, dejar el coche en casa para ir caminando a la "escuela". Su escuela. Donde es querida y respetada.

La primera experiencia educativa de Alonso fue en la escuela hogar de Navelgas, en Tineo. Comenzó en septiembre de 1982, meses después del Mundial de fútbol de España. "Tenía que vivir allí, mi hija con tres meses y mi marido estaban en Luanco", señala la exprofesora, natural de Muros del Nalón y que, siendo una adolescente, se trasladó con su familia a Luanco. Lleva 42 años de residencia en la capital de Gozón.

"Navelgas estaba en el fin del mundo, no se me olvida. Aquellas carreteras que no son como las de ahora... Al principio me costó, pero de vez en cuando vamos allí a recordar. Todos los centros en los que estuve me dejaron su impronta", señala la docente jubilada, que, tras Navelgas, pasó a dar clase en El Entrego. En esa localidad impartió Inglés al último ciclo de la extinta EGB, a los alumnos de sexto, séptimo y octavo. "Luego di clases en el antiguo colegio de San Félix, que estaba donde el parque de Candás, en el de Valliniello, que ya está cerrado, y más tarde en Villalegre, donde pasé 14 años y dejé grandes amigos. Después, fue cuando vine definitivamente a Luanco", señala.

En 2001, la profesora consigue cumplir su deseo. Saca plaza definitiva, concursa para dar clase en La Vallina y lo alcanza. Se acabaron entonces los viajes en carretera que más de un susto le dieron. "En septiembre de 2001 se produjo el gran cambio. El claustro era un mundo, ya conocía a algunos compañeros y al equipo directivo. Aún así, me llevó un mes de adaptación", relata. "La educación era más recta que ahora, actuábamos con otra templanza, veíamos las cosas diferentes, había más autoridad, pero la sociedad cambia y las formas de enseñar también", apunta. "Ahora toleras algo más, desde los años ochenta, todo cambió mucho. Actualmente, los niños tienen de todo", añade.

Las nuevas tecnologías modificaron de raíz el sistema educativo. "Te adaptas sí o sí", remarca. Los libros pasaron a ser elementos de apoyo porque "los alumnos ya nacen con el ordenador bajo el brazo". "No me costó, me puse al día", señala. En 2009, José Antonio Cuevas dejó la dirección del centro tras varios años al frente. "Nadie quería dar el paso y él me animó. Presenté un proyecto y después fui la directora hasta el 31 de agosto de 2017", explica. Así se convirtió en la "dire". Ahora está en casa y se acuerda de los niños. Tiene nostalgia, pero está feliz de su nueva condición, ha cambiado sus hábitos y está orgullosa de haber hecho los deberes 35 años. Ahora, le toca disfrutar de su jubilación y quiere viajar en compañía de su marido, Juan Manuel Fernández, también profesor y docente del centro de Formación Profesional de Avilés, antigua Maestría, que también estrena jubilación. Su primer viaje será largo, a América.

Cuando echa la vista atrás, Alonso recuerda las excursiones con los alumnos a Galicia o Madrid, donde los pequeños vieron el musical del "Rey León" y se quedaron boquiabiertos. A esta enamorada de su profesión, siempre le gustó el trato directo con los alumnos, sus familias y sus compañeros, que le ayudaron a que su labor de directora fuera más sencilla. "Me jubilo con alegría, gratos recuerdos y agradecimientos a toda la comunidad educativa", concluye.

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