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Cervantes, un bálsamo para la tristeza

"El Quijote enseña a reír", afirma Rosa Navarro, comisaria de la exposición interactiva abierta ayer en el CMAE y basada en la obra del genial literato

Rosa Navarro junto a Paco Abril, caracterizado de época para la ocasión.

Rosa Navarro junto a Paco Abril, caracterizado de época para la ocasión. RICARDO SOLÍS

"Un autor se mantiene con vida gracias a sus personajes". La filóloga Rosa Navarro, comisaria de la recién inaugurada exposición sobre Cervantes en el Centro Municipal de Artes y Exposiciones (CMAE), habló ayer sobre la obra literaria del autor, al que definió como "el gran genio de la literatura española",

La filóloga asegura que Cervantes se le apareció por primera vez en sueños el 15 de agosto de 2004. "Desde entonces, hablamos casi todas las noches. Es un gran conversador", aseguró. Siguiendo los consejos de esas charlas, Navarro coordinó la elaboración de la muestra "16 personajes que maravillan... y Miguel de Cervantes", inaugurada ayer en el CMAE. La exposición, que se mantendrá abierta hasta el próximo 13 de enero, realiza un recorrido visual e interactivo -incluye juegos de espejos, máscaras con sonido y gafas tridimensionales- que explica la historia de 16 personajes destacados por la filóloga entre la "vastísima" obra cervantina.

En su ponencia, Navarro aseguró que Cervantes tenía "un gran sentido del humor y de creación fantasiosa". Su lectura, por tanto, es "una gran fuente de sabiduría" para cualquier lector. "En mis horas bajas elijo los capítulos del Quijote que sé que me hacen gracia. Es el mejor libro de autoayuda porque nos enseña a reír; es una medicina contra la tristeza que funciona siempre. Sólo el humor y la ironía nos pueden salvar", aseguró.

También aprovechó para reivindicar la lectura de los clásicos desde una edad temprana. Navarro, que es adaptadora de libros para niños, aseguró que entregar uno de estos libros "en crudo" a un estudiante hace que, al no comprender muchos términos, considere que el género clásico no le gusta. "Los niños que leen mi adaptación del Quijote se parten de risa. Debemos darles a los jóvenes nuestros mejores libros, los clásicos, en un lenguaje que puedan entender. De ellos depende que este género sobreviva. Un libro existe por sus lectores como un cuadro lo hace a través del ojo que lo mira", sentenció.

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