08 de julio de 2018
08.07.2018
SOTO DEL BARCO

Consternación por la muerte de Maige Pulido, "la sonrisa de Soto"

Madre de la miembro de CISB Verónica Rodríguez y hermana de la hostelera Tere, falleció de forma repentina en un viaje en moto en Zamora

08.07.2018 | 01:46

"Se fue la sonrisa de Soto". Ésta no es otra que Maige Pulido Paíno. Así quisieron recordar ayer en Soto del Barco a una mujer muy popular, apreciada y querida, que murió de forma repentina el viernes cuando se dirigía a una concentración de motos en Zamora, una de sus pasiones. Al parecer, según allegados, en un momento del viaje paró con el grupo con el que iba y, literalmente, se desplomó y murió.

Maige Pulido tenía 48 años y actualmente trabajaba de conductora de camiones para una empresa de Avilés. Su muerte ha causado gran conmoción en su pueblo natal; la tristeza y la consternación son grandes. Y es que su pérdida será muy difícil de afrontar para sus vecinos y amigos, que son legión, y sobre todo para su familia, muy conocida en toda la redonda. Era madre de Verónica Rodríguez, de 30 años, que fue en las listas de la Candidatura Independiente Soto del Barco (CISB), partido que lidera el alcalde Jaime Menéndez Corrales. "Era su gran orgullo", destacan en Soto. "Siempre presumía de hija y juntas hacían de todo, salir, viajar, divertirse...". Fue su hija una de las encargadas de ir a Zamora para hacerse cargo del cuerpo y trasladarlo a Asturias: ayer tarde quedó instalada la capilla ardiente en Pravia; el funeral es hoy, a las 18.00 horas, en Soto.

Maige Pulido tenía cuatro hermanas. Una de ellas, Tere, es la dueña y cocinera de "El Mesonín de Tere", un conocido restaurante ubicado en La Carrilona, barrio de donde es la familia y donde Teresa y Joaquín (fallecido), sus padres, criaron a las cinco chicas. Todas estudiaron en Soto y, al tiempo, ayudaron en casa en la ganadería familiar.

Muy trabajadora, pura bondad, disfrutona, deportista, fuerte, adelantada a su época, entusiasta, amiga de sus amigos, amable y guapa a rabiar. Así se recuerda a Maige, que se ganó a pulso el apodo de "la sonrisa de Soto", pues rara era la vez no verla dibujada en su rostro. "Nada se le ponía por delante, sabía divertirse y contagiarlo a los demás". Soto llora su pérdida.

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