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Fatima encontró la paz que ansiaba en Asturias

"Era angustioso mandar los niños al colegio y temer que murieran en una explosión o un tiroteo", relata la mujer siria que hoy pone voz en la Junta al drama de los refugiados

Fatima Aljawish, en su domicilio del barrio de Versalles.

Fatima Aljawish, en su domicilio del barrio de Versalles. RICARDO SOLÍS

Los deseos de Fatima Aljawish, refugiada siria en Asturias residente en Avilés desde hace dos años, se resumen en la palabra que mejor pronuncia en español, así sea a fuerza de implorarla: paz. "Lo que más deseo, y la razón por la que huí de mi país, es paz para que mis hijos crezcan sin peligro a que una bomba los mate, paz para se eduquen debidamente y el día de mañana sean personas de provecho", afirma esta mujer que hoy le pondrá voz al manifiesto que será leído en la Junta General del Principado a iniciativa de la ONG de ayuda a los migrantes ACCEM y con motivo de la celebración del Día mundial de las personas refugiadas.

Natural de Guta, el cinturón agrícola que rodea la ciudad de Damasco por el sur y el este, la vida acomodada de que disfrutaba esta mujer de 31 años se torció por culpa de la guerra iniciada en aquel país en 2011 de forma tan sorpresiva que ni los propios sirios la vieron venir y ninguno se explica el grado de enconamiento que ha alcanzado. "Primero buscamos tranquilidad en Damasco, pero la guerra también golpeó la capital. Era angustioso mandar los niños al colegio y temer que murieran en una explosión o un tiroteo... Las circunstancias era muy difíciles. Nadie, me imagino, quiere eso para sus hijos. La decisión de irme de Siria la tomé al poco de que mi hija, que entonces tenía 5 años, viese los cuerpos de niños masacrados en la calle. Desde ese día tuvo pesadillas horribles, sufrió mucha angustia y lloraba sin parar suplicando que ella no quería acabar así...", relata la refugiada a modo de introducción de su peripecia migrante.

Fatima Aljawish y sus tres hijos (el más pequeño un bebé de meses) cruzaron la frontera de Siria en 2014 y su primera escala fue Líbano, de donde les expulsaron a las 24 horas. Siguiente parada, Egipto, que también les dio 24 horas de plazo para seguir viaje. Argelia, donde unos familiares la acogieron ocho meses; Marruecos, donde una mafia fronteriza le pidió 1.100 euros para "cruzar" a su hijo a España; y Francia, nuevamente en casa de unos familiares, fueron las escalas de la refugiada antes de recalar en Madrid y ser beneficiaria de un programa de acogida de ACCEM. Por el camino se quedó sin sus ahorros y vendió todas las alhajas para "ir tirando".

"La gente de ACCEM me ha ayudado a aprender español, con abogados, con médicos, con los papeles, a prepararme para encontrar un trabajo... No hay palabras para decir lo muy agradecida que estoy", dice la refugiada sobre su proceso de integración en Avilés, donde sus hijos están escolarizados y ella tiene previsto empezar en breve unas prácticas como cocinera.

Fatima Aljawish mantiene el contacto con su familia por internet, ha convencido a sus padres para que pidan asilo en España y pese a sentirse bien acogida en Asturias echa de menos a los suyos y hay una tristeza perenne que le turba el gesto: "Me apena lo que pasa en mi país y la imposibilidad de regresar. Estoy contenta porque he encontrado la paz y la seguridad que quería para mis hijos, pero no puedo decir que sea feliz".

La Junta General del Principado acogerá el acto oficial conmemorativo en Asturias del Día mundial de las personas refugiadas a partir de las once de la mañana en el salón Europa del Parlamento. El presidente Pedro Sanjurjo y representantes de los grupos parlamentarios de la Cámara participarán en la presentación de los datos de acogida a personas refugiadas de Accem durante 2017. Posteriormente, se dará lectura al manifiesto conmemorativo de la jornada por parte de la ONG, cuya misión es la defensa de los derechos fundamentales, la atención y el acompañamiento a las personas que se encuentran en situación o riesgo de exclusión social.

En 2017, prácticamente se duplicaron las solicitudes de protección internacional en España con respecto al año anterior, hasta un total de 31.120, con Venezuela y Siria como principales fuentes de origen de esas demandas. Únicamente el 35 por ciento de las solicitudes resueltas, un total de 4.670, consiguió una resolución favorable, es decir, el reconocimiento de alguna figura de protección. Es decir, casos como los de Fatima Aljawish, la mujer que buscaba paz y la encontró en Asturias, son los menos.

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