El exportero internacional, José Francisco Molina, que fue parte de la plantilla del histórico doblete del 96 del Atlético de Madrid, jugó 15 minutos como interior izquierdo en un encuentro amistoso de la selección española en Noruega, el 25 de abril del 96, tras la decisión del entonces seleccionador Javier Clemente. Esa atípica situación la vivió en sus carnes, el pasado domingo, Sheila Casasola, arquera del Femiastur, que entró desde el banquillo, con una mano lesionada, para jugar 20 minutos en la derrota de su equipo (5-1) en La Coruña, en la última jornada del grupo I de la Segunda División.

"Viajé con el equipo sólo para hacer banquillo", relata la futbolista de 23 años, que era consciente de su suplencia, por una lesión en la mano, que sufrió en su puesto de trabajo en un supermercado de la ciudad. "No podía jugar, pero como era el último partido tampoco me quería quedar en casa, así que viaje. A falta de 20 minutos, el entrenador se da la vuelta y me pregunta que si quiero salir", apunta la jugadora, que el año que viene no estará en el Femiastur. "Ya me he despedido y mi destino es un equipo de Segunda División", revela tras tres años en el club y tras haber vivido un duro descenso de categoría, en el que su equipo sólo ha obtenido tres victorias y un empate y ha encajado 117 goles en contra por los 24 anotados. "Hemos tenido demasiadas bajas. En muchas jornadas hemos tenido que jugar sin portera y así es imposible. Los otros equipos no son tontos y nos chutaban hasta desde el centro del campo", lamenta. De esos 20 minutos en el campo, Casasola guardará buenos recuerdos. "Estuve a punto de marcar. Me mandaron un balón al hueco y casi llego al mano a mano pero la otra portera se me adelantó. Era casi al final, estaba fundida", comenta. Y es que a pesar de jugar sólo 20 minutos, no es sencillo para una portera adaptarse a las dimensiones del terreno de juego. "Es complicado, porque estás acostumbrada a realizar un trabajo específico y sales a la cancha y las ves muy grande. Estaba todo el rato perdiendo la posición y corriendo como pollo sin cabeza para llegar a todas partes y echar una mano a mis compañeras", contesta mientras se ríe.

"Esta anécdota habla un poco de cómo ha sido nuestra temporada", incide la jugadora, que, por ejemplo, este verano tuvo que entrenarse por su cuenta en el Parque Ferrera por una incompatibilidad de horarios. "A primera hora estaba con Mario Herrera, el técnico de porteros. La gente se quedaba muy sorprendida porque encima no podíamos entrenar en el césped", especifica la futbolista que, según sus propias palabras, "se hizo mujer" vistiendo la camiseta del Oviedo.