13 de junio de 2018
13.06.2018

La ausencia de testigos deja en el alero el caso contra los dueños del Tentaciones

La Fiscalía sólo aporta las declaraciones de los inspectores de Trabajo y de los agentes que irrumpieron en el local de Castrillón, sin valor probatorio

13.06.2018 | 03:35
José Luis Lazcano, Yesenia Altagracia P. D. y el letrado José Ramón Nistal, camino de la Audiencia.

Los acusados de tener trabajando sin asegurar a 19 mujeres en un club de alterne de Vegarrozadas (Castrillón) negaron ayer la mayor en la sección segunda de la Audiencia Provincial de Asturias, en Oviedo. El Tentaciones no es un club de alterne, sino un bar normal y corriente, vinieron a decir. Las chicas que encontraron los inspectores de Trabajo y los agentes de la Guardia Civil y la Policía Nacional en el local en junio y agosto de 2016 eran simples clientas que estaban de fiesta. La administradora, Yesenia Altagracia P. D., aseguró que en el local solo había trabajadores asegurados, y efectivamente, habría dos o tres con los papeles en regla. El conocido empresario de la noche José Luis Lazcano negó que fuese él la persona con la que hablaban las chicas para entrar a trabajar alternando. Su hijo Alejandro añadió que no tenía nada que ver con el local.

Lo cierto es que tampoco importaba mucho, puesto que la Fiscalía no llamó a declarar a testigo alguno, salvo los inspectores Trabajo y los agentes, cuyo testimonio no tiene valor para probar las acusaciones, según sostenida jurisprudencia, incluidas las sentencias de la sección segunda de la Audiencia Provincial. La fiscal Adoración Peñín mantuvo aún así su petición de seis años de prisión para los acusados. Los letrados de los acusados, José Ramón Nistal y Pedro Luis Fanjul, reclamaron la libre absolución.

Los guardias, policías e inspectores fueron claros al describir el ambiente que encontraron en el Tentaciones. Todo apuntaba a que se trataba de un lupanar, no de un local de copas al uso. "Las chicas llevaban ropa sugerente, provocativa, no había que describir las líneas porque se describían solas", dijo un guardia. Otra agente del mismo cuerpo también fue clara: "Llevaban top, pantalón corto y tacones grandes, que yo siempre les pregunto cómo pueden llevarlos sin caerse". Y otra agente, más de lo mismo: "Era el tipo de ropa que no sugería nada, porque lo enseñaba todo. Yo no iría con esa ropa ni por la mañana, ni por la tarde, ni por la noche".

Las chicas fueron entrevistadas durante las dos inspecciones, que buscaban descubrir casos de trata de blancas. Solo en un caso los agentes llegaron a sospechar que la mujer ejercía la prostitución de manera obligada, una mujer de nacionalidad nigeriana. El resto, dominicanas, colombianas, admitieron que se prostituían de manera voluntaria. Explicaban que cobraban 56 euros por "pase", esto es, por cada servicio sexual, y 20 o 30 por copa que lograban que el cliente les pagase. Para trabajar, decían que habían hablado con José Luis Lazcano, que era el que les explicaba las condiciones. Durante una de las inspecciones, llegó una Volkswagen California, propiedad de Lazcano, con tres mujeres a bordo que se disponían a trabajar en el local. Las mujeres se cambiaban, dejaban la ropa en las taquillas y pasaban a la sala en paños menores para captar a los clientes. Los agentes explicaron que no había duda de que en aquel lugar se practicaba el alterne y había una relación laboral.

El letrado de Lazcano y Yesenia Altagracia P. D., José Ramón Nistal, indicó que, sin el testimonio de las mujeres, la declaración de los agentes y los inspectores no tenía valor probatorio alguno. Esgrimió algunas sentencias firmadas por la propia presidenta del tribunal, la magistrada Covadonga Vázquez, así como del Supremo. Si su corroboración ante testigos directos, como las propias mujeres u otros empleados -éstos sí, legales- del club, la declaración de los agentes no eran más que "simples referencias". Según añadió, a las chicas no se las llamó a declarar ni siquiera en la fase de instrucción del caso. Tampoco a los trabajadores "legales" del establecimiento.

Y tampoco se aportaron al proceso otros documentos, como los libros de cuentas, que quizá hubiese aportado algo de luz. Por no haber, no hay ni fotografías del establecimiento o de las mujeres que trabajaban en él. "No puede darse por acreditado que el local se dedicase a la prostitución", remachó.

El letrado de Alejandro Lazcano, Pedro Luis Fanjul, indicó que su cliente, sin antecedentes penales, propietario de dos pubs y una discoteca en Avilés, no tenía relación alguna con el club Tentaciones. "No sale en ninguna inspección, las chicas no le mencionan en ningún momento", recalcó.

José Luis Lazcano ya fue condenado a seis meses de prisión el año pasado por un delito contra los derechos de los trabajadores, precisamente por tener a mujeres trabajando en el mismo local sin asegurar.

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